viernes, 3 de abril de 2026

Ciudad Puntera. (Fragmento de novela). Por Juan Pablo Plata.

Por Juan Pablo Plata.

La ciudad quedó sin energía por décima vez, porque la transición energética se estaba dando mal en demasiados lugares del planeta. Pero, para los fines de esta historia, contaremos cómo se dieron las cosas en Puntera.

Jacobo Silverado fue a poner gasolina para su carro en la estación de La Giralda y se encontró con una fila que le recordó el cuento «El Sur», de Julio Cortázar. Todos conversaban fuera de sus autos para matar el tiempo. Se presentía que en algún momento alguien diría que hasta dentro de ocho días no volvería a llegar el diésel ni las gasolinas regular y premium.

Jacobo hizo su espera leyendo la novela Vineland, de Thomas Pynchon, sin bajarse del vehículo, pero apagando el motor, pues de eso se trataba en estos tiempos: de ahorrar energía, gasolina y dinero. Siempre había sido así, pero las cosas se iban tornando más extremas.

Muchos oficios desaparecidos por la automatización y la fabricación en serie —e importación de insumos foráneos, sobre todo chinos— reaparecieron. Las personas volvieron a fabricar sus enseres domésticos, sillas, mesas, papel reciclado, ropa para vestir, y pronto todo lo despreciado y no reutilizado de repente era susceptible de un nuevo uso o servía para arreglar un artefacto.

Jacobo había pensado alguna vez que una manera de percibir la riqueza de alguien era por medio de la suma de sus objetos importados o de los de buena marca. También había ido agotando esa idea al ver que la riqueza, ahora, en estos tiempos difíciles, se podía estimar mejor en recursos naturales: en la cantidad de alimentos, textiles, metales, tierras raras y tierras que alguien tuviera a la mano.

Alicia Caldera le había insuflado a Jacobo todas estas ideas a contracorriente, que ahora se probaban como temerosas advertencias de lo que ya estaba ocurriendo. Alicia le había rogado comenzar a guardar las semillas orgánicas de todos los alimentos y vegetales posibles. Después le había hecho comprar paneles solares y muchos repuestos para ellos, para que hubiera energía eléctrica de esa fuente en casa. Otras peticiones incluían colectores de agua y cualquier pastilla o filtro para esa agua recolectada. Los molinos, hachas de leña y las herramientas metálicas componían objetos muy necesarios, ahora que muchas cosas habían vuelto a hacerse de una en una y, la mayoría de las veces, por un solo ser humano.

Las imprentas de letras de molde, la frases hechas o premoldeadas por su uso repetido, componían un arsenal metálico para escribir, hacer pasquines, cartelismo y hasta publicidad barata apoyada, o dígase, fijada, por engrudo de yuca. Ahora que muchas cosas habían vuelto a hacerse de una en una, y de manera artesanal no industrial. 

Montalvo Araz carecía de alegría cuando las cosas se fueron a pique, su mujer lo había dejado de manera definitiva por Jacobo Silverado, y si seguía a flote era por obra y gracia de dilapidar toda una colección de impresos y antiguedades y joyería arduamente acumulada por las tres pasadas generaciones de su familia del ala paterna. Su única alegría y verdadera alegría era vender un mapa del geógrafo Americo Vespucci o un cuadro de Wiedmann para gastarlo en poco tiempo.

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sábado, 4 de mayo de 2019

Arqueo de los días en FILBO y en librerías de Colombia.

lunes, 4 de junio de 2018

El último trabajo malo (Fragmento) — The Last Bad Job, por Colin Dodds. Traducción - Juan Pablo Plata.




