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Parafraseo de la cronista Magali Tercero


Por Juan Pablo Plata

A continuación recuento y parafraseo de la presentación del libro Cuando llegaron los bárbaros de Magali Tercero en El Paso, Texas en abril de 2012. Una cronista vasta y aguda, que recomiendo mucho a quien se esté formando como periodista y a quien le interese la escritura sobre arte o el candente tema de la violencia en México, el viejo conflicto en Latinoamérica por tierras y la no ficción con profundidad.
Dijo Magali haber pasado tres años investigando y escribiendo el libro Cuando llegaron los bárbaros. Considera esta, su más reciente publicación, un epítome y anuncio de la situación de violencia generalizada en México, no sólo causada por el narcotráfico, sino por la inequidad social y la tenencia de tierras. Se definió como cronista antes que una periodista de fuentes  y declaró que la nota roja se ha convertido ahora en la fuente política en los medios en México.
El detonante del libro fue la crónica Culiacán, el lugar equivocado  (sobre el lugar común de estar en el lugar y en el momento equivocado para ser una inocente víctima de un acto violento) escrita por encargo para la revista mexicana Letras Libres. Sus inicios, dice, se dieron con la escritura de la crónica Una noche de putas para la revista Milenio, cuando fue con el equipo del mismo medio a pasar una noche completa con tres prostitutas que atendían a funcionarios políticos de corte medio en México D.F. Ella aborda microcosmos cotidianos con profundidad, prefiere el periodismo reposado frente al de la inmediatez en una rotativa.
Para escribir sobre Sinaloa y su capital Culiacán fue a las ciudades más emblemáticas y afectadas por la violencia mexicana en la actualidad como Los Mochis, Badiraguato, Mazatlán y Navolato. Su difunta madre nació en Culiacán, así que ir a trabajar allá fue volver a las raíces. Un lugar del que su madre partió, siendo una niña, rumbo al D.F. con un padre asesinado a cuestas, su madre y sus hermanas. El asesinato estuvo a cargo de los Gomeros, es decir, los cultivadores de amapola de la década de 1940 y motivado por asuntos sobre la tenencia de la tierra. Una secuela de los conflictos de décadas pasadas durante la época de Lázaro Cárdenas, que todavía persiste y se suma como otra de las causas de la violencia actual: el problema de la propiedad de las tierras. Dice Magali que su madre habló con un general sobreviviente de esos años quien le confesó una guerra civil entre 1920 y 1940 en la zona con más tres mil muertos. Hechos no inventariados en la historia oficial. Una guerra entre campesinos y terratenientes con ejércitos paramilitares. El material que Magali Tercero recopiló para el reportaje inicial de Culiacán, más de sesenta entrevistas y la evidencia del efecto del asesinato de su abuelo pasadas dos generaciones en su familia y la conciencia del deber, la llevaron a hacer el libro.  Le parece bien raro que se ataque la violencia en México sin atacar el lavado de dinero proveniente de las drogas. Dijo haber encontrado en Sinaloa a una sociedad que en sus tres comidas hablaba de los convulsionados hechos violentos locales. Recordó el día 10 mayo de 2008 cuando la ciudad de Culiacán estuvo desolada por la intervención militar. Hecho que suspendió tiempo después la celebración del día de la madre en la zona para guardar el duelo por lo acaecido ese año.
También habló de las esperanzas y decepciones generadas por el político, Mario López Valdez, Malova, cuyas acciones contra el narco no han ido más allá de la prohibición de los narcocorridos en emisoras y establecimientos públicos.
Dice que junto a Luis Astorga, detesta la palabra narco, porque banaliza la gravedad de la violencia, la injusticia y la pobreza detrás del fenómeno y que además causa unos efectos aspiracionales y de apología de la vida del narco entre los ciudadanos: “Prefiero vivir muy poco, pero vivir bien.´´ Hizo referencia al excéntrico cementerio – de Narcos- de Jardines de Humaya, con tumbas con aire acondicionado, tiovivos, mármol, salas de baile, entre otros.  Dijo haber vivido un Badiraguato bucólico, donde percibió la alegría de la gente de la sierra sinaloense, lejos del estigma de una zona llena de calaveras, armas y violencia, sin escamotear que vio los cultivos de marihuana y de amapola y mucha opulencia y pobreza conviviendo, la cual ejemplificó con el pedido de una campesina nonagenaria que le envía un mensaje al gobierno en que le pide herramientas y ayuda para dejar de cultivar drogas. A su vez, dijo haber visto a una buchona -mujer narco o novia de narco- muy enjoyada y trajeada para ostentar su condición en un supermercado.
Eso y mucho más en el más reciente libro de Magali Tercero.

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