Le voy a responder sus preguntas así:
El Viejo Calvo dejaba crecer su barba para compensar. Se había casado y desgraciado con Laganza Agasis para aparentar que todavía se le paraba. Dirigía una escuela donde iban a parar estudiantes en su último resort después de múltiples expulsiones. Allí podían fumar y hacer lo que fuera y obtener el diploma de secundaria sin mayores reparos. Él y su esposa eran los dueños de la estrechísima librería Arsmeter.
Antes de que llegaran las cadenas de librerías, las más lindas y de mejores robos para pobres lectores fueron las fundadas por inmigrantes judíos: HoldzBu, Nerler y Librería Netral. Las de menos lustre eran pocas, por ejemplo, la del Viejo Calvo y algunas infantiles.
Porque Ciudad Puntera era así: una sopa de letras, una enferma de letras; la capital del desastre y de aquel país con nombre alado. Fue el espacio donde se perdió un departamento, un Estado, mucho territorio en el Norte porque los mandatarios de turno escribían versos y estudiaban la lengua castellana mientras el mundo buscaba cómo unir dos océanos para mandar mercancías de un lado a otro.
Mucho antes de perder ésas tierras y también después, era mejor estar lejos, antes del desastre de la primera ciudad en irse al diablo, en puntear la nada.
El Viejo Calvo dejaba crecer su barba para compensar. Se había casado y desgraciado con Laganza Agasis para aparentar que todavía se le paraba. Dirigía una escuela donde iban a parar estudiantes en su último resort después de múltiples expulsiones. Allí podían fumar y hacer lo que fuera y obtener el diploma de secundaria sin mayores reparos. Él y su esposa eran los dueños de la estrechísima librería Arsmeter.
Antes de que llegaran las cadenas de librerías, las más lindas y de mejores robos para pobres lectores fueron las fundadas por inmigrantes judíos: HoldzBu, Nerler y Librería Netral. Las de menos lustre eran pocas, por ejemplo, la del Viejo Calvo y algunas infantiles.
Porque Ciudad Puntera era así: una sopa de letras, una enferma de letras; la capital del desastre y de aquel país con nombre alado. Fue el espacio donde se perdió un departamento, un Estado, mucho territorio en el Norte porque los mandatarios de turno escribían versos y estudiaban la lengua castellana mientras el mundo buscaba cómo unir dos océanos para mandar mercancías de un lado a otro.
Mucho antes de perder ésas tierras y también después, era mejor estar lejos, antes del desastre de la primera ciudad en irse al diablo, en puntear la nada.
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