Traducido por Juan Pablo Plata

«En el fondo, sabemos que tratamos de alcanzar y mantener altas metas espirituales en un lugar extremadamente violento y perverso. Sabemos que el Mundo no es indiferente para nosotros. Es fuertemente hostil hacia los logros espirituales que están al centro de nuestras vidas. Siendo ese el caso, no estamos del todo en contra de las “partidas voluntarias”, si la otra opción es ser tragado, otra vez, por el Mundo. Pero estos no son suicidios como los conoces. Son una forma de defensa spiritual».
«Entonces, ¿cómo es que estas “partidas voluntarias” encajan con tus planes?»pregunté.
«El Redentor ama a los suyos como un padre. Él no nos quiere confundidos o que seamos engullidos por el Mundo o por las maquinaciones de su ira. “Aquello que está corrupto no tolerará el paso”. Lo he oído directamente. Quiere él que permanezcamos íntegros. De lo contrario no podremos reunirnos con los sobrevivientes, los evolucionistas».
«Entonces, ¿cuándo va a comenzar?»
«¿Cuándo comenzara qué?»
«El final».
«Más pronto de lo que piensas. El mundo está empeorando cada día. Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando los médicos, abogados, banqueros, entretenedores e inventores hicieron del mundo algo mejor con cuanto hacían. Ayudaron a la humanidad a progresar. Y no sé exactamente cuándo cambió todo, pero ocurrió. Se reversó. Ahora cada desarrollo en la ciencia, las artes y la ley solo hace a la humanidad un poco peor. Es demasiado tarde. Las cosas ya no se pueden mejorar».
Cosmología aparte, él sonaba como un hombre careverga seguro de sí mismo que ha pasado la edad media y ha decidido que el mundo se va a la olla. Pero me guardé esto para mí.
«¿En serio?»
«Incluso acá, estamos empeorando, lentamente, pero estamos empeorando. Entonces para responder a tu pregunta: no me preocuparía mucho por pagar mis tarjetas crédito si fuera tú».
«Gracias por el consejo».
No se me había ocurrido que la audiencia fuera un subterfugio. Pero lo era y funcionaba. De pronto, no he obtenido mucha ayuda con mis sueños, pero conseguí más respuestas cándidas esa tarde que en todos los meses que había estado ahí.
Luego fue hora para que Dizzy hiciera preguntas.
«Por otra parte, mira. Estoy curioso sobre cómo va saliéndote la historia. ¿Qué escribirás sobre mí, este lugar y lo que estamos tratando de hacer?»
«No lo sé, creo que me quedaré un rato más para ahondar un poco más en las cosas y sumergirme».
«Hasta que toquemos la campana del Armagedón y bebamos Kool-Aid?»
«No exactamente, uum, estuve pesando en quedarme un mes o dos, si está bien, y volver y sopesarlo y entonces escribir. Todavía no tengo un ángulo».
«Te ves incómodo. No puede ser fácil ser el primer carroñero aquí en la fiesta»dijo Dizzy, mirándome con fijeza con su ojo bueno. El ojo perezoso miraba hacia la venta abierta detrás de mí sin disturbarse.
«No va a ser una historia sangrienta en absoluto. Por lo que he visto, puede ser suficientemente inocuo como para que me despidan. “Celebridad lleva nueva vida en el desierto”, algo así. En realidad, no sé hacia dónde va esa historia. ¿Tú?»
Él no subió la voz, pero de pronto Dizzy se molestó.
«Te diré lo que pienso. Pienso que tu vista de este lugar ha sido excesivamente coloreada por lo que pasó a Mary Beth… por lo que ella se hizo a sí misma. Me temo que no le dirás a la gente qué estamos tratando de hacer aquí. Creo que tienes un poco de carne y estás listo para acabar con tus fallas. Te gustaba Mary Beth, tal vez de verdad te gustaba. Con todo, ella solo es material para tu molienda: un suicidio para anclar tu historia. Esta debe estar llena de sangre y ser lo suficientemente desagradable para hacer felices a los editores y reforzar la noción de cerebro de vaca de que somos un culto peligroso de sexo y muerte. Quieres un acceso completo a la crucifixión y no te importa quién martilla las uñas. Eso es lo que pienso».
Hubo una pausa larga mientras pensaba sobre la situación desde su punto de vista, en la que yo era un agente que el Mundo ha enviado para recoger la evidencia necesaria para desacreditarlo y burlarse de él. Ya había comenzado a ensañar mis sobrias, cortas y cultivadas frases y referencias a la cultura popular que usaría para expresar mi falsa angustia y precisa indignación sobre el Depravado Culto a la Muerte de Dizzy.
Supongo que Dizzy era mejor en mi trabajo que yo. Él estaba en lo cierto: la historia ya tenía las patas que necesitaba. Gracias, Mary Beth.
Pensé en publicarla así.
En una semana lenta, incluso sin un suicidio masivo, la historia podría llegar a primera página. Habrá el obvio tumulto. La policía comenzará a hacer preguntas sobre los suicidios. Los servicios sociales comenzarán a quejarse sobre los infantes. La Asociación Nacional de Rifles querrá verificar el alcance de los rifles. De la Oficina de Impuestos querrán encontrar fallas en su devolución de impuestos. ¿Suena a algo familiar? Así le sonaba a Dizzy.
Como reportero, puedes hacer la diferencia, pero no siempre una buena diferencia. Pensando en mi rol en todo el proceso me hizo imaginar qué me gusta menos: Dizzy o el Mundo.
«Es como te dije. Tengo que juntar mis apuntes, entrevistas, con tus libros, panfletos, impresos y todos los otros materiales que me diste. No sabré cómo será la historia hasta entonces».
Era una mentira. Quería sangre. Una atrocidad masiva de nuestra gran nación cabeza de vaca. Solo mátate de una jodida vez. Solo hazlo, bobalicón megalómano, pensaba para mí, centrándome con fuerza en el puente de su nariz para evitar que mi mirada saltara con incomodidad desde su ojo perezoso hacia su ojo bueno.
«Sabía en lo que me estaba metiendo al dejar entrar a un periodista aquí. Pero ahora que me he dado cuenta de que no ha estado bien», dijo Dizzy, rompiendo con un tono delicioso. «Para evitar interrumpir las rutinas de mis discípulos, he estado reteniendo muchas cosas para ti. Quiero que comiences a ver los verdaderos trabajos de este lugar. Qué es lo qué pasa. De ahora en adelante, nada estará limitado para ti. Estarás bienvenido a todas las audiencias, las enseñanzas y meditaciones. Incluso estás invitado a trabajar en las televentas con lo demás si te parece».
«Tal vez sea algo bueno. Me gusta».
«Grandioso. Mañana inicias. Me he dado cuenta de que no te he dado ninguna instrucción, perspectiva real de lo bello e importante que hay en todo lo que estamos hacienda aquí. Sé que estas pocas semanas han sido una prueba para ti. Y puedo ver que estás insatisfecho. Has estado triste por mucho tiempo, incluso antes de que nacieras».
Esta era la difícil venta de lo sagrado de Dizzy, podía verlo. Asentí con la cabeza para alejarlo un poco más.
«Quiero que confíes en mí un poco más en las próximas semanas. Sé que no dejarás el escepticismo que es tan clave para tu trabajo. Pero quiero que me demuestre el porqué estás aquí en realidad. Quiero que te des la oportunidad de entender y razonar el porqué estamos aquí, viviendo así. Nosotros no somos una monstruosidad de enfermedad mental a las afuera de la Interestatal 10. Quiero que trates de aprender nuestras razones por tu propia cuenta. Como mínimo, añadirá un contrapunto a lo que sea que ya has escrito. ¿Te parece bien?»
«Está bien. Suena bien» —exclamé.
Dizzy me ofrecía más acceso y más de Dizzy para mi historia. Debí haber estado excitado. Pero esto solo me hizo querer saltar más la cerca con alcance de rifle.
Cuando no te puedes calmar es usualmente cuando más lo necesitas. Y no fue fácil. Pero lo logré con mi mejor apersonamiento de una reflexión sombría mientras caminaba detrás de la cabaña Dizzy.
En el compartimiento, puse la silla plegable contra la puerta. No se sostendría mucho, pero calmaría a cualquiera. Me curvé sobre el escritorio y escribí todo lo que podía recordar de mi conversación con Dizzy. No podía esperar a que mi portátil iniciara. Necesitaba redactar tanto como pudiera antes de que olvidara. Traté de centrarme en el asunto de la partida voluntaria. La muerte era mi dólar, todo bien, y yo estaba acumulando tanto de ella como podía. Antes de parar a respirar o rascarme la cabeza, alguien golpeó a mi puerta. Tres golpes rápidos e impacientes. Doblé mi libreta legal de apuntes y abrí la puerta. Era Jack, quien nunca antes me había visitado.
«Hola, Jack, ¿cómo estás?»
«¿Qué haces acá?»
«Solo organizo las notas de lo que he escrito. Trabajo».
«Oh. ¿Estás trabajando?», dijo Jack ampliando sus fosas nasales.
«Sí. Siempre estoy trabajando».
«¿Cómo te fue con la pequeña charla con Dizzy?»
«Me fue bien», dije tan simple como puedo hacerlo.
«¿De qué hablaron?»
Jack estaba parado a un pie dentro de la puerta, estático, flexionando sus músculos de la espalda para hacerse ver más grande y parándose muy cerca.
«Fue una conversación privada».
«¿Has conseguido algo bueno para usar en tu historia? ¿Algunas frases?»
«No conseguí nada. Todo fue fuera de registro»
«Entonces, ¿cuándo saldrá publicado?»
«No estoy seguro. Debo hablar con mi jefe, mi editor sobre eso».
«¿Sí? ¿Qué vas a escribir sobre Dizzy y nosotros en tu historia?»
«No lo sé. Todavía tengo que revisar mis notas, hablar con más personas como tú y hacer más cosas como esta.»
«¿Es en realidad tan demorado contar a la gente que hay un montón de locos religiosos en el desierto?»
«¿Perdón?»
«Porque eso es lo que vas a escribir».
«No. De hecho eso es lo que estoy tratando de evitar…»
«No me vengas con cuentos. Conocí gente como tú en la universidad, como pequeñas maravillas sin pipí. No podían acostarse con nadie. Entonces caminaban actuando como gente más inteligente que el resto. Van por ahí comentando lo que todos hacen, tratando de hacerles sus vidas tan mierdosas como la tuya. Siempre me pregunto: ¿cómo es que eres más inteligente que nosotros y eres un miserable y chico hueco del culo? ¿Por qué desperdicias tu tiempo caminando, juzgando a la única gente que volverá a ser feliz de nuevo? Pensaba que personas como ustedes eran solo perdedores. Pero en realidad son unos estúpidos. Los más estúpidos».
«Siento que te sientas así... ¿Has acabado?»
«A lo mejor solo he comenzado».
Se paró más cerca. Podía oler la menta en su olfato. ¿De dónde había sacado la goma de mascar? Nadie tenía goma en el rancho. El pensamiento me distrajo de la súplica que le debía al intimidador.
«Jack. Vamos. No quiero ningún problema».
«Estás en lo cierto. No quieres. Pero recuerda esto».
Jack expectoró en una porción del piso de mi compartimento, sonrío y se fue, golpeando la puerta cerca de mí con fuerza.
Entonces este era el plan: Dizzy el policía bueno y Jack el malo. Si yo era el próximo suicida no debería sorprender a nadie, supongo. El acceso completo no vendría fácil después de todo. Una cosa válida de saber era que Dizzy hizo a su esposa e hijos firmar un contrato de confidencialidad antes de dejarlos para ir al desierto. Supe esto por su abogado después de repetidas llamas fallidas a las casas de sus familiares donde solo conseguía un «sin comentarios».
Escarbando en mi maleta, saqué la historia que había escrito antes de venir aquí. Solo 650 palabras rápidas. Concebidas para usarse como un copiar y pegar de fondo para un texto, un obituario o una historia de masacre.

