sábado, 4 de diciembre de 2021

La editorial Silver Editions lanza dos libros para esta navidad: Cuentos para Antonio y Neón ocultista.




Neón ocultista. 

Metaliterario, amoroso y final. (Spanish Edition)

 Por Juan Pablo Plata.




Ya disponible en Amazon Kindle en ebook. . El prólogo lo hizo el viento y lo revisó cierto tipo de láser.  Silver Editions se despide con fuerza del 2021.

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Un adelanto:

El mal de las fronteras

Por Juan Pablo Plata

Dicen que fueron las últimas palabras escritas por Antonio Machado:

«Estos días azules y este sol de la infancia.»

No hay en ellas una última voluntad

De apetito llena que repetiría el gozo

De lo más amado o deleitoso

Que en la vida mísera conoció.

No hay premonición.

Solo mirada en lontananza y para dentro del alma,

Para encontrar en el astro leonado los días de chico que ya se le han ido.

Era un vez más la impresión de la vista

Y su memoria sensible con el color,

Cerca de la frontera de sus toros, del antiguo Al-Ándalus dejado atrás, pero con los ojos puestos en otro lado donde los Gallos son todos rojos. Pienso a ratos en Stefan Zweig inmolándose en Brasil.

Con grandes plazos recuerdo a Walter Benjamin matándose en España, Pero siempre y muy seguido, veo a Machado, que ha cruzado a Francia, A salvo,

Solo para morir.

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lunes, 23 de mayo de 2016

Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.


Por Juan Pablo Plata.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis de todas las dimensiones espacio temporales conocidas y por conocer.
Van por ahí echando de menos esa mitad de isla donde sí pegan los huracanes.
Van por ahí echando de menos esa mitad de isla donde sí pegan los terremotos.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.
Van por ahí con sus vistosos y ruidosos vestidos alumbrando la vida.
Van por ahí alegres oyendo canciones en patua y francés.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.
La poesía no está o no sólo está consignada en libros.
Está en todo, así no la veamos siempre.
Está dentro de un taxi que ves pasar al lado de tu auto
donde tienes pensamientos racistas,
pero te pones a pensar en la belleza
que compone un hombre haitiano manejando un carro a toda mierda escuchando música, sin un pasajero en las sillas de atrás, mientras los textiles que cubren su vida, que es su cuerpo, no pueden ser ya más iridiscentes y coloridos: porque no volvería a haber arcoiris ni vudú macumba efectivo.
Parece que los haitianos manejan todas las naves del mundo.

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viernes, 18 de febrero de 2011

La poesía afrocolombiana

(Texto extraído del Almanaque Mundial (1977), Editorial América. Suplemento Colombia. Fiel reproducción del texto).

Es Colombia uno de los sitios del continente donde queda una preocupación, en los días que corren, por mantener viva la poesía negra. Es Candelario Obeso, colombiano del lejano siglo pasado, al que muestran sus compatriotas como iniciador de tal poesía en América. El aserto es negado por muchos.

De todos modos, en Candelario Obeso se encuentra tal preocupación por el negro, tal humanidad ante sus sufrimientos, que no hay duda de que el vate colombiano fue el pionero en llevar a la poesía del continente una labor de rescate que sólo ahora empieza a vislumbrarse, a pesar del auge que ha tenido en los últimos tiempos la moda afro.

Candelario Obeso, hombre de gran cultura, se percató pronto de la forma peculiar de hablar del negro –la que aún se usa en el Chocó y hasta en muchos lugares de la costa colombiana- y la llevó a sus composiciones.

Muerto este prohombre, viene el silencio, un largo silencio que llega hasta Jorge Artel. Con este profesor de la Universidad de Panamá, la composición negrista vuelve a florecer en forma culta. Estamos en pleno s. XX. Artel pertenece al renovador grupo que se autotituló Piedra y Cielo; para muchos, más que grupo, una verdadera generación. Él entronca con dos ramas: con la popular – en Colombia, entre el pueblo la poesía ha estado siempre pujante- y con la de los sufrimientos: la de Obeso.

Hay en la poesía de Artel un dolor palpitante, no apagado, el que ha perseguido al negro desde que los negreros lo tiraron, inhumanamente, como un fardo, en el continente.

De Artel se pasa a los dos hombres que más han hecho por conservar lo negro en Colombia. Uno de ellos es Helcías Martán Góngora, poeta de diversas aristas, artífice del verso, musicólogo del verso negro, verso que sale de su pluma con la cadencia de la jitanjáfora y el toque del tambor. También se cita, como clásica, esta poesía suya, de musicalidades extremas, logradas con el uso acertado de las palabras con resonancias. Por cierto que está por hacer un estudio profundo de estas palabras y de sus combinaciones posibles en castellano:

Aquí, Mattu Mulumba.
Mattia Mulumba aquí.
Tambo y tambor, tumbo y tumba,
santo y seña para mí.
Robo del rumbo y la rumba
e l paletón, el paujuí
aquí, en Mattie Mulumba
piangua en la panga y picualí.

Helcías Martán Góngora, hoy en plena producción, desde su revista Esparavel recoge con entusiasmo y crea los tintes negros de Colombia; y prohíja nuevos rapsodas como Alfredo Vanín Romero.

El médico Juan Zapata Olivella, diplomático, de familia que ha contribuido como pocas con las letras colombianas- su hermano Manuel es novelista de fuste y látigo- con Helcías Martán Góngora e Irene Zapata Olivella se empeña en cuajar en distintivo nacional los poemas afrocolombianos.

