sábado, 21 de junio de 2008

Reseña

Desnuda sobre mi cabra
Rafael Humberto Moreno Durán
Alfaguara, 2006.

Por Juan Pablo Plata

En la década del sesenta en el Valle de los Alcázares-Bogotá-, en la misma época y lugar en que vivió su adolescencia situó R. H. Moreno Durán la novela Desnuda sobre mi cabra, de publicación póstuma. En ella un cirujano plástico recuerda los tanteos existenciales, pero sobre todo sexuales del hombrecito que fue a los 15 años cuando deambulaba en compañía de Monsalve, Aragón, Moncayito, Olaya, Mariño –El Convicto-, Gálvez, (Los Siete Magníficos). El hombrecito va y viene por toda la ciudad buscando amor en una vespa, la cabra, mote tomado del epígrafe de Goethe puesto en el primer capitulo.

El hombrecito como el personaje de En brazos de la mujer madura de Stephen Vizinczey busca el amor de Sara Beltran, una mujer adulta, para paliar la indiferencia de Luz Marina Frias, El Poney, una colegiala esquiva a sus cortejos; también busca mitigar su sed de amor de púber en Myriam Aldecoa y una copera del salón de billar Las cuatro bolas. El hombrecito es virgen y quiere descorcharse, sería un mal resumen de la novela, aunque así es.

Con el contexto de las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, la guerra en Vietnam activa, la Alianza por el Progreso, la Guerra Fría, la visita de Kennedy a Colombia, bien podría ser un texto calcado de los dos primeros libros de Femina Suite. No es así, es en cambio una riquísima novela de iniciación, con el sello de la alegre lujuria de R.H., quien hizo una clasificación taxonómica del género femenino en Meninas, Mandarinas y Matriarcas y a las compañeras de los Siete Magníficos puso sobrenombres que dan cuenta de su mejor cualidad física o amatoria: El Poney, Culitolindo, Chupagrueso, La Merecumbé. En la novela se pregunta a una femina, "¿con que señorita con esas ojeras?"; se habla de un cura Camilo que se metió a guerrillero por ir detrás de una estudiante de sociología llamada Alicia Restrepo, por una causa asombrosa en palabras de Monsalve:”-No creo que a Camilo lo hayan vencido las tentaciones de la carne. Pienso que en su extraña determinación tuvieron mucho que ver las artimañas de los cismáticos y protestantes, de los anabaptistas y presbiterianos que lo rodeaban -dijo Monsalve, muy inspirado-. Y por eso, para ponerse a salvo de sus enemigos, decidió actuar como ellos, es decir, como un luterano: Primero se lo hizo a Alicia por el útero/ y luego, con algo de mañita, por el ano." Ahí está. R. H. con su regodeo lujurioso.

Nos dejo R. H. un texto que parece tener fines didácticos para jóvenes empalmados, con la testosterona alebrestada o para adultos que quieran recordar los primeros escarceos amorosos.