miércoles, 14 de septiembre de 2016

Paradero (Cuento)

Por Juan Pablo Plata

(Aparecido en Revista Cuadrivio de México)

Señor, ¿cuánto lleva el embotellamiento del tráfico? Sí, yo también creo que debe haber allá adelante un accidente o un carro averiado. ¿Lleva mucho esperando el bus? Sí, si así sigue, mejor vamos caminando a otra parada o a la estación central.  Allá pasa el 34. Una vez, cuando yo tenía seis años, en un  viaje en carro con mis abuelos Marcelos –así les dicen en el barrio porque se llaman Marcela y Marcelo– nos accidentamos y se hizo un embotellamiento igualito por nuestra culpa. Mi abuelo tiene desde entonces una R en su frente como de leche condensada derramada por el golpe y los puntos de ese día. Nada más. Mi abuela, pobrecita, no pudo volver a coser ni a cocinar, pues le amputaron el brazo derecho y el izquierdo lo tiene tieso, casi como esta silla, pero no tan frío. A mí no me pasó nada. Uy, qué carrazo. Una ambulancia roja con amarillo. Seguro que sí es un accidente. A mis abuelos y a mí nos llevaron en una ambulancia estrecha, pero blanca, y al carro lo dejaron a un lado de la carreta, junto al muro destrozado, después de tomar unas medidas a toda carrera. No, señor, muchas gracias, ya almorcé. Que le aproveche. Yo nací aquí, en Puntera. Nunca he ido a otras ciudades. Bueno, sí, a la hacienda de mis abuelos en Daseda, pero no es tan lejos y es un pueblito. Yendo para allá fue que nos estrellamos. La última vez que fui, el año pasado, una niña me dio de Reyes la mitad de una medalla de luna para que me acordara de ella y me dijo unas cosas todas raras sobre los hombres y la mujeres que nadie me había dicho. Un beso me dio también. En la boca. Nunca había dado uno. No sé si me gustó. Ella se quedó la otra mitad de la luna. «Incógnito» se llama la hacienda. Ellos, mis abuelos, se criaron ahí. La niña Tania, la del regalo de la mitad de la luna, es la nieta del capataz. Es mayor que yo y ya va a la secundaria. A mí me faltan dos años para eso. Ah, que si siempre voy por ahí solo. Sí. De día siempre. Mi abuelos dicen que de noche las personas son lo que son en realidad. ¿Usted va para los Samanes? No he ido. ¿Esa plaza en Samanes es la de la ciudad de hierro y adonde llegan los circos y hay conciertos? No he ido tampoco. La he visto en revistas. Me prometieron en mi casa llevarme si me va bien con las calificaciones de final de año. Vea. Ya comienza a moverse el tráfico.  ¿Cómo se llama usted? Yo me llamo Carlos Mauricio Fonseca. Doce años. Cuando grande, pues como mi abuelo, un ganadero con un sombrero bien grande. Ah, en la cajita llevo un regalo para la niña de Deseda. Véalo. Lindo, ¿no? Es la primera vez que viajo para verla. Me escapé de mi casa.  No dije a nadie para dónde iba. No me hubieran dejado venir. No vayan a estar preocupados. Cuando llegue llamo del pueblo. No he dejado de acordarme de ella, así mi abuela me diga que bote esta latica que me cuelga del cuello y que no me junte con la nietecita del capataz, «que no ande por ahí aprendiendo mañas con esa piojosa». Yo no obedezco porque no le he visto nada malo a la niña. Bueno, esa vez me dio un beso en el silo y en otra quería que le mostrara el pipí. Yo no lo hice, pero ella sí me mostro su cosa levantándose la falda y acuclillándose después enfrente a orinar. Sin pena de nada como los animales. Ella sabe matar pájaros con cauchera y se ríe muy bonito, pero tiene los dientes picados y unas pecas rojitas. Mi abuelo sí me deja ir con ella. Me dice «picarón». Mi abuela antes me decía «El Canelo», pero después del accidente ya no más.  Se amargó mucho. Con Tania, antes de morirnos, vamos a ir a conocer el mar. De eso voy a hablarle. ¿Cómo es Deseda? Es  bien verde y hundida entre unas montañas como estas de Puntera. Tiene cafetos en todas las haciendas y árboles para que duerman los pájaros. Los balcones son de colores muy bonitos y las puertas son puertaventana, se mueve la puerta en dos mitades, la tabla de arriba y la de abajo, para dentro y para afuera. ¿Me entiende? La plaza del pueblo tiene unas tortugas grandes enjauladas,  morrocoyes; unos peces rojos buchones en una pileta puerca y dos ceibas que siempre están florecidas y me dan miedo cuando paso cerca, porque de pronto se me cae una rama  grandota encima. Tania dice que se sube de noche a mirar las cosas de arriba y a espantar borrachos, pero yo nunca la he visto. Debe ser mentira. Señor,  llegó mi bus. Hasta pronto, que le vaya bien. Ay, ay, la cajita, casi se me queda. Gracias por recordarme y por la charla, Don Pablo Emilio. Que le vaya bien en su viaje.

