lunes, 22 de mayo de 2017

5 novelas clave de la literatura Colombiana


Por Juan Pablo Plata
La vorágine (Caucho) de José Eustasio Rivera (De los tres, el único que todavía no sale en un billete en Colombia), María (Azúcar) de Jorge Isaacs y Cien años de soledad (Banano) de Gabriel García Márquez. Tres novelas que como dice Erna von der Walde (En ensayo Cien años de soledad, historia en fábula) citando a Fernando Coronil dan cuenta del monocultivo, la extracción industrial de materias primas y la historia de Colombia más allá de las aparentes tramas o interpretaciones más llanas de las tres novelas. Cito a Erna:
``Quiero comenzar esta breve reflexión sobre Cien años de soledad (1967), la obra cumbre de Gabriel García Márquez, haciendo referencia a una observación de Fernando Coronil acerca de “la representación cultural de las identidades colectivas” en los países que conforman la “periferia del sistema capitalista, las así́ llamadas repúblicas bananeras, naciones petroleras, islas azucareras”: “La historia de estas antiguas colonias suele ser narrada como la historia de sus principales productos de exportación. [...] Este tipo de identificación entre nación y mercancía parece obvio, pues la producción para los mercados externos ha afectado profundamente la organización de estas sociedades desde los tiempos de la Colonia” (61).´´ 
La tejedora de coronas de Germán Espinosa. Una novela que pasados sus 35 años de salir a la luz, sigue hablando con solvencia y pertinencia de la Ilustración, la masonería y la importancia del Caribe en la historia mundial. Además de un sinnúmero de asuntos con basto y especial tratamiento.
35 muertos (Marihuana, coca y amapola) de Sergio Álvarez. Novela para entender el conflicto armado y la idiosincrasia de Colombia de los siglos XX y XXI

miércoles, 17 de mayo de 2017

Mortara - Literatura expandida


Literatura expandida. Por Enrique Vila-Matas.
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/05/15/actualidad/1494857844_582692.html



En su columna de prensa La literatura expandida Enrique Vila-Matas ha aceptado que la literatura se ha mezclado con otras disciplinas.


En efecto, la literatura se ha hibridado para ser literatura electrónica, digital, Mortara, mestiza, como usted prefiera decirle.


Ya antes Vila-Mata daba atisbos: 



``Hay que ir hacia una literatura acorde con el espíritu del tiempo, una literatura mixta, mestiza, donde los límites se confundan y la realidad pueda bailar en la frontera con lo ficticio, y el ritmo borre esa frontera. De un tiempo a esta parte, yo quiero ser extranjero siempre. De un tiempo a esta parte, creo que cada vez más la literatura trasciende las fronteras nacionales para hacer revelaciones profundas sobre la universalidad de la naturaleza humana.´´



Enrique Vila-Matas en el discurso de recepción del XII Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos obtenido por su novela El Viaje vertical.




Sobre Mortara, una propuesta que he hecho para un subgénero literario narrativo y llamar a estas creaciones. Ver:


http://mortarasubgenero.blogspot.com.co/


https://www.academia.edu/330940/Mortara_Metaliteratura_enfermedades_literarias_y_g%C3%A9nero_literario_en_tres_libros_de_Enrique_Vila-Matas 

https://www.academia.edu/772188/Mortara_a_proposal_for_a_new_literary_sub-genre_base_on_hypertext_and_electronic_literature

Colecciones o antologías de Mortaras:

Panorama de la literatura electrónica hispana. Revista Imán.

Literatura electrónica. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Literatura electrónica hispana. Entrada en Wikipedia.

Electronic Literature Organization

Electronic Literature Collection

Web de Scott Rettberg  http://retts.net/

Web de Leonardo Flores http://leonardoflores.net/

Rio Grande Review. Digital Edition – Online supplement of the Double Fall 2012- Spring 2013 Issues. Curated by Scott Rettberg, Leonardo Flores and Juan Pablo Plata.

(Imagen de arriba de DennisM2 en Flickr.com Neon-like lines Computer-generated image of glowing, neon-like curved lines on a black background)

domingo, 14 de mayo de 2017

Crítica sobre la crítica




Por Juan Pablo Plata @jppescribe

La crítica casi siempre es inferior a la obra, pero no por esto debe sumisión.