Necesitaba recordarme que Dizzy no era el Mundo entero y del Mundo grande al que yo pertenecía. 

***
Colin Dodds, autor norteamericano, inédito en español. Novelista y poeta, publicado en múltiples medios. Nominado al Pushcart Prize. Vive en Brooklyn, Nueva York, con su esposa e hija.

Juan Pablo Plata.. Autor de la antología periodística Arqueo de los días (Ibañez Editores. 2018).

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lunes, 16 de abril de 2018

Recital en Poemartes

jueves, 22 de marzo de 2018

Lanzamiento de mi libro Arqueo de los #días. Cordialmente invitados. Calle 12 B N° 7 - 12. Bogotá D.C. Colombia. Librería Ibáñez. 3 de abril de 2018. 6:30. P.M.

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domingo, 31 de diciembre de 2017

Arqueo de los días Por Juan Pablo Plata Prólogo de Juan David Ochoa

Arqueo de los días

 Por by 
it was amazing 
Disponible ya en la librería del Grupo Editorial Ibañez: Calle 12 B N° 7 - 12. Bogotá D.C. Colombia. Tels: (+0571) 2847524 - 2835194. Pronto en todas las librerías del país y del mundo, además de plataformas digitales.
Arqueo de los días. Uniediciones Gei . Biblioteca Magna. Grupo Editorial Ibáñez. 
Antología personal de periodismo. Por Juan Pablo Plata.
(Perfil de Christopher Hitchens. Crónicas de viaje. Una guía literaria de Miami. Entrevistas a David Manzur, Juan Villoro, Enrique Vila-Matas, Fernando Báez, Tryno Maldonado. Carreras de caballos. El Estado Islámico y su destrucción cultural develada. Los años del ruido. Francis Alÿs. El movimiento Dadá).
Mucho más en este libro de NO ficción.
Prólogo de Juan David Ochoa. Diario El Espectador.



PRÓLOGO


Juan David Ochoa*

La virtud de la No Ficción suele consistir en la gracia de hacer que la descripción de lo real no resulte tan regular y tediosa como la continuidad de un día vigilado por el minutero del juicio. A los personajes tratados, reales en el mundo y justificados por un certificado posfechado de existencia incuestionable, se les exige tener algo más que un hito en sus espaldas, algo más que un alias merecido entre el idealismo de los suburbios, o algo superior a su propia obviedad. El lector, aunque no lo dimensione o lo afirme, espera una especie de transfiguración lírica o una atmósfera alterna que le parta la costumbre y lo haga temblar entre las licencias del juego.

Arqueo de los días toma una extensa variación de lo real para proponer un pulso: una tensión entre la rigurosidad sustentada en fechas y contextos, y la abertura de las hipótesis. En un ritmo fragmentado que parece estar dirigido por un cronista atormentado por otras fechas y otros hechos posibles, propone una velocidad que, en el transcurso de los títulos, revela su intención soterrada: no descuidar la certeza para asestar, en los momentos que conceda el tiempo y la verosimilitud de su técnica, un chasquido con sorna, un golpe de ironía en contra o a favor del personaje o del hecho central.
En un género de riesgo como la entrevista, las preguntas tienen un tono de erudición que quiere jugar a la violación del recato y a la explosión de una honestidad descarnada. Manzur logra hablar aquí con su rebeldía de costumbre pero con la insistencia de sobrepasar sus respuestas predispuestas de viejo zorro de las altas cortes, y Vila-Matas detalla sus anécdotas de dromómano incurable con la confianza de las preguntas atrevidas.

Los reportajes tienen el tinte, una subjetividad cuidada que siguen sin perder la chispa de una iconoclastia segura de sus límites, con una gracia extra: la enumeración neurótica de contextos, nombres propios y fechas que cubren la narración en un manto de mármol convincente, para revolcar al lector de nuevo en un siguiente título distante de toda lógica temática, pero cuidando un hilo arterial: lo que se encuentra siempre oculto bajo la espectacularidad de los eventos sugestivos.
* Escritor, poeta y periodista de los diarios El País de Cali, El Colombiano y columnista del diario El Espectador.


Crítica: 

En esta galería de curiosidades inesperadas, Juan Pablo Plata ingresa a la intimidad de lugares, sucesos y personajes ricos en matices. Este libro recuerda aquellas publicaciones que hacían del periodismo una aventura para el lector. 

Mauro Vargas. Revista Léase a plena noche.


Arqueo de los días reúne las creaciones periodísticas en varios géneros de un autor con una trayectoria significativa en el panorama hispanoamericano, quien también ha sido autor de ficción, ensayo, no ficción y poesía; redactor, editor, crítico y marchante de de bellas artes. Si algo puede definir esta antología es la posibilidad de ser un libro de referencia, aprendizaje y gozo sobre el periodismo para lectores de múltiples extracciones y formaciones. 