En Zapata Olivella se da el proceso de mitificación de la negra y de la mulata que se operó en la poesía afrocubana y que tuvo su arrancada en Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde.

En él existe, además, esa tendencia que consiste en acercar a la negra a la naturaleza. Esa unión con la naturaleza, tan propia de las regiones africanas traídas por los esclavos al continente americano. Como está presente la mulatización, la idea de que vivimos en un continente mulato, tesis que lanzó al vuelo el cubano Nicolás Guillén en Los dos abuelos. Lo que sigue de Zapata Olivella ilustra el punto:

Senos repletos de mi pura leche
abiertos a la vida dilatada
senos para la tierra descarnada
que también se alimenta de mi pecho;

senos en las ansias de mi llanto
sedientos de la amargura de dos mundos,
senos clamorosos y rotundos,
como dos remos de vibrante canto.

Sórbete mis senos negros,
y bébete mi leche blanca,
hazle en lo profundo cruel herida
y sabrás que mis senos, negros, sanos
nutrirán también tu propia vida.

De Negros senos, la poesía anterior, pasamos a Irene Zapata Olivella. Ella se aparta diametralmente de la vena colorista y folklórica. Negra, sufrida, adquirió ese degusto, si cabe llamarlo así, por lo trágico de su vida cotidiana y la de los negros en nuestra Amerindia sobre los que han pesado, como un trallazo, los sufrimientos ancestrales. Por eso su poesía destila fosa, tragedia, destierro. Pero mujer dotada de una sensibilidad exquisita, con un lirismo que parece polvo de mariposas flotando en el aire, por lo hondo y fino, hay en su obra una rebeldía instintiva, el deseo del negro de ocupar un puesto en el mundo de puro derecho.

Mención aparte merece otro grande: Hugo Salazar Valdés. Cantor errante, soñador bajo las estrellas del parque; recitador. Lo ven las piedras de Colombia en vagabundaje creador como nuevoCirio Bayo. Su fama rebasa fronteras y Simón Latino, en su recopilación de poesía afrocontinental, lo incluye.

La obra de este aeda es como su vida: dispersa; sin cuajar en libros; tirada por periódicos. Pero de una entraña colombiana maciza, férrea; musical en la que cobra categoría el mito de la mulata:

Oscura de tinta china
era la María Teresa:
pupilas de lumbre mora
piel de betún y de brea,
sonrisa de caña dulce
su boca de miel de abejas
y las manos como dos
guillotinadoras negras.

Con Marcos Fidel Chávez se patentiza en América un nuevo tipo de poesía. Ya no es el negro el que sirve de encuadre a sus poemas. Los que son negros son los versos. Negros, porque Marcos Fidel, de la raza del carbón, entiende que la labor del negro que poemiza es hacer un trabajo donde deje fuera la figura del negro y se plasme, en subidos matices, el dolor de éste, el dolor de vivir.

Luis Helio Rubio Sandoval, santanderino, es otro de los que han contribuido a la poesía negra colombiana. Él se adhiere a la veta que camina por la soledad, la tristura, la desazón negra. No ríe. Habla de crueldades.

La voz nueva de Colombia es la del estudiante de antropología Alfredo Vanín Romero, de Popayán. Ha sido presentado al ruedo por Helcías Martán Góngora. Escritor que cultiva el cuento, ahonda, además, en los misterios poéticos. Sus estrofas calan en la tradición dolorosa del negro.

Mientras la poesía negra ha ido languideciendo en muchos lugares de Latinoamérica, Colombia, como una de sus mejores tradiciones, la mantiene en esencia y cariño. Y ha formado, en el día de hoy, una escuela.

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viernes, 21 de enero de 2011

Poesía

Leyendo la revista Cuadernos de Literatura V.14, No. 27, Enero- Junio de 2010. (De la Universidad Javeriana de Bogotá) encontré dos poemas que me causaron gran emoción, de dos poetas desconocidos para mí hasta ahora: Solo de Alberto Ángel Montoya y un poema inédito del payanés Alberto Mosquera . Pongo los poemas abajo.
Mientras leía hace un mes Últimos tragos de Graham Swift, lo leído se me volvió vida cuando una vendedora de servicios funerarios me ofreció su mejor repertorio y me dejó su tarjeta de negocios. Todo fue simultáneo, al personaje de la novela le ofrecían cremación y entierro tal y tal, y a mí me interrumpían la lectura para la mismo.

SOLO.

Por Alberto Ángel Montoya.

A doña Enriqueta Montoya de Ángel. In Memoriam. 1938.

I

SOLO como el silencio de una vasta llanura
por donde nadie pasa.
Como el reflejo rojo
que después de la lumbre postrera y ya en la noche,
por un raro espejismo tiembla aún en el pozo.
Solo como el misántropo a quien le mata el frío
del invierno su perro. Como aquel sordo
que entra en las catedrales y mirándose a solas
comienza de rodillas su ruego silencioso,
en tanto que se escuchan sonoramente bellas
y unánimes, las voces del órgano y los coros.
Solo como yo mismo. Y yo no sé de nadie
que como yo en el mundo haya estado tan solo.
Hoy me he quedado solo. Humanamente solo.


Por Alberto Mosquera.

(En Datos biográficos de Alberto Mosquera. Manuscrito inédito, sin fecha).

Todo lo ya vivido está olvidado
todo lo conseguido ya perdido
todo lo bien amado, ya no amado
y todo lo perdido conseguido.

Vive el presente de lo ya pasado
Y existe muerto lo que fue vivido.
Era un soneto y como estoy jalado
en dos cuartetos me quedé jodido.

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