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martes 23 de junio de 2009

Irán y las calles estrechas

En Irán marchan contra el gobierno teocrático tramposo, la injusticia, contra el trato dado a las mujeres; marchan por la libertad.
En Colombia marchamos porque el gobierno nos convoca contra los grupos armados de izquierda, contra el secuestro y el 1 de mayo. Marchamos, armamos la grande pero con el aval del poder. Qué gracia.
De resto hay una apatía entre nosotros y eso que tenemos 3 millones de desplazados, un conflicto armado activo, con muchas ejecuciones extrajudiciales-¿Qué tal el eufemismo?- y un gobierno deslegitimado, por ejemplo, con muchos miembros del congreso encarcelados por vínculos con paramilitares y/o narcos, ministros y funcionarios practicantes comprobados de cohecho.
Ah, no quiero olvidar a la iglesia católica estúpida, con atribuciones desbordadas, perseguidora de la población LGBT y de la aprobación del aborto y los métodos anticonceptivos.

Este es un país laico. ¡Recuérdalo malparida e hijueputa iglesia católica!

Esto, por hacer la lista corta de las muchas razones por las que este "pueblo"-como dicen los políticos- podría alzar su voz de protesta. Pero acá el que piensa o dice estas cosas acaba mal. También puede ser que las razones no dan para motivar la acción o estamos embrujados o asustados de solo pensar en la posibilidad de ir contra el establecimiento.
Por ahí tengo una idea, cuyo origen he perdido: Bogotá tiene calles estrechas por no tener una historia constante de movimientos sociales.

Mientras, en Irán, en Venezuela, en España y en otros lugares marchan, rompen, cambian, tumban, logran y dicen por minúsculos hechos ante los ojos de un colombiano conformista y temeroso.

Acá-en Colombia- un referendo por el derecho al agua o por la cadena perpetua para violadores de niños, es antecedido en trámite, interés y lucha por un referendo reeleccionista presidencial.
¿Dónde queda eso de prima el bien general sobre el particular?

2 comentarios:

William Zapata M. dijo...

Ey, easy, easy, my friend

Angry Girl dijo...

Pienso que el colombiano tiene un serio problema con la autoridad.

El colombiano tiene una insana necesidad de autoridad, y de una mala autoridad.
Todo necesitamos que no lo digan, como hacerlo, que hacer, somos dependientes a que nos guien, nos orientes, poca voluntad tenemos para tomar desiciones propias por nuestra cuenta que tengan que ver cn nostros mismos y mucho menos con el bien general

Podria uno pensar que el colombiano es un ser dominado, manejado, manipulado, es su naturaleza.

 

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