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viernes, 26 de mayo de 2017

Texto recuperado. Lo mejor está por venir. Leído en la XXIII Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Lo mejor está por venir

http://blog.cuadrivio.net/desde-la-encrucijada/lo-mejor-esta-por-venir/



En su segundo número, Cuadrivio publicó Agentes secretos, un cuento de Juan Cárdenas incluido en la antología El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia (Cádiz, Algaida, 2010), de José Manuel García Gil. Juan Pablo Plata, editor de la ya extinta La Movida Literaria y amigo de Cuadrivio, nos comparte ahora el texto con el que presentó dicha antología en la XXIII Feria Internacional del Libro de Bogotá. 

Dedicado a Johann Rodríguez-Bravo y a la desaparecida revista La Movida Literaria.

Juan Pablo Plata

«Cualquier librería latinoamericana está desbordada de publicaciones españolas. En cambio, son poquísimas las librerías españolas con libros editados en Latinoamérica. Según datos del Centro Regional para el Fomento del libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), Europa es el mayor exportador de libros con el 54,8% del mercado mundial; Latinoamérica lo hace solo con el 2,9%, e importa de un solo país, España, libros por un valor parecido al que este país importa de todo el mundo, incluida Latinoamérica. Los editores latinoamericanos saben de la falta de apoyo de sus gobiernos. Los editores españoles, por el contrario, cuentan con fondos y recursos gubernamentales para promover ediciones privadas. Quizá la solución empieza entre los mismos actores del libro: lectores y escritores. Pero uno de los problemas es que el lector latinoamericano, a veces, menosprecia a las ediciones locales frente a las españolas, no solo por la calidad de impresión, sino porque supone que el autor latinoamericano publicado en España es superior a uno publicado en su país, más todavía si ese autor recibió un premio español.»

Lo anterior es tomado de la columna Lector ciego, escritor dormido, del escritor Leonardo Valencia (autor de Bogotá 39) en mayo de 2010 en el diario El Universo de Ecuador. 1) La cita sirve para celebrar con todavía mayor entusiasmo la antología que hoy se presenta, por las oportunidades de comunicación y reciprocidad que abre para escritores y lectores a ambos lados del Atlántico y también sirve para poner de manifiesto una vez más el desigual intercambio cultural y comercial en lo editorial en el mercado hispanoamericano y las altas posibilidades de éste para ser remediado con antologías, mejores políticas de distribución y edición, ebooks y dispositivos, y movidas más agresivas e innovadoras en gestión cultural.

2) Una anécdota escondida para ustedes puede explicar en gran medida la escogencia hecha en la antología: en algún momento entre 2009 y 2010 el escritor colombiano John J. Junieles, incluido en la antología, sugirió al antólogo José Manuel García Gil hacer la selección con un criterio adicional: excluir en lo posible ficciones con asuntos como el narcotráfico y la violencia e incluir en cambio narraciones acerca de las relaciones humanas y el amor. La sugerencia penetró el proyecto del libro hasta llegar al título y hoy tenemos un compilación temática de veintiséis autores, con un barrido de las generaciones nacidas entre 1962-1982. Con ese mismo criterio de exclusión de la sicaresca y lo narco hice en 2008 Señales de ruta, una antología de cuento colombiano, publicada por Arango Editores.

3) Si algo pueden delatar la antología y los autores seleccionados, es la sombra desdibujada de un patriarca querido, llamado por todos con excesiva familiaridad como Gabo. Por otra parte, me adhiero a unas declaraciones de prensa del antólogo, quien anuncia al lector del «rigor del cuento bien escrito por autores que abordan el género con la suficiencia necesaria y con un proceso creativo expuesto a las influencias más diversas.» A esto yo le agregaría la condición sana de los autores y las creaciones seleccionadas frente a una suerte de provincianismo o ansias de llevar en la literatura el sabor nacional a toda costa. Por ejemplo, muchas narraciones no ocurren en Colombia y sus temas son ajenos a cualquier realidad política o geográfica totalizante o precisa. No sufren pues los autores del síndrome de Falcón definido por el ecuatoriano Leonardo Valencia, es decir, que por más colombianas que sean las narraciones no llevan por obligación realismo mágico, El Poporo Quimbaya y Juan Valdez desintegrados en letras de molde; violencia, narcotráfico, un sombrero vueltiao o aguadeño o la esencia nacional y/o latinoamericana requeridas y esperadas en nosotros en décadas pasadas por lectores, agentes literarios y editores en otras latitudes. Aplaudo la inclusión de autores cercanos en el trato como Andrés Mauricio Muñoz, Sebastián Pineda y Carlos Fernández y de otros desconocidos del todo para mí como Marta Orrantia, Federico Escobar y los cartageneros Víctor Menco y Rodolfo Lara, a quienes me dispongo a seguirles la pista.

4) El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia es un libro compuesto por las ficciones de los ciudadanos nacidos en un país con un conflicto armado activo que ha desplazado a más de tres millones de personas según un último balance de la agencia ACNUR; un país narco y violento, pero irreducible a esas categorías, donde muchas otras cosas ocurren y pueden ser contadas. Doy gracias al señor José Manuel García Gil y señores del Ayuntamiento de Cádiz y Editorial Algaida, Grupo Anaya por permitir a los lectores de español en el mundo conocer otras realidades e invenciones nacidas de un país estigmatizado como violento a la vez que encubierto bajo la sentencia mentirosa de: Colombia, el riesgo que te quieras quedar. Nada es como lo pintan.

5) Coda. El listado sabatino de cada ocho días de los libros más vendidos en Colombia del diario El Tiempo no corresponde con la verdad. El listado es amañado, porque no corresponde con las ventas reales, ni con el sentido del título o la frase «Los más vendidos», que corona un cuadro con un escalafón de diez casillas. Podría ser cierto, si dijera «Los libros más vendidos en la cadena de Librería nacional», en letra grande, es decir, en puntaje alto de procesador de palabras. El listado dicho, lleva abajo, en letra diminuta, el crédito de la fuente: la cadena de librerías. Lo peor, o parte del daño del listado, son las réplicas hechas de él en otros medios, en instituciones promotoras de lectura o del negocio de los libros y en agencias de prensa internacionales. En casi todos aparece sin la explicación de la fuente y entonces el listado es tomado como los libros más vendidos en Colombia en vez de los libros más vendidos en la cadena. Refiero esto como una mínima prueba (porque habría otras) de cómo el canon de la literatura colombiana está dictado por las mafias editoriales, revistas, conglomerados y agentes literarios, entre otros, pero a veces aparecen esperanzas como una antología de cuento colombiano editada en España o una editorial independiente ajena a los traficantes de la nada, como Babel Libros, por citar un ejemplo. El corazón habitado incordia y alegra ya a excluidos, escritores y lectores y a la mafia dicha. Con todo, podemos estar seguros de cómo lo mejor está por venir en la literatura colombiana, si no, lean la antología. 

