martes, 4 de agosto de 2020

Literatura electrónica. Mortara. Por Juan Pablo Plata. Hay un niño.





Hay un niño disfrazado de diablo. Por Juan Pablo Plata. By Hay un niño disfrazado de diablo gritando al otro lado de la tapia. Es hijo único. Se viste así cualquier día sin que sea 31 de octubre.
Es su uniforme para quemar animalitos con fósforos, en el patio, mientras los suyos desatienden sus acciones. Hay un niño disfrazado de diablo gritando al otro lado de la tapia.










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lunes, 6 de noviembre de 2017

Bariz Naranza


BARIZ NARANZA

Disponible en www.amazon.com/dp/B0776JPMJJ  Amazon en todo el  mundo con el programa de lectura Kindle o el dispositivo homónimo. 

CUENTOS

MANOLO GÓMEZ MOSQUERA


SILVER EDITIONS 2017


Libro enriquecido con audio e imágenes.

El Bariz Naranza es un cocktail de indiferencias, es un caos cotidiano tomado en copas de ternura. Es la metáfora de un barco cargado de dieciséis cuentos donde el ritmo y la palabra preparan un motín. Es el vértigo leído, calma si se siente y angustia si se piensa.

Manolo Gómez Mosquera.


¡Manolo Gómez Mosquera! El autor de ese libro-Bariz Naranza-órfico y maravilloso.

Giovanni Quessep.


Tercera edición del legendario libro Bariz Naranza, pero la primera digital. Lleva los 13 cuentos de las ediciones pasadas y dos nuevos, además de un enriquecimiento multimedia. Hay juegos de palabras, iteraciones, hipérbatos y muchos juegos posibles con la palabra en Bariz Naranza. Es un libro que fue adaptado muchas veces para ser contado por juglares en universidades y ágoras públicas; para ser dicho cuento a cuento en voz alta a otros. Esas palabras inventadas y saltos de volatinero con el lenguaje, marca distintiva de Manolo, van acompañados de historias de hombres y mujeres soslayados por el mundo y sus privilegios. La sinestesia, las parafilias, las compulsiones, los vicios, la alegría y la universidad de la calle componen historias de un conjunto de cuentos únicos y raros en el panorama hispano. Únicos y raros como virtud, no como otra cosa. Podríamos señalar influencias, similitudes y guiños a autores y libros de cuentos, pero preferimos dejar que la voz de Manolo haga estas declaraciones.
Sabemos por Manolo que de un bar naranja, una casa, una comuna artística (Sobre todo de video realizadores) que hubo en Popayán, Cauca, Colombia, a comienzos del siglo XXI (Donde mucho sonó Manu Chao) quedó este libro de cuentos que Silver Editions se place en presentar en su tercera edición.


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viernes, 26 de mayo de 2017

Texto recuperado. Lo mejor está por venir. Leído en la XXIII Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Lo mejor está por venir

http://blog.cuadrivio.net/desde-la-encrucijada/lo-mejor-esta-por-venir/



En su segundo número, Cuadrivio publicó Agentes secretos, un cuento de Juan Cárdenas incluido en la antología El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia (Cádiz, Algaida, 2010), de José Manuel García Gil. Juan Pablo Plata, editor de la ya extinta La Movida Literaria y amigo de Cuadrivio, nos comparte ahora el texto con el que presentó dicha antología en la XXIII Feria Internacional del Libro de Bogotá. 

Dedicado a Johann Rodríguez-Bravo y a la desaparecida revista La Movida Literaria.

Juan Pablo Plata

«Cualquier librería latinoamericana está desbordada de publicaciones españolas. En cambio, son poquísimas las librerías españolas con libros editados en Latinoamérica. Según datos del Centro Regional para el Fomento del libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), Europa es el mayor exportador de libros con el 54,8% del mercado mundial; Latinoamérica lo hace solo con el 2,9%, e importa de un solo país, España, libros por un valor parecido al que este país importa de todo el mundo, incluida Latinoamérica. Los editores latinoamericanos saben de la falta de apoyo de sus gobiernos. Los editores españoles, por el contrario, cuentan con fondos y recursos gubernamentales para promover ediciones privadas. Quizá la solución empieza entre los mismos actores del libro: lectores y escritores. Pero uno de los problemas es que el lector latinoamericano, a veces, menosprecia a las ediciones locales frente a las españolas, no solo por la calidad de impresión, sino porque supone que el autor latinoamericano publicado en España es superior a uno publicado en su país, más todavía si ese autor recibió un premio español.»

