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Entrevista a Adam Isacson. Funcionario de WOLA. Washington Office on Latin America.

Por Juan Pablo Plata.



Adam Isacson es un entusiasta de su trabajo en WOLA (Oficina de Washington para Latinoamérica). Un amante del rock Indie de los ochenta del siglo pasado, de los Aterciopelados y de Café Tacuba, que siempre están presentes en sus reproductores personales de música, dos grupos que de alguna manera traslucen su principales intereses en dos países como Coordinador Principal del Programa de Políticas de Seguridad Regional de WOLA. Tiene una hija de siete años que acapara su tiempo libre, porque lo lleva a museos y a centros de entretenimiento para niños, pero lo hace una persona inmensamente feliz. Apoya en cierta forma la legalización de las drogas como ciudadano estadounidense, no como funcionario de WOLA. En medio de su apretada agenda que incluye constantes viajes a los países de Latinoamérica, a universidades y congresos en el mundo, me concedió esta entrevista sobre temas coyunturales y de sus labores como funcionario de alto rango en Washington D. C.

¿En qué trabaja WOLA y usted en este momento?
Tratamos de ver dónde están las bases estadounidense y dónde tienen lugar los ejercicios de entrenamiento. La agencia rastrea hacia dónde están yendo los recursos que Estados Unidos da a Latinoamérica y el Caribe. En Colombia, por ejemplo, estoy trabajando principalmente en lo que se denomina la consolidación, viendo lugares como La Macarena, Los Montes de María; focalizado en los lugares donde llega la asistencia militar de los Estados Unidos después de lo que fue el Plan Colombia. Hemos estado visitando de manera continua esas zonas y vemos buenos resultados; son unas zonas más estables en todos los ámbitos.
¿Qué hace WOLA en la actualidad con respecto a la situación de escalda violenta en el lado mexicano en la frontera de ese país con Estados Unidos?
Estamos creando un programa sobre el asunto de México. Tratamos de hacernos a una imagen de cómo está la seguridad en la frontera entre México y Estados Unidos desde San Diego hasta Brownsville, a ambos lados de la frontera, porque la situación ha cambiado de manera considerable en los últimos años. Queremos saber dónde hace presencia la Guardia Marítima y Fronteriza, la DEA y la policía; queremos saber dónde está la policía local, dónde se encuentran las misiones del Departamento de Defensa y de Estado, qué relaciones hay entre estas fuerzas y las mexicanas y si las hay. Buscamos entender el fenómeno de violencia en el lado mexicano y en los patrones migratorios y las situaciones de necesidades humanitarias de los inmigrantes.
¿Por qué no se da una cooperación más abierta entre los cuerpos armados de México para el asunto de la frontera (Droga, violencia, trata de personas, etc.) y por qué no trabajan ejército mexicano y ejército estadounidense juntos?
No sé en realidad cómo son esos trabajos conjuntos entre las fuerzas armadas internas de ese país. En cuanto a una colaboración conjunta de los ejércitos de Estados Unidos y México, no sé si esa sea una idea aconsejable, porque puede que haya unidades del ejército mexicano que colaboran con Los Zetas y en ese caso no estaría bien que trabajaran juntos. WOLA ha hecho seguimiento a la Iniciativa Mérida, pero no sabemos todavía cuánto de esa cooperación llega para los asuntos de la frontera. Es fascinante ese asunto de la falta de comunicación entre los varios cuerpos armados legales mexicanos: la policía y los federales.
Es la primera vez que trabajo con asuntos de aduanas y de frontera en el sur de Estados Unidos. En apariencia la violencia en Juárez, Chihuahua, es tan grave como lo fue entre 2001 y 2003 en Medellín, Colombia. Es la misma proporción demográfica de tasas de homicidio. Aún no se ha pasado nada de esa violencia a El Paso, Texas, sin embargo, uno supone que eso es así porque es así mismo como los narcos lo quieren. Se han puesto de acuerdo para no causar problemas en el lado de la frontera norteamericana, por ejemplo,  en El Paso, Texas, porque necesitan que esté pacífico. Ellos no quieren provocar a las fuerzas estadounidenses de ninguna manera por medio de un hecho al otro lado de la frontera. Además, con ello tienen la oportunidad de cruzar, estar tranquilos, comprar propiedades y hasta de quedarse. Esto claro, ayuda a la economía de la zona, pues gastan en el lado norteamericano su dinero. Algunas de esas personas son sospechosas.