[*] Texto leído en la XXIII Feria Internacional del Libro de Bogotá en la presentación de la antología El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia.

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jueves, 27 de abril de 2017

Sigue disponible Señales de ruta en libro digital (Ebook) en Amazon.





Una de las primeras antologías de cuento colombiano 

del siglo XXI. 



Señales de ruta disponible en Amazon USA


http://www.amazon.com/Señales-ruta-Spanish-Edition-ebook/dp/B008QH7EU8/ref=pd_rhf_ee_p_t_1

Señales de ruta disponible en Amazon España


http://www.amazon.es/Señales-de-ruta-ebook/dp/B008QH7EU8/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1348658710&sr=8-1


Señales de ruta
(Antología de cuento colombiano)
Selección y prólogo de 
Juan Pablo Plata
Arango Editores, 2012.
235 páginas
(17 cuentos)


Señales de ruta reúne a un colectivo y dieciséis narradores colombianos dignos de los primeros años de un siglo y milenio, para que se unan al grupo de exploradores del abismo que se presenta en las letras hispanoamericanas. 
(Enrique Vila-Matas, dixit.)


Resta la lectura morosa para hacer el juicio de los autores incluidos con el favor de la crítica, los lectores y el mejor juez literario: el tiempo. Todos los autores de Señales de ruta tienen un tiquete sin destino.

Carolina Alonso (1972) / Gato traidor.
Liliana Carbone (1972) / Cárcel blanca.
Andrés Burgos (1973) / El cuadro del abuelo.
Ignacio Piedrahíta Arroyave (1973) / Terapia.
Diana Ospina Obando (1974) / Equipaje de mano.
Gabriela Santa (1975) / Human nature.
María Castilla (1975) / Entre las estaciones centrales
Javier Arturo Moreno (1977) / Cricket.
David Roa Castaño (1977) / Yo también.
Juan Álvarez (1978) / 31 de diciembre de 1999.
Juan Sebastián Cárdenas (1978) / Combustión espontánea.
Gerardo Ferro Rojas (1979) / La comunidad del autobús.
Orlando Echeverri Benedetti (1980) / La noche sin balas.
Johann Rodríguez-Bravo (1980-2006) / Teoría de la muerte.
Rubén Varona (1980) / Un vuelo de algo con alas de polvo.
Sebastián Pineda (1982) / La decadencia de lo bacano.
Las filigranas de perder / Siete hierbas y un gatito.



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miércoles, 1 de febrero de 2017

QUIERO BATIR LAS MARCAS DE MIS ANTEPASADOS

Por Juan Pablo Plata.


Decir mentiras sin que se note: porque da para mucho.

Respirar 550 millones de veces, es decir, llegar a los 70 años, al menos.

Inyectarme un millón de inyecciones esmeriladas de Tramal 100 milímetros y gozármelas oyendo boleros, tangos y operas de todos los tiempos.

Ganar tres veces la lotería, una más que mi abuelo Pablo Emilio Figueroa y derrochar la plata otra vez en pésimos negocios, apostando a otras cosas y para reabrir también un café llamado Alférez o el otro llamado Minino con mesas lustrosas de billar, gallera y juegos de azar donde pueda ganar con mucha y cuidadosa trampa las almas de los demás, como si fuera el demonio.

Quiero sacar un pez Marlín en Salinas, Ecuador, de 400 kilos como el que sacó Fernando Plata, mi papá, con quien no hablo hace más de diez años.

Quiero ser mejor persona que mi padre y el padre de mi madre. Porque la cagaron mucho y me va quedar fácil.

Esto, para comenzar, es lo que quiero hacer para superarlos y no conformarme con contárselo ustedes.

Hay que hacer mejor o peor las cosas que los antepasados. La gracia está en superarlos.

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miércoles, 13 de julio de 2016

¿Gaga? ¡Dadá! (1916 - 2016)

En revista CORONICA
¿Gaga? ¡Dadá! (1916 - 2016)
POR GRETTA BOTT
(Traducción. Por Juan Pablo Plata)
Traducido para revista CORONICA con permiso exclusivo de Zurich Tourism y el autor. Todos los derechos están reservados para el texto y las fotos.©

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lunes, 23 de mayo de 2016

Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.


Por Juan Pablo Plata.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis de todas las dimensiones espacio temporales conocidas y por conocer.
Van por ahí echando de menos esa mitad de isla donde sí pegan los huracanes.
Van por ahí echando de menos esa mitad de isla donde sí pegan los terremotos.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.
Van por ahí con sus vistosos y ruidosos vestidos alumbrando la vida.
Van por ahí alegres oyendo canciones en patua y francés.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.
La poesía no está o no sólo está consignada en libros.
Está en todo, así no la veamos siempre.
Está dentro de un taxi que ves pasar al lado de tu auto
donde tienes pensamientos racistas,
pero te pones a pensar en la belleza
que compone un hombre haitiano manejando un carro a toda mierda escuchando música, sin un pasajero en las sillas de atrás, mientras los textiles que cubren su vida, que es su cuerpo, no pueden ser ya más iridiscentes y coloridos: porque no volvería a haber arcoiris ni vudú macumba efectivo.
Parece que los haitianos manejan todas las naves del mundo.

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lunes, 2 de mayo de 2016

Los breviarios.

Breviario fatalista. En Tras la Cola de la Rata.

Por Juan Pablo Plata.

Breviario de la Feria del Libro de Bogotá 2016. En Revista CORONICA.

Por Juan Pablo Plata.



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lunes, 16 de marzo de 2015

El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia.

Ya llegó a Colombia, desde España, EL CORAZÓN HABITADO (Últimos cuentos de amor en Colombia) Editorial Algaida, España. Lo encuentran en Librería Panamericana sucursal de la Calle 170 Kr. 45 y Calle 12 con Kr. 7 Bogotá y en el resto de Colombia. $15.000.

El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia.
Selección y prólogo de José Manuel García Gil

Editado en Cadiz, España (Editorial Algaida), 2010.
La colección Calembé es una iniciativa de la Fundación Municipal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz, y se publica en coedición con Algaida Editores.

PRESENTACIÓN:
LUGAR: AUDITORIO
JOSÉ ASUNCIÓN SILVA. FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BOGOTÁ.
DÍA: DOMINGO, 22 DE AGOSTO DE 2010
HORA: TRES DE LA TARDE.

