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De música pesada

Por Juan Pablo Plata

-Para que lo busque a uno la INTERPOL hay que ser un cabrón, un hijueputa, una caspa –dijo el vocalista.

-Ni tanto. Ahora todos intercambiamos música y libros por internet, entonces era pen pal, amigo por cartas y envíos por correo. Él pirateó mucha música, prensó mucho, mucho e hizo la revista esa y rumoran fundó sucursal de la iglesia satánica.

-Si era marica y se suicidó, no me importa. Me quedo con la música de las bandas en que tocó batería- dijo Chava con suficiencia.

-Eso, te voy a poner una canción de entonces...de Masacre, puro Death-susurró el cantante y alzó una mano con el puño cerrado.

Coco y Chava oían en los noventa Los piratas del aire 88.3 FM, única emisora roquera e ilegal en la aburrición de ese pueblo. La transmisión fue interrumpida varias veces por la policía, después ya se aburrieron y no volvieron a molestar. Ambos preferían, sobre cualquier género literario, las novelas con epígrafes de rock y creían en las coincidencias, en las señales de otro mundo cuando el tema del epígrafe coincidía con la frase de la canción en el radio. Del roquero no volvimos a hablar cuando Chava entró en verdadero terror. La desolación procurada por Chava cuando repetían la anécdota en las conversaciones era la misma en que había muerto el músico en una casa de bahareque en Antioquia. Supieron de su muerte por la hedentina de su cuerpo. Su muerte tuvo la soledad de la singladura de un corredor de maratón, aunque más rara, por lo del listado de INTERPOL con su nombre y las fotos en una circular. Antes de dejar el tema atrás para siempre un viernes de mayo le dijo Coco a Chava, su novia: “El rumor de la fuga, así sea rumor, está bien construido. Se cortó el pelo, se quitó los aretes y se borró los tatuajes, antes de partir a dar clases de inglés y / o música a la Guajira o donde menos lo buscarían: en la propia Antioquia. Se encubrió”. En ese momento, ella le mostró un artículo de una edición pasada de revista Semana en que una ex-agregada cultural colombiana en México se citaba como cómplice de un espía norteamericano doble, de los rusos y los gringos: un traidor a la patria. ¿Un tráfuga y otro tráfuga cuántos dan? Ninguno si ambos se van.

Chava quedó embarazada en 2006. Las pesadillas más recurrentes durante los primeros meses de preñez tenían a un roquero paisa muerto en una casa de bahareque que perseguía la INTERPOL. Ella pensaba que quitar de la memoria hechos atractivos y placenteros era una misión de años. La nostalgia es el sudor viejo de la locura amorosa y placentera como sangrienta y odiosa. Pero ella no lo sabía.

-¿Mauricio “Bull Metal” Montoya tocaba una batería Ludwig?-preguntó Chava al padre de su hijo. 

-Yo creo que sí, él era de familia de plata-respondió Coco.

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