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Reseña del libro ‘Razones para destruir una ciudad’, de Humberto Ballesteros. Editorial Alfaguara.


Por Juan Pablo Plata
De un viaje real de Humberto brotó la novela. Sirva el apunte para explicar que la recreación de Venecia, la ciudad real y la imaginaria de Natalia, la protagonista, fue ayudada por la presencia física en la ciudad y el conocimiento de la lengua italiana, además del afecto especial por la cultura de ese país, porque los antepasados del autor provienen de allá. Con todo, no la tuvo fácil con una obra en una segunda persona esquizoide, femenina, tierna y peligrosamente imaginativa. El peligro corre por cuenta de la lectura y  creación de literatura; dos de las formas más perversas y fáciles de evasión. La literatura, ya lo dijeron otros, es una droga durísima.
Es así que Natalia coincide con Humberto en la creación de un mundo alterno por medio de la ficción, pero ella le supera pues construye una maqueta de Venecia y muchos cuentos sobre sus habitantes. Ella ida acaba por figurarse reales sus invenciones. Hace todo aquello para guarecerse del mundo mientras destruye o ve desaparecer las posibilidades de conectarse con otros, amar y vivir de verdad tal vez.
¿Aleja la literatura de la vida? ¿No está insertada acaso la literatura en la vida misma y viceversa? ¿No son la muerte y dormir –posible práctica de lo que será la primera– las únicas evasiones posibles de la realidad y lo demás son cuentos?
Esta novela se puede leer en clave autorreflexiva sobre el oficio de escribir, dibujar, etc., pero también sobre la sorpresa de estar vivos y tener el poder de hacer y destruir en libertad. Llevando a la cima el aserto, hay que decir que Razones para destruir una ciudad es entre otras cosas epistemología sobre la creación de realidades y ficciones – ¿No se convierten las segundas en las primeras? ¿Se cumplen a ratos nuestros sueños y pesadillas? ¿Habita la realidad nuestras mentes o es al revés? ¿Cuál genera la otra?
Todo es muy sugerente hacia grandes pensamientos en una novela que desde la superficie parece vérselas solo con una saga familiar centrada sobre todo en las mujeres. La cubierta e ilustraciones monocromas interiores hechas por José Antonio Suárez Londoño acompañan muy bien la novela. Es un libro con una estructura y un uso del lenguaje de filigrana demasiado entretenido y enganchador. Gracias Humberto por mentir la realidad.

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