ÍNDICE DE ESCRITORES PARTICIPANTES:

- JORGE FRANCO “Besos bruscos” (1962)
- SANTIAGO GAMBOA “Urnas” (1965)
- CARLOS CASTILLO QUINTERO “Reunión familiar”(1966)
- JOHN J. JUNIELES “El amor también es una ciencia”(1970)
- MARTA ORRANTIA “Ella y él” (1970)
- JUAN CARLOS RODRÍGUEZ “Funciones” (1971)
- RODOLFO LARA “Sentada en su interior” (1972)
- CAROLINA ALONSO “Silverstone” (1972)
- PILAR QUINTANA “Una segunda oportunidad” (1972)
- ANDRÉS BURGOS “Viernes” (1973)
- IGNACIO PIEDRAHÍTA “Terapia” (1973)
- CAROLINA SANÍN “Una hoja”(1973)
- JUAN GABRIEL VÁSQUEZ “Lugares para esconderse”(1973)
- ANTONIO UNGAR “Darse un paseo”(1974)
- ANDRÉS MAURICIO MUÑOZ “Carolina ya no aguanta más”(1974)
- DIANA OSPINA OBANDO “Compras de domingo” (1974).
- RICARDO SILVA ROMERO “Diagonal”(1975)
- MARGARITA POSADA “Malvados rojos”(1977)
- JUAN SEBASTIÁN CÁRDENAS “Agentes secretos” (1978)
- JUAN ÁLVAREZ “Idioma” (1978)
- GERARDO FERRO “Huevos revueltos” (1979)
- CARLOS FERNÁNDEZ “Aura o nunca” (1979)
- FEDERICO ESCOBAR “Un accidente” (1979)
- JUAN PABLO PLATA “Círculo menor” (1982)
- SEBASTIÁN PINEDA “El pub” (1982)
- VÍCTOR MENCO “¿Quién pagará mi cuenta?” (1986)

El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia.
Selección y prólogo de José Manuel García Gil.
Editorial Algaida. Colección Calambé. Grupo Anaya.
España.
416 Páginas
I.S.B.N.: 978-84-9877-459-7


(Epígrafe)
Después de aquello, se hizo bastante tarde, y ambos nos teníamos que marchar, pero fue genial ver a Annie de nuevo. Me di cuenta de la maravillosa persona que era y… y de cuanta diversión me había aportado conocerla. Y entonces pensé en aquel viejo chiste, ¿sabes? Este tipo que va al psiquiatra y le dice «doctor, mi hermano está loco; ¡cree que es una gallina!» Y el doctor le dice «¿y por qué no le interna?» y el tipo le dice «Lo haría, ¡pero necesito los huevos!». Bueno, creo que eso expresa justo cómo me siento con respecto a las relaciones: ¿sabes? Son totalmente irracionales, excéntricas y absurdas y… pero bueno, supongo que seguimos en ellas porque la mayoría de nosotros necesitamos los huevos.

Woody Allen. Annie Hall

Prólogo

Por José Manuel García Gil.

I

El amor da mucho que escribir. Que una fuerza tan elemental llene tantas páginas de la literatura occidental se debe, seguramente, a que condensa todo lo que nos preocupa: lleva en sí el deseo y la felicidad de estar vivos, la angustia del tiempo y el sueño de escapar a la muerte, el anhelo de la libertad, la necesidad de no estar solos y comunicarnos con el otro y la necesidad de compartir emociones, pensamientos y experiencias.

Cuando en 1936, Walter Benjamin constataba la crisis del arte de contar, añadía que la misma provenía precisamente de la privación de la facultad de intercambiar experiencias. Verdaderas experiencias. Y sugería volver a los sabios para recuperarlas: a los que han viajado mucho y a su vuelta traen en su relato peripecias de los espacios lejanos a los que han ido y, en segundo lugar, a los que han oído numerosas his torias de su lugar de origen y las transmiten. Ambos contagian, según el escritor alemán, experiencias y radian indicaciones prácticas sobre la vida.

Treinta años después, Frank O’Connor le corrige y sostiene que los cuentos proceden de las voces solitarias de la sociedad. Es decir, el cuento contemporáneo prescinde de esos héroes que habían partido, sufrido y triunfado en los renglones de la literatura anterior, y presenta a figuras necesitadas, humilladas o perplejas —lo que Simone Weil llamó los «seres de desgracia»— cuyas peripecias serán las que construyan una nueva morfología del relato.

Estos cuentos colombianos que se disponen a leer responden, de algún modo, a estas dos cuestiones: recuperan lo sugerido por Benjamín, es decir, la experiencia de contar, en este caso, esos usos amorosos en una época que refuta la solidez y la durabilidad de las emociones y sentimientos y muestra, a la vez, su preferencia hacia las voces solitarias, pues en el amor uno se siente paradójicamente solo, indefenso, en esa vivencia convulsa, en ese impulso que nos lleva a buscarnos fuera de nosotros mismos.

El héroe principal de estas historias son las relaciones humanas, protagonizadas por hombres y mu- jeres, contemporáneos nuestros, que al sentirse fácilmente descartables y abandonados a sus propios recursos, andan siempre ávidos de la seguridad de la unión, desesperados por relacionarse, por conectarse. Y que, sin embargo, desconfían de estar relacionados porque temen que ese estado, impenetrable y enigmático, pueda de un dulce sueño transformarse en una atroz pesadilla. Todas son secuencias de lo cotidiano, carne de la celebración impecable de unos pecadores en la atmósfera intemporal que rodea la paradoja de unas emociones a las que estos escritores aportan su mirada escéptica y solitaria, irónica y lúcida.

El amor, lo que normalmente se entiende por amor, recordaba Rosa Montero, es, de entrada, como toda la literatura, una mentira, una sustancia imaginaria, un espejismo que se beneficia de varios milenios de celebración teatral y novelesca. Y de la apuesta exagerada de toda una civilización por su sostenimien to. Ahora bien, la pasión, esa inmadurez eterna que lo engendra, es un espejismo sustancial, una ficción de altura, a menudo la mejor fantasía que puede llegar a inventar una persona en toda su vida, aquella que eventualmente puede llevarnos a un cambio en el mundo.

En El espejo de las ideas Tournier viene a decir algo como que, en aras de ese posible maravilloso, todo lo que no toleraríamos jamás a un amigo, un acto de vileza, por ejemplo, lo toleramos y lo aceptamos en el amor, pues el amor, en ocasiones, y al contrario que la amistad, también se alimenta de la vileza, de la co bardía, de la bajeza. Ahí está la necesidad de amar a quien nos daña; o el deseo del daño y del dolor. Y el peligro como acicate del deseo. El sexo como venganza y como combate. O la necesidad de destruir aquello que quieres. El amor y la historia, están llenos, como estos cuentos, de ejemplos que certifican ese aspecto dual que nos tiene desde tiempo inmemorial bastante confundidos.