Lo anterior es tomado de la columna Lector ciego, escritor dormido, del escritor Leonardo Valencia (autor de Bogotá 39) en mayo de 2010 en el diario El Universo de Ecuador. 1) La cita sirve para celebrar con todavía mayor entusiasmo la antología que hoy se presenta, por las oportunidades de comunicación y reciprocidad que abre para escritores y lectores a ambos lados del Atlántico y también sirve para poner de manifiesto una vez más el desigual intercambio cultural y comercial en lo editorial en el mercado hispanoamericano y las altas posibilidades de éste para ser remediado con antologías, mejores políticas de distribución y edición, ebooks y dispositivos, y movidas más agresivas e innovadoras en gestión cultural.

2) Una anécdota escondida para ustedes puede explicar en gran medida la escogencia hecha en la antología: en algún momento entre 2009 y 2010 el escritor colombiano John J. Junieles, incluido en la antología, sugirió al antólogo José Manuel García Gil hacer la selección con un criterio adicional: excluir en lo posible ficciones con asuntos como el narcotráfico y la violencia e incluir en cambio narraciones acerca de las relaciones humanas y el amor. La sugerencia penetró el proyecto del libro hasta llegar al título y hoy tenemos un compilación temática de veintiséis autores, con un barrido de las generaciones nacidas entre 1962-1982. Con ese mismo criterio de exclusión de la sicaresca y lo narco hice en 2008 Señales de ruta, una antología de cuento colombiano, publicada por Arango Editores.

3) Si algo pueden delatar la antología y los autores seleccionados, es la sombra desdibujada de un patriarca querido, llamado por todos con excesiva familiaridad como Gabo. Por otra parte, me adhiero a unas declaraciones de prensa del antólogo, quien anuncia al lector del «rigor del cuento bien escrito por autores que abordan el género con la suficiencia necesaria y con un proceso creativo expuesto a las influencias más diversas.» A esto yo le agregaría la condición sana de los autores y las creaciones seleccionadas frente a una suerte de provincianismo o ansias de llevar en la literatura el sabor nacional a toda costa. Por ejemplo, muchas narraciones no ocurren en Colombia y sus temas son ajenos a cualquier realidad política o geográfica totalizante o precisa. No sufren pues los autores del síndrome de Falcón definido por el ecuatoriano Leonardo Valencia, es decir, que por más colombianas que sean las narraciones no llevan por obligación realismo mágico, El Poporo Quimbaya y Juan Valdez desintegrados en letras de molde; violencia, narcotráfico, un sombrero vueltiao o aguadeño o la esencia nacional y/o latinoamericana requeridas y esperadas en nosotros en décadas pasadas por lectores, agentes literarios y editores en otras latitudes. Aplaudo la inclusión de autores cercanos en el trato como Andrés Mauricio Muñoz, Sebastián Pineda y Carlos Fernández y de otros desconocidos del todo para mí como Marta Orrantia, Federico Escobar y los cartageneros Víctor Menco y Rodolfo Lara, a quienes me dispongo a seguirles la pista.

4) El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia es un libro compuesto por las ficciones de los ciudadanos nacidos en un país con un conflicto armado activo que ha desplazado a más de tres millones de personas según un último balance de la agencia ACNUR; un país narco y violento, pero irreducible a esas categorías, donde muchas otras cosas ocurren y pueden ser contadas. Doy gracias al señor José Manuel García Gil y señores del Ayuntamiento de Cádiz y Editorial Algaida, Grupo Anaya por permitir a los lectores de español en el mundo conocer otras realidades e invenciones nacidas de un país estigmatizado como violento a la vez que encubierto bajo la sentencia mentirosa de: Colombia, el riesgo que te quieras quedar. Nada es como lo pintan.