La crítica literaria en Colombia –juicio e interpretación de las obras– ha estado marcada por la benevolencia. Porque las cuentas que muchos hacen pasan por juzgar que si el cubrimiento de asuntos culturales en medios es poco y la producción cultural nacional es también mínima y recibe también un apoyo privado y estatal pequeño, con booms o auges de poca duración, entonces no se debe hacer crítica, ni señalar errores porque es lo único que informamos y lo poco que hay en el país: «¿Cómo vamos a hacer crítica? Ensalcemos mejor, así sea de mala factura y resultado», dicen. No vaya a ser que dañemos con esto también nuestra imagen en el exterior y disminuyamos los bajos índices de lectura local.

Hacer lo contrario – hacer verdadera crítica (Sociocrítica, comparativa, amplia, breve, entre otras) – con la literatura y demás manifestaciones artísticas, nos permitiría no creernos los mejores ni los peores, como ocurre con las gestas deportivas en que elevamos hacia alturas de símbolos patrios a un conjunto de jugadores. Pero si pierden son nuestra mayor vergüenza e incluso asesinamos porque un jugador ha anotado en su propia portería en un mundial de fútbol. 
La benevolencia en la crítica no educa el gusto, al contrario, deja a los lectores indefensos ante la seducción publicitaria o ante una información sin estimaciones acerca de la más o menos justa valía de las obras. La crítica literaria se hace cuando se crea un programa de estudios literarios, cuando alguien organiza una biblioteca pública o privada como bien lo decía Jorge Luis Borges; cuando llenamos con apuntes una libreta que acompaña nuestras lecturas o respondemos a una entrevista. Al pasar el voz a voz de un libro con nuestra subjetiva opinión y experiencia también hacemos crítica. No sólo cuando se escribe para un medio periodístico o para la academia se hace crítica. El registro escrito más temprano de crítica en la civilización occidental a obras literarias está en la Poética de Aristóteles. La crítica del momento en Colombia sabemos quiénes la hacen(ían) y cómo: con benevolencia y lambisconería o mera glosa; paráfrasis. Contadas algunas excepciones: Luis Fernando Afanador, crítico del Grupo Semana, a ratos ajusticia o encumbra con clarividencia a libros y autores, junto a otros pocos comentaristas aguerridos en Revista Arcadia y en otras publicaciones del mismo grupo periodístico. Igual hacía Juan David Correa en su columna de opinión en El Espectador y lo secundaba, cuando no habla de otras cosas, el escritor Juan Gabriel Vásquez. En revista Número y en El Malpensante se daban dos fenómenos con la crítica de libros: en la primera se reseñaban libros editados en español en cualquier lugar con una responsabilidad azarosa, por escritores, lectores y críticos externos al cuerpo editorial de la publicación. Muy parecido el asunto a como es la crítica hecha todavía en el Boletín Bibliográfico y Cultural del Banco de la República de Colombia. En El Malpensante casi siempre se reseñaba para dar palo y de ciertos años a esta parte sólo reseñaban novedades colombianas. Esto hay que celebrarlo viniendo de una revista marcianísima, hecha para lectores de Marte como la definió Harold Alvarado Tenorio. (Hellor(d))

Me gusta mucho el trabajo de crítica literaria de: Ángel Castaño Guzmán, Alfonso Carvajal (En diario El Tiempo), Jaime Alejandro Rodríguez (Autor literario. El que más sabe en Colombia de literatura digital, electrónica o Mortara. Como usted prefiera decirle), Rigoberto Gil Montoya (Autor literario fino, crítico y profesor de la Universidad Tecnológica de Pereira), Julio César Londoño, Luz Mary Giraldo (Con todo y su plagio en el pasado), Alejandro Torres Ocampo (El mejor librero de Colombia. Dueño de la librería Árbol de Tinta. Carrera 8a # 15-94. Bogotá. Ver blog www.arboldetintalibros.wordpress.com) y Diana Paola Guzmán (Colombianista insigne). 
Mención aparte merecen las profesoras de la Facultad de Artes y Humanidades - Estudios Literarios de la Universidad de los Andes de Bogotá. Usted debe leerlas para conocer textos especializados en la mujer: en el feminismo teórico y crítico.