II

Aunque no todos sepan situar Colombia en el mapa de América, sí que saben de su existencia por el grueso de frases hechas e hiperbólicas con las que ha sido descrita por el resto del mundo. Un tobogán de citas que la sitúan durante un minuto en el paraíso y un minuto después en el infierno. Un país que emerge con todas sus lacras, pero también con todos sus brillos. Un país donde en un acto se habla el mejor español, con la mejor tradición de poetas o lingüistas, y en el acto siguiente narcotraficantes estrafalarios o sicarios verbalizan el más incongruente de los códigos de honor.

O nos imaginamos el país envuelto en el aroma del café más suave del mundo o como la tierra donde la violencia se respira como un elemento más del aire; la patria del Nobel de literatura más popular y global, pero también la de la guerrilla, los paramilitares o de capos de la droga; el mágico lugar donde la gente llena durante días cualquier recinto donde hablen escritores o el trágico donde proliferan los secuestros, las desapariciones, los desplazamientos masivos y las matanzas cometidas con la mayor sevicia.

Una suerte de enigma, de sorpresas, de rupturas y zonas intransitadas, esta Colombia de brumosa rea lidad en la que se abren paso las voces aquí recogidas para abordar sus emociones y sentimientos en medio de un escenario cuya intensidad les desborda a la vez que les enfrenta de un modo acelerado y abreviado con su vorágine de tiempo, felicidad y penas.

III

Durante décadas la literatura en Colombia dio la impresión de estar sometida a la férrea etiqueta del
«realismo mágico», cuya hegemonía pareció intocable bajo la sombra de un García Márquez transformado en gurú de sus letras. Sin embargo, empiezas a des- granar la lista de autores y muchos y muy buenos se han ido despegando del «modelo napoleónico del escritor latinoamericano». Nuevos escritores —podrían citarse, entre otros, a Jorge Franco, Mario Men- doza, Santiago Gamboa, Laura Restrepo, Efraim Me- dina, Octavio Escobar, Ricardo Silva, Antonio García, Juan Gabriel Vásquez— que oponen una nueva épica, o una huida al desierto, con evidente resonancia, des- pués de tantos años de selva portentosa.


Colombia no tiene un autor que, como Borges, Cortázar o Julio Ramón Ribeyro, deba su fama a este género tan mal comprendido que es el cuento. Las ficciones breves que allí se escriben hasta 1950 perte- necen más a las formas antiguas del relato: la tradición oral, el folclor medianamente estilizado, el cuadro de costumbres. Y, aunque las que se escriben después de esa fecha no nos permiten hablar con exactitud de una nueva generación de cuentistas colombianos, sí que evidencian un cambio de actitud hacia un género considerado siempre como la cenicienta de las letras. El camino del cuento ya no es, por tanto, para esta épo-ca, excepcional, sino que es apreciado cada vez más como un horizonte estético en sí mismo, como una posibilidad a la que los autores se entregan con devoción y que les sirve, sobre todo a los más jóvenes, de carta de presentación en el mundo literario. Todo esto ha generado una desigual eclosión del género a través de antologías realizadas con los pretextos más diversos (temático, y surgen cuentos eróticos, de mujeres, urbanos, caníbales, de ciencia ficción o de la calle y geográfico y entonces el cuento puede ser bogotano, barranquillero, vallecaucano, antioqueño, caldense…).

Lo cierto es que la lista de cuentistas es amplia y sigue creciendo. Un hecho importante es que muchos de estos narradores surgen alrededor de revistas alternativas, de blogs, lo que evidencia no sólo la existencia del género, sino su novedad y exploración temática y formal y la presencia por estas vías de algunos autores que merecen mencionarse y salir del silencio editorial o crítico.

En el origen de este giro literario se encuentra un saludable eclecticismo y los logros más notables en el terreno de la intertextualidad. Estamos de regre- so de lo que hicieron los autores del boom y es la in- fluencia de los medios, del cine, de la música, de la red, la que marca el rumbo de buena parte de la lite- ratura colombiana más joven.

Así, en el prólogo de la antología Señales de ruta, Juan Pablo Plata advierte: «Maduros en su proceso vital y literario, los autores parecen desleír las teorías sobre el cuento de los maestros del género narrativo —Poe, Quiroga, Cortázar, Anderson Imbert, etc.— con el olvido de ensayos y decálogos que antes eran pre- ceptivas y guías fijas, para ser hoy pequeñas sugeren- cias. La libertad en voces, tonos y referencias mass media o transculturales permiten cuentos con enrique- cedoras menciones televisivas, cinéfilas y librescas, entre otras; cuentos infractores de las señas dadas por los maestros, por intimistas, por usar lenguajes de otras artes, diálogos rápidos y un humor negro en su mayoría, apto para lenitivo de lectores escapistas o bien para aterrizar a estos mismos y hacerlos volver a la realidad.»

La narrativa colombiana actual es prolífica y diversa. En un país donde la literatura está viva es lógico que tenga que haber registros muy variados. Esta antología lo pone de manifiesto y ofrece una heterogeneidad tan amplia como sugerente. Formas, recursos, procedimientos y, sobre todo, dominio del lenguaje, caracterizan esta nómina de autores que tratan de afianzar el papel del relato dentro de una narrativa que, como la colombiana, sigue teniendo en la novela su género más preciado.

IV
Los escritores no son importantes por el lugar donde nacieron sino por lo que hacen en tanto tales, por lo que nos dicen en el momento y el lugar oportunos, de la manera que mejor les sale. Lo colombiano en este colectivo se define, por tanto, como lugar de procedencia o lugar de trabajo. El abandono de las esencias nacionales –la idea de patria y exilio— y políticas –el compromiso—, no erradicadas del imaginario creativo sino reformuladas, hacen que esta literatura aspire a ser de todas partes, a simbolizar cualquier espacio, al desprejuicio territorial, en definitiva. Juan Gabriel Vásquez en su propuesta Al filo de la navaja: diez cuentos colombianos ya señalaba cómo algunos de estos autores habían pasado la mayor parte de su vida adulta fuera de Colombia (Santiago Gamboa ha vivi- do en tres países, Antonio Ungar en cuatro, Juan Álvarez y Carolina Sanín viven en Nueva York o Juan Sebastián Cárdenas y Juan Gabriel Vásquez en España). Otros tantos han viajado a lo largo y ancho de este mundo, lo que les ha curado el apego. Muchos son periodistas o están relacionados con la comunicación. Son autores que miran hacia fuera: por la razón que sea, su proceso creativo se ha visto irremediablemente expuesto a las influencias más diversas. Como señala Orlando Mejía Rivera, estos escritores «reflejan códigos y situaciones de la Colombia de hoy a pesar de que están, simultáneamente, en la dimensión del arquetipo universal». Y se nota: una poética que, al contrario de lo que le sucedió a Borges o a Cortázar, «ya no tiene que explicar sus querencias extraterritoriales, ya no tiene que entonar un complicado mea culpa cada vez que decide ubicar un relato en otro lugar del mundo o usar un texto clásico como metáfora o como pretexto.» Cuando la realidad colombiana asoma, lo hace distraídamente, casi pidiendo disculpas por entrometerse en los complejos destinos individuales: en los del amor, en nuestro caso.