¿Qué es el proyecto Just the facts (justf.org) de WOLA?
El programa existe desde los años noventa del siglo pasado. Cuando yo trabajaba para The Center for International Policy fue un cosa que nació entre Lationamerican Working Group y CIP, de la mano de Joy Olson, el director actual de WOLA. Es una base de datos inmensa sobre la transferencia  y ventas de armas, programas de entrenamiento, documentos sobre las labores de School of Las Americas, localizado en Columbus, en el estado de Georgia, Estados Unidos. Como decía ya, tratamos de ver dónde hay bases militares de cooperación y dónde tienen lugar los entrenamientos. Vemos cuál ha sido el cubrimiento en medios de la asistencia y su efectos. Además, la base de datos lleva un control sobre el uso de las ayudas en dinero en el Caribe y Latinoamérica por parte de las oficinas en Washington D. C.. Nuestro segundo paso, ahora, es tratar hacer más fácil el acceso a esa información que está disponible en el portal web.
¿Qué tendencias ha habido en esta asistencia económica y militar estadounidense?
El programa Just the facts nos ha servido para ver tendencias como que desde hace 10 y 12 años, entre 2 y 3 tercios de la ayuda policial y militar de los Estados Unidos ha ido a Colombia y México. Esto se debe al Plan Colombia y a la Iniciativa Mérida. Además, casi el 80% de toda la cooperación en asuntos militares y policíacos se paga por medio de fondos de la lucha antidroga y un poco del resto va a asuntos sociales y económicos. Si vemos la cooperación de Estados Unidos a la zona latinoamericana y del Caribe sin Colombia y México, vemos que los demás reciben una asistencia escasa. Con todo, en los dos últimos años ha comenzado a haber un mayor  interés y asistencia en la zona centroamericana, pero se percibe que no sé sabe muy bien cómo y con quién hacer el trabajo allá, digamos en Guatemala u Honduras. El programa Just the Facts también encontró que la guerra contra el terrorismo también contribuyó un poco, solo un poco, en el incremento de la asistencia militar en esa región.
No sé sabe muy bien cómo atender los asuntos con Brasil y reducir tensiones con países como Venezuela, Bolivia y Nicaragua. En algunos países es muy difícil saber con quién tratar para reconstruir la institucionalidad y el sistema judicial, digamos, en el caso de que esto les interese. Hay muchas personas en estos países quienes se benefician de un estado de cosas desordenado. No se percibe que haya un sistema de confianza para implementar ayuda en la zona centroamericana que ahora está desatendida. En Guatemala la Corte Constitucional intenta resolver algo de esto. Colombia es vista como un modelo de cómo debería ser en general la cooperación en la zona que vigila WOLA.
¿Ha habido entonces una suerte de desatención a la zona centroamericana y otras en Latinoamérica en favor de Colombia y México?
Así es. Además el foco en los asuntos internacionales en Estados Unidos ha estado puesto en Oriente Medio y en China. Y eso se constata fácilmente mirando los titulares en los medios y en el cubrimiento general de estos en Estados Unidos. Latinoamérica casi nunca aparece. Cuando se atienden asuntos en Latinoamérica se mira a Colombia y a México y casi ni se mira a Brasil. Con Brasil no hay un asunto de seguridad, es un asunto económico, comercial. The Central American Security Regional Initiative, por ejemplo, es un programa de 100 millones de dólares de Estados Unidos destinado a países como República Dominicana, mientras Colombia sola  recibe de esa iniciativa un poco más de 600 millones de dólares.
¿No es un riesgo dejar esa zona de Centroamérica así desatendida y acabar viendo en el futuro cómo se desplazan los fenómenos de violencia, el cultivo y tráfico de drogas?
Es un riesgo increíble. Ya se ve incluso en cómo los grupos del narcotráfico penetran las fuerzas armadas de esos países y en el crecimiento de los índices de violencia y de homicidios. Se ha encontrado droga y rastros de Los Zetas en Honduras, por ejemplo. Varias masacres se han presentado en la zona. Ahora bien, por más que queremos ayudar como país-Estados Unidos- debemos recordar que cierta cantidad de ese dinero que damos ha sido prestado por China. En la actualidad no tenemos dinero, a menos que subamos impuestos, como para incursionar en una campaña masiva e integral en la zona. Incluso la Iniciativa Mérida ya está por acabarse.