Ahora bien, hay muchas revistas como Léase a plena noche, la querida Corónica, Sombra larga, Revista Artificios, Tras la cola de la rata y las publicaciones académicas (Cuadernos de Literatura de la Javeriana Revista Universidad de Antioquia Perífrasis) donde el que busque encontrará crítica y no precisamente benevolente o predecible. 

Coda.

Por José Castellanos. (Para mi gusto, un texto clave contra el feble Notas sobre la hospitalidad y la crítica de la tallerista Carolina Sanín Paz del libro La crítica. Artes, medios y tendencias. Universidad de los Andes. Bogotá)

(Foto arriba de Juan Pablo Plata. Copyright. 2017)

lunes, 8 de mayo de 2017

Vila-Matas en Bogotá.

Charla completa. 

Presione Play

 para oír las grabaciones. 


Para descargar presione estos botones con flecha hacia abajo. 

PARTE1.



PARTE2.












Me gustan de Robert Walser su ironía secreta y su prematura intuición de que la estupidez iba a ir avanzando ya imparable en el mundo occidental. En este sentido yo creo que él, tal vez sin saberlo, dio un paso más, facilitó a Kafka la descripción del núcleo del problema, que no es otro que la situación de absoluta imposibilidad del individuo frente a la máquina devastadora del poder.
Enrique Vila-Matas. Fragmento de la novela Doctor Pasavento




Por Juan Pablo Plata

En la charla con preguntas abiertas (Universidad Nacional de Colombia. Mayo 8 de 2017) cuando le pregunté sobre esto de Walser, dijo en serio y en juego Vila-Matas, que esto sobre la estulticia en realidad había sido dicho y pensado por Gustav Flaubert. Lo que está bien si repasamos los inventarios hechos por el escritor francés en la trama de Bouvard y Pecuchet a la estupidez humana. 

También cuenta la columna El imbécil genial de Enrique Vila-Matas del pasado 1 de mayo de 2017. Enlazada en la anterior frase.


Importa en el juego de frases: ir por más ideas y romper certezas sobre todo y sobre las mismas frases, las autorías y no dejar de jugar. En todo caso: la frase es vilamatiana.

domingo, 7 de mayo de 2017

REVISTA MATERA # 16. BOGOTÁ. COLOMBIA.

Por Juan Pablo Plata.
Tengo el gusto de avisar de la salida del nuevo número (16) de  Revista La Matera. El tema esta vez fue el juego y lleva un cuento mío -El juego de las cartas de verdad- que fue ilustrado por el director y hacedor de la revista Manuel Kalmanovitz (Ilustración de abajo) y por Mateo Posada, pero salió finalmente con la imagen de Manuel (Muchas gracias, señor). También va un cuento de Juan Nicolas Donoso y de otros muchos autores. Además de ilustraciones bellísimas.
La revista se consigue en Bogotá en: 

Librería La madriguera del conejo (Carrera 11 # 85 - 52 y Carrera 5 # 57 - 79) , Librería Casa tomada, (Transversal 19 Bis # 45 D - 23) Librería Tornamesa (Calle 72 # 10 - 34), librería de la Biblioteca Luis Ángel Arango (Calle 11 # 4-14) , Librería del Fondo de Cultura Económica (Calle 11 # 5 - 60), en Galería Neebex (Carrera 3 # 12-42) y en la librería Valija de fuego ( Carrera 7 # 46 - 68)
Por correo puede ser enviada a Medellín al MAMM (Carrera 44 # 19A-100, Avenida de las Vegas Ciudad del Río), Ex-libris (Calle 53 # 64A-27) y librería Al pie de la letra (Calle 49a # 64C-42) .
En Armenia (Avenida Bolívar 14 Norte 22) y en Manizales (Carrera 23 A # 59 - 104) la consiguen en librería Libélula.







jueves, 27 de abril de 2017

Sigue disponible Señales de ruta en libro digital (Ebook) en Amazon.





Una de las primeras antologías de cuento colombiano 

del siglo XXI. 