miércoles, 13 de julio de 2016

¿Gaga? ¡Dadá! (1916 - 2016)

En revista CORONICA
¿Gaga? ¡Dadá! (1916 - 2016)
POR GRETTA BOTT
(Traducción. Por Juan Pablo Plata)
Traducido para revista CORONICA con permiso exclusivo de Zurich Tourism y el autor. Todos los derechos están reservados para el texto y las fotos.©

En:


viernes, 24 de junio de 2016

Extraña forma de vida

Imprescindibles RTVE2
Vila-Matas en Cartagena de Indias. Colombia. Hace unos años pero en el siglo XXI, eso sí. Retrato literario (Enrique Vila-Matas) 24 jun 2016 Ver en: www.rtve.es/v/3645074/

lunes, 23 de mayo de 2016

Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.


Por Juan Pablo Plata.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis de todas las dimensiones espacio temporales conocidas y por conocer.
Van por ahí echando de menos esa mitad de isla donde sí pegan los huracanes.
Van por ahí echando de menos esa mitad de isla donde sí pegan los terremotos.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.
Van por ahí con sus vistosos y ruidosos vestidos alumbrando la vida.
Van por ahí alegres oyendo canciones en patua y francés.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.
La poesía no está o no sólo está consignada en libros.
Está en todo, así no la veamos siempre.
Está dentro de un taxi que ves pasar al lado de tu auto
donde tienes pensamientos racistas,
pero te pones a pensar en la belleza
que compone un hombre haitiano manejando un carro a toda mierda escuchando música, sin un pasajero en las sillas de atrás, mientras los textiles que cubren su vida, que es su cuerpo, no pueden ser ya más iridiscentes y coloridos: porque no volvería a haber arcoiris ni vudú macumba efectivo.
Parece que los haitianos manejan todas las naves del mundo.

lunes, 2 de mayo de 2016

Los breviarios.

Breviario fatalista. En Tras la Cola de la Rata.

Por Juan Pablo Plata.

Breviario de la Feria del Libro de Bogotá 2016. En Revista CORONICA.

Por Juan Pablo Plata.



miércoles, 16 de diciembre de 2015

Las preguntas de la paz

Por Juan Pablo Plata

Si no se firma la paz

¿Qué va a hacer usted si no se firma la paz en Colombia en marzo de 2016?

¿Sabe usted que la droga, la tenencia de la tierra, la desigualdad social y la injerencia de las corporaciones nacionales e internacionales (Las que venden precursores de drogas, fabricantes de armas, petroleras, mineras, textileras, las que quiera...) son causantes, entre otras cosas, de que siga la guerra?

¿Se ha preguntado cuáles de sus acciones como ciudadano colombiano o simple consumidor de bienes y servicios, legales e ilegales, contribuyen para que la guerra siga?

¿Le gustan los videos con arengas de Jaime Garzón pero no hace más que verlos para deslumbrar a la parroquia con las anécdotas del difunto?

¿Le importa Venezuela?

¿Qué sabe usted sobre el renacimiento del paramilitarismo?

¿Votaría por Germán Vargas Lleras (GVLl) para la presidencia en el futuro?, ¿sabe usted con claridad la opinión de GVLl sobre los diálogos de paz?

¿Le importa un tal Uribe venido a menos?

¿Le molesta o encanta la clase política colombiana?

¿Habla usted de la derecha y la izquierda colombianas y sabe qué significan en términos políticos locales y mundiales?

¿Es Colombia un Estado laico?

¿Le importa que se haga la paz también con el ELN?