V

Como el mundo cambia tan aceleradamente en los últimos decenios, expresar las sensibilidades del presente requiere una constante renovación generacional. En El amor en los tiempos del cólera del omnipresente García Márquez las relaciones amorosas avanzaban a través de mensajes enviados por medio del telégrafo. Un amor de hoy va por mails, por teléfono, chat, sms, mensajes de móvil a móvil… Todo cambia. Los sentimientos quedan, hasta las palabras para expresarlos se repiten, pero el medio y la sensibilidad se renuevan.

En el curso de sus nueve siglos de historia, la cultura amorosa ha conocido diversos deslizamientos del centro de gravedad, rupturas de la gramática y de prácticas, modas, pero también prolongadas continuidades, umbrales y mutaciones repartidos a lo largo de su dilatada peripecia.

Ahora bien, por profundas que sean, dichas mutaciones no deben hacernos perder de vista que el invento occidental del amor ha legado a la sensibilidad humana un estilo, un ideal en cierto modo imperecedero que ha conservado rasgos casi permanentes. La transformación de la intimidad, la división social de los sexos, se ve recompuesta, reactualizada bajo nuevos rasgos.

No vivimos hoy igual que hace cien años, tampoco nos relacionamos de la misma manera. El afecto ahora se adecua a cualquier entorno, tal como el agua a cualquier recipiente —de ahí que se hable de amor líquido—, de manera efímera, empírica. Pero, a pesar de todos los males y todas las desgracias, el nuevo desorden amoroso sigue declinándose en la pareja. Se ha diluido la idea de duración y la gente gestiona su biografía sin la idea de un proyecto a largo plazo, pero permaneciendo la pareja como un residuo de vida sólida en la vida líquida. Sería fácil decir que «nadie se casa hoy con nadie», pero así es. No hay pactos políticos, ni acuerdos internacionales, ni conciertos contra el cambio climático, ni vida conyugal.

La nueva pareja abandona, en todo caso, su formato asimétrico tradicional y se convierte en una –son palabras de Vicente Verdú— open source, cuyas partes pueden llegar de cualquier parte y con orientaciones sexuales de todo tipo. Ni faltará la sexualidad, ni la amistad, ni la ternura ni la mapaternidad puesto que su diseño no responderá a un patrón preestablecido. Las relaciones se han ido transformando o reorganizando a lo largo de un combate continuo y en medio de un sistema capitalista que las complementa. Hombres y mujeres se acostaron con la ideología de la fidelidad y se despertaron con las páginas web que organizan adulterios. En un entorno nuevo y sobrecargado de referencias subjetivas al mundo amoroso y afectivo, ambos se muestran paradójicamente cada vez más fríos. Y en todo este desconcierto de experiencias humanas hunden su pluma estos escritores colombianos para contarnos fragmentos de una realidad que, por literaria, nunca ha sucedido.

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sábado, 8 de febrero de 2014

Reseña: Ximénez (Novela) de Andrés Ospina


Ximénez
Andrés Ospina. (Alias El Criminal)
Laguna Libros (2013)
Por Juan Pablo Plata
Andrés Ospina es un enfermo del pasado. Ama lo antiguo. Es un escritor que preferiría haber vivido en otra época. Por ejemplo, entre las décadas de 1930 y 1940 entre las que acontece su impecable primera novela.
En Ximénez algunos fragmentos cumplen el doble fin de detallar al protagonista, José Joaquín Jiménez García, periodista y poeta colombiano estrafalario-quien literalmente dio su vida por el oficio de reportero-, y de servir de declaración de principios o autoficción por parte de Ospina: aunado con Ximénez en sus pesares sobre el patrimonio cultural colombiano, además del gusto arrollador por lo viejo y por Bogotá:
“A José Joaquín le dolía ver la vetustez de su tierra, derrotada de a pocos por la maceta y el cincel, herramientas predilectas de una modernidad a medias, ejerciendo su acción maligna por sobre toda Bogotá.”
“Les reiteró, con calculada ingenuidad, su deseo de convertirse en escritor. Añadió que, por alguna razón que él mismo no había alcanzado aún a determinar, Bogotá era una de sus obsesiones.”
Ospina creó el Museo Vintage, recopiló el Bogotálogo, diccionario con términos propios del habla local capitalina y ha escrito y todavía escribe como lo hizo Ximénez acerca del presente, futuro y pasado colombiano y bogotano cada vez que puede. Entre sus publicaciones previas está Bogotá Retroactiva y una versión bellísima sobre la leyenda llanera El Silbón ilustrada por Typozon.
De regreso a la novela, tenemos que la recreación de la atmósfera de las primeras décadas del siglo pasado en que vivió Ximénez se da por medio de los nombres de productos y objetos de consumo, palabras hoy en desuso, lugares y personajes del periodismo y la literatura colombiana como Enrique Santos Montejo, alias Calibán; un anacrónico Marco Fidel Suárez, Germán Arciniegas, Felipe González Toledo y Miguel Ángel Osorio Benítez, alias Maín Ximénez o Porfirio Barba Jacob. La coincidencia entre los seudónimos del protagonista de la novela y Miguel no sé queda ahí. Pues tanto Ximénez como Porfirio cometieron poesías- con más suerte el segundo- y dieron rienda suelta a la invención de noticias falsas o híbridas entre la realidad y la ficción con las que aumentaron las ventas de los diarios para los cuales escribían.
Detrás de la que definí como la mejor novela publicada en Colombia en 2013 en revista Corónica hay una vasta investigación, pero sobre todo una imaginación portentosa que abarrota el pasado con los agios no disponibles en bibliotecas, archivos de familia y testimonios recopilados de los descendientes de las personas que trataron a Ximénez al menos por un instante y son personajes de la novela. Andrés Ospina hace lo que Ximénez y Porfirio hicieron en su tiempo cuando lo factual no rendía más y el viaje de la ficción ensanchaba el relato.
Más allá de la historia de un hombre, la novela nos trae del pasado el germen del mejor periodismo actual colombiano, las vivencias de los amores restringidos por la pacatería de hace décadas y el nefasto clasismo del que aún no nos deshacemos.



www.kienyke.com/kien-bloguea/resena-ximenez-novela-de-andres-ospina/

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miércoles, 29 de mayo de 2013

Rio Grande Review

 



Digital Edition – Online supplement of the Double Fall 2012- Spring 2013 Issues.


DOSSIER

Edited by Scott Rettberg, Leonardo Flores and Juan Pablo Plata.

 
(Bilingual)
By Juan Pablo Plata



By Scott Rettberg


By Leonardo Flores


Doc
By Leonardo Flores







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