Señales de ruta disponible en Amazon USA


http://www.amazon.com/Señales-ruta-Spanish-Edition-ebook/dp/B008QH7EU8/ref=pd_rhf_ee_p_t_1

Señales de ruta disponible en Amazon España


http://www.amazon.es/Señales-de-ruta-ebook/dp/B008QH7EU8/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1348658710&sr=8-1


Señales de ruta
(Antología de cuento colombiano)
Selección y prólogo de 
Juan Pablo Plata
Arango Editores, 2012.
235 páginas
(17 cuentos)


Señales de ruta reúne a un colectivo y dieciséis narradores colombianos dignos de los primeros años de un siglo y milenio, para que se unan al grupo de exploradores del abismo que se presenta en las letras hispanoamericanas. 
(Enrique Vila-Matas, dixit.)


Resta la lectura morosa para hacer el juicio de los autores incluidos con el favor de la crítica, los lectores y el mejor juez literario: el tiempo. Todos los autores de Señales de ruta tienen un tiquete sin destino.

Carolina Alonso (1972) / Gato traidor.
Liliana Carbone (1972) / Cárcel blanca.
Andrés Burgos (1973) / El cuadro del abuelo.
Ignacio Piedrahíta Arroyave (1973) / Terapia.
Diana Ospina Obando (1974) / Equipaje de mano.
Gabriela Santa (1975) / Human nature.
María Castilla (1975) / Entre las estaciones centrales
Javier Arturo Moreno (1977) / Cricket.
David Roa Castaño (1977) / Yo también.
Juan Álvarez (1978) / 31 de diciembre de 1999.
Juan Sebastián Cárdenas (1978) / Combustión espontánea.
Gerardo Ferro Rojas (1979) / La comunidad del autobús.
Orlando Echeverri Benedetti (1980) / La noche sin balas.
Johann Rodríguez-Bravo (1980-2006) / Teoría de la muerte.
Rubén Varona (1980) / Un vuelo de algo con alas de polvo.
Sebastián Pineda (1982) / La decadencia de lo bacano.
Las filigranas de perder / Siete hierbas y un gatito.



lunes, 24 de abril de 2017

Repaso a cinco novelas que tratan el clasismo, la estratificación social y la ley es para los de ruana en Colombia.

Por Juan Pablo Plata.

En un listado e infografía sobre sesenta (60) novelas arraigadas en Bogotá hecho en agosto de 2016 por el periodista y escritor Andrés Ospina el hijo de Billy Pontoni, cantante popular por excelencia muy oído en el sur. El mismo sur de la capital colombiana menospreciado de donde salió el novelista Sergio Álvarez autor de La lectorapara el diario El Tiempo se excluyeron novelas como Ciudad Bolívar: la hoguera de la ilusiones de Arturo Álape, El último cartucho de Guillermo Bustamante y El demoledor de Babel de Larry Mejía, entre muchas más obras situadas en el sur de la ciudad como hizo notar en una breve enumeración y queja el escritor Daniel Ferreira. La exclusión señalada por Ferreira puede parecer inofensiva y obrada por la falta de lecturas, investigación y la sencilla escogencia dentro de lo canónico; asentado ya en el mercado literario. Pero puede haber algo más de fondo. ¿Por qué no hubo una novela de Usme, Bosa, Ciudad Bolívar o del escritor Daniel Ángel o Las Filigranas de Perder en un listado tan vasto?

Coprófago paradise
Juan Nicolás Donoso
44. Salón Nacional de Artistas. 
Ministerio de Cultura y la Alcaldía de Pereira.
Toquica. Caín Press. 2016.