¿Existe alguna salida para los países latinoamericanos para dejar de depender de ayudas económicas y de asistencia técnica foránea en seguridad de parte de países como Estados Unidos y de agencias internacionales?
Con la excepción de Honduras y Guatemala, los países de la región latinoamericana y del Caribe no son pobres. Son más bien países con entradas o ganancias medianas. Colombia, México, Venezuela y Perú son países con economías medianas pero no están mal. Ocurre que tienen una pobreza masiva porque obviamente la riqueza está mal distribuida. Digamos que podrían valerse por sí mismos por medio de impuestos y buen manejo administrativo, sin corrupción, de esos recursos que se adquieran gravando.
¿Subió la tasa de corrupción durante los gobiernos populistas recientes en latinoamericana (Chávez, Uribe, Fujimori, entre otros)?
La región lleva más o menos treinta años en un proceso de transición de dictaduras a democracias, pero ha faltado un mejor balance entre las ramas del Estado. Ocurre, casi siempre, que la rama ejecutiva opaca al resto. Esto se da porque se decide apoyar a un candidato presidencial populista, éste sale elegido y se debilitan así las otras ramas del poder, porque el ejecutivo queda con poderes superiores por encima de los demás por el respaldo popular. Es una lástima que el marco constitucional no sea lo suficientemente fuerte en estos casos. La voluntad de un líder así se impone entonces por sobre todo y eso da margen para la corrupción.
¿Cómo ve el proceso de intervención de los Estados Unidos en el exterior desde los años de la Guerra Fría, en que se temía la expansión del comunismo; después con la lucha contra las drogas y ahora contra el terrorismo, todo justificado por una expansión de las ideas democráticas,  liberales y de la seguridad?                                                                          
¿No hay siempre una agenda geopolítica y económica disimulada detrás estas acciones bondadosas?                                                                                                                                  
 ¿Qué nuevas excusas o justificaciones se usarán para intervenir en el futuro?
Es cierto, en muchas ocasiones hay un interés económico detrás o de protección de las inversiones norteamericanas. Si no hay nuevos ataques terroristas, el pretexto de la lucha antiterrorista no lo podrían seguir usando. De lo contrario, seguirán. Probablemente el asunto de las armas nucleares sea la próxima justificación. Si a Corea del Norte o a Irán se les prueba que desarrollan o comienzan a desarrollar y a mostrar la posibilidad de usar esas armas, habría una intervención. También se podría intervenir en un país que esté prestando ayuda en el desarrollo de estas armas a los mencionados u otros. Si una organización o un país es encontrado colaborando en el envío de drogas a los Estados Unidos o apoyando a grupos ilegales también habría una justificación de intervención. Entre estas categorías caben Irán y Venezuela, quienes tiene entre sí lazos militares y económicos no muy cómodos para los estadounidenses.
¿Cuál es su posición sobre la legalización de las drogas como ciudadano?
Es un asunto que debería ser visto con cada droga por separado. Si la cocaína se legalizara se quitaría mucho del dinero que alimenta la violencia en Colombia y en México. Se reducirían los índices de violencia. De la misma manera en los Estados Unidos la venta controlada de una sustancia como la cocaína reduciría los índices de violencia en las zonas de los cascos urbanos donde normalmente hay expendio de droga. De todas formas habría un costo alto. Al tener la sustancia a disposición legal, de pronto, habría más consumidores y eso implicaría más padres negligentes y niños y adolescentes en posición vulnerable y con prospecto criminal. Habría más accidentes de varios tipos, como automovilísticos y sobredosis. No sabemos si estos costos van a ser tan buenos en comparación con el beneficio de la reducción de la violencia. Igual pasaría con otras drogas fuertes como las anfetaminas y otras como las sintéticas. Pero con la marihuana si podría haber un mejor control y un modelo a seguir. Con la marihuana es más fácil la legalización.
¿Qué planes tiene WOLA?
Seguir promoviendo los Derechos Humanos y la democratización en la zona latinoamericana. Estamos haciendo menos trabajo con la Casa de Representantes en Washington D. C., pues ahora mismo es administrada por personas quienes no comparten nuestra visión como organización sobre la zona (Partido Republicano). Vamos a trabajar más en México por  el asunto de la creciente oleada de violencia.

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