¿Le parece bien haber votado, alguna vez,  por un político investigado o previamente encarcelado, pero le alegra que haya salido libre y luego haya sido elegido así no vaya a durar mucho ejerciendo el cargo?

¿Votó esperando un favorcito del político y/o su partido?

¿No le parece que el maniqueísmo es un trato muy barato para un asunto como la guerra tan caro en su cobro en vidas?

Si se firma la paz

¿Conoce usted, con claridad, lo que se ha acordado hasta ahora en La Habana entre las FARC y el Estado?

¿Cómo votaría en un referendo por la paz?

¿Qué va a hacer usted para sostener la paz y acabarla de lograr?

¿Cómo se la llevaría con un reinsertado?

¿Conoce la propuesta de los territorios de paz?

¿Votaría por un partido emergido de un grupo armado?

¿Qué le parece la legalización de las drogas?

¿Qué acciones sería capaz de llevar a cabo en favor de los reinsertados, los campesinos que siembran coca, marihuana y amapola, y por  las víctimas de la guerra de varias extracciones sociales e ideológicas?

¿Sería capaz de perdonar y olvidar hechos violentos de la guerra que hayan afectado a sus familiares o conocidos?

¿Reconoce culpabilidad compartida entre los grupos armados y el Estado de la guerra en Colombia? 

Leyes para los LGBTI

La aprobación de las leyes LGBTI en Colombia no le hace daño a nadie, por el contrario protege a unos seres humanos que en medio de tanta guerra dicen quererse.
(Aparecido en www.traslacoladelarata.com)
Por Juan Pablo Plata
Los previos tropiezos de la comunidad LGBTI para obtener ciertos derechos legales (Matrimonio, adopción, entre otros), usualmente obedecían a razones ajenas a la cuestión: la censura y presión de la iglesia católica en el congreso y en la opinión pública o el pronunciamiento de ciertas personalidades. En fin, hechos que no justificaban las trabas a unos derechos contenidos por la Constitución de 1991 en un Estado laico, documento que en realidad regula la vida de los colombianos antes que cualquier doctrina religiosa.
Por otra parte, no se explicaba una no muy clara sustracción en las leyes de los ciudadanos LGBTI en la que se ha denominado como una sociedad democrática. Pues si se hace un análisis sobre la oposición a las legislaciones a favor de esta comunidad, una de las preguntas que salta es: ¿por qué si existían muchos lugares públicos abiertos  a esta comunidad en Colombia-como agencias de viaje, clubes y extensiones como bares, secciones en librerías y otros negocios- no era antes recíproco ese espacio en el marco legal?  Las respuestas son diversas, pero pertenecen a un ámbito excluyente que daba por sentado que su opinión sobre la minoría era de la mayoría de la población.
Más allá del debate y la controversia que siempre genera una nueva presentación de proyectos a favor de los LGBTI en el Congreso, se debe crear una conciencia en el público del nulo daño que hace a cualquier heterosexual colombiano el que a las parejas homosexuales se les permita casarse o adoptar niños abandonados.
En el pasado, con la negación de estos derechos se estaba privando a hombres y mujeres, entre otros, del goce de ciertos beneficios patrimoniales y hasta de poder reclamar en caso de censura y discriminación por su orientación sexual.  
Las libertades individuales y la leyes aprobadas relacionadas con el aborto, la eutanasia, las drogas y los derechos hasta hace poco negados a los LGBTI no son en ningún sentido obligaciones para los colombianos, es decir, que a ningún colombiano se le carga con el deber de abortar, drogarse, hacerse LGBTI y acabar con su vida con asistencia médica. La ley sobre estos asuntos abre una posibilidad para los ciudadanos, pero no consagra una coerción como muchas personas y organizaciones sociales quieren hacer ver.
La aprobación de las leyes LGBTI en Colombia no le hace daño a nadie, por el contrario protege a unos seres humanos que en medio de tanta guerra dicen quererse.
PS: En el pasado he escrito periodismo o literatura sobre los LGBTI. Mi orientación es heterosexual, pero en muchas ocasiones por mis escritos me han querido tildar de LGBTI como si esto me ofendiera o disminuyera en algo la valía de los textos. Da mucho enojo sentir que en Colombia y en otras latitudes, en pleno 2015, no se vive bajo un estado secular y libertario sino en un oscurantismo de hace siglos.