El paraíso de los comemierda se pudo llamar este libro, pero seguro ya eran demasiadas palabras para definir a Bogotá o para ponerlas en un título. Fue la novela editada en 2016 por el Ministerio de Cultura de Colombia y los organizadores del cuadragésimo cuarto Salón Nacional de Artistas celebrado en Pereira, Risaralda. La novela contiene una historiografía de la música electrónica y música en general que mezcla a ratos el ensayo con el curso de la narración donde se describen los sueños perdidos de unos muchachos aculturados que quisieron ser estrellas de la música mientras se hacían adultos y echaban a la borda sus mejores relaciones humanas, en medio del consumo de las más variadas formas de bebidas,  drogas naturales, de diseño y fármacos. El autor revela la vida de un grupo de jóvenes de diversos estratos sociales (Norteños y sureños), pero a pesar de sus diferencias terminan unidos para pasar el ocio y dejar de vivir en el aislamiento impuesto por estos mismos estratos y el clasismo para darse cuenta que no son más que humanos con diferencias mucho más valiosas que las establecidas por la economía y las oportunidades aprovechas o nunca halladas de hacer dinero. Al lector foráneo aprovecho para contarle que en Colombia se crearon los estratos socioeconómicos con la buena intención de cobrar y subsidiar los servicios públicos (Agua, energía, recolección de basura, etc.) de acuerdo a las capacidades de los usuarios y lograr a su vez una universalización de estos servicios en los espacios rurales y urbanos. Pero la estratificación no sólo ha traído resultados convenientes, también ha servido para la segregación social y la creación de estereotipos sobre las personas de los estratos: 1.Bajo bajo. 2.Bajo. 3. Medio bajo. 4. Medio. 5. Medio alto. 6. Alto. Es una tendencia que las clases trabajadoras, las personas con menos dinero vivan al sur y en la periferia en las ciudades colombianas y latinoamericanas.

La casa  de la belleza
Melba Escobar de Nogales
Emecé, 2015.

Tenemos a una escritora sin tapujos o complejos en su prosa y en el trato con sus personajes, pues estos suenan latinoamericanos, esenciales y hermosos, en vez de estandarizados por un lenguaje llano y transversal para que los párrafos suenen más neutros y cómodos para lectores extranjeros, digamos, como ocurre en las novelas televisivas, sin los giros del idioma español propios de las regiones colombianas (Acento y jergas de Cartagena de Indias, Bogotá; el Parlache). Esta decisión por un tipo de registro local en la narración y en los diálogos le sirve a Melba para indicar el clasismo y discriminación en la sociedad colombiana gracias a la grandísima desigualdad económica del país en toda su historia republicana y a una suerte de dejo colonialista en que el color de la piel, la región y el estrato social definen desgraciadamente las oportunidades de movilidad social, el rigor o la laxitud con que se es tratado ante la justicia gubernamental y, lo que es peor, el grado de respeto y subordinación de una persona afrodescendiente, mestiza o india ante las personas que tienen más dinero o un fenotipo o apellido foráneos. 

Caviativá
Mauricio Loza
Arango Editores.

En esta novela merece ya una reedición y su autor la publicación de sus obras inéditas que incluyen una novela, Gas guru, sobre la secta Aum Shinrikyō y una traducción de la Trilogía Illuminati de Robert Shea y Anton Wilson. Si la traigo a colación ahora es porque en esta novela hay un personaje que es el familiar de un senador del Congreso de la República de Colombia quien queda impune después atropellar a unas personas en la Avenida Chile, Calle 72, de Bogotá gracias a sus conexiones con el poder estatal y su capacidad económica. Lo que quiere decir que si estos mismos hechos referidos en la ficción le pasaran a un personaje sin medios económicos o contactos clave con el poder, la condena y castigo por el accidente no se habrían hecho esperar en su peor versión y cumplimiento sin rebajas. 

Juego de niños
Guido Tamayo
Random House Mondadori.

Un niño es adoptado por una familia con mayores capacidades económicas que su madre natural. Los contrastes de clase social y el apaciguado surgimiento de la conciencia de adultos entre los niños hace de esta novela un raro y suntuoso atisbo a los primeros años de la vida de los humanos.

Upejota y macana
Juan Andrés Leguízamo Manzanares.
Psique.


Libro de cuentos a la vez que novela en que personajes bogotanos del norte y del sur se encuentran en los calabozos de las denominadas UPJ (Unidad Permanente de Justicia) y en las calles a desvariar, pasar las horas y reconocer en la prohibición la trampa hecha y en el castigo la ley. Se percibe en este y en los anteriores cuatros libros como si la ley en Colombia estuviera hecha para que fuera cumplida en los estratos socioeconómicos inferiores, por allá en el sur de las ciudades y los departamentos del sur y en la periferia del país donde oyen con impudicia a Billy Pontoni, la nueva ola, el Charrito Negro y Uriel Henao, entre otros, mientras otros listan la realidad sin mucho tino e inclusión sobre las novelas clave de la capital de un país andino.