5) Coda. El listado sabatino de cada ocho días de los libros más vendidos en Colombia del diario El Tiempo no corresponde con la verdad. El listado es amañado, porque no corresponde con las ventas reales, ni con el sentido del título o la frase «Los más vendidos», que corona un cuadro con un escalafón de diez casillas. Podría ser cierto, si dijera «Los libros más vendidos en la cadena de Librería nacional», en letra grande, es decir, en puntaje alto de procesador de palabras. El listado dicho, lleva abajo, en letra diminuta, el crédito de la fuente: la cadena de librerías. Lo peor, o parte del daño del listado, son las réplicas hechas de él en otros medios, en instituciones promotoras de lectura o del negocio de los libros y en agencias de prensa internacionales. En casi todos aparece sin la explicación de la fuente y entonces el listado es tomado como los libros más vendidos en Colombia en vez de los libros más vendidos en la cadena. Refiero esto como una mínima prueba (porque habría otras) de cómo el canon de la literatura colombiana está dictado por las mafias editoriales, revistas, conglomerados y agentes literarios, entre otros, pero a veces aparecen esperanzas como una antología de cuento colombiano editada en España o una editorial independiente ajena a los traficantes de la nada, como Babel Libros, por citar un ejemplo. El corazón habitado incordia y alegra ya a excluidos, escritores y lectores y a la mafia dicha. Con todo, podemos estar seguros de cómo lo mejor está por venir en la literatura colombiana, si no, lean la antología. 

[*] Texto leído en la XXIII Feria Internacional del Libro de Bogotá en la presentación de la antología El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia.

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jueves, 27 de abril de 2017

Sigue disponible Señales de ruta en libro digital (Ebook) en Amazon.





Una de las primeras antologías de cuento colombiano 

del siglo XXI. 



Señales de ruta disponible en Amazon USA


http://www.amazon.com/Señales-ruta-Spanish-Edition-ebook/dp/B008QH7EU8/ref=pd_rhf_ee_p_t_1

Señales de ruta disponible en Amazon España


http://www.amazon.es/Señales-de-ruta-ebook/dp/B008QH7EU8/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1348658710&sr=8-1


Señales de ruta
(Antología de cuento colombiano)
Selección y prólogo de 
Juan Pablo Plata
Arango Editores, 2012.
235 páginas
(17 cuentos)


Señales de ruta reúne a un colectivo y dieciséis narradores colombianos dignos de los primeros años de un siglo y milenio, para que se unan al grupo de exploradores del abismo que se presenta en las letras hispanoamericanas. 
(Enrique Vila-Matas, dixit.)


Resta la lectura morosa para hacer el juicio de los autores incluidos con el favor de la crítica, los lectores y el mejor juez literario: el tiempo. Todos los autores de Señales de ruta tienen un tiquete sin destino.

Carolina Alonso (1972) / Gato traidor.
Liliana Carbone (1972) / Cárcel blanca.
Andrés Burgos (1973) / El cuadro del abuelo.
Ignacio Piedrahíta Arroyave (1973) / Terapia.
Diana Ospina Obando (1974) / Equipaje de mano.
Gabriela Santa (1975) / Human nature.
María Castilla (1975) / Entre las estaciones centrales
Javier Arturo Moreno (1977) / Cricket.
David Roa Castaño (1977) / Yo también.
Juan Álvarez (1978) / 31 de diciembre de 1999.
Juan Sebastián Cárdenas (1978) / Combustión espontánea.
Gerardo Ferro Rojas (1979) / La comunidad del autobús.
Orlando Echeverri Benedetti (1980) / La noche sin balas.
Johann Rodríguez-Bravo (1980-2006) / Teoría de la muerte.
Rubén Varona (1980) / Un vuelo de algo con alas de polvo.
Sebastián Pineda (1982) / La decadencia de lo bacano.
Las filigranas de perder / Siete hierbas y un gatito.



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lunes, 16 de marzo de 2015

El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia.

Ya llegó a Colombia, desde España, EL CORAZÓN HABITADO (Últimos cuentos de amor en Colombia) Editorial Algaida, España. Lo encuentran en Librería Panamericana sucursal de la Calle 170 Kr. 45 y Calle 12 con Kr. 7 Bogotá y en el resto de Colombia. $15.000.

El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia.
Selección y prólogo de José Manuel García Gil

Editado en Cadiz, España (Editorial Algaida), 2010.
La colección Calembé es una iniciativa de la Fundación Municipal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz, y se publica en coedición con Algaida Editores.

PRESENTACIÓN:
LUGAR: AUDITORIO
JOSÉ ASUNCIÓN SILVA. FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BOGOTÁ.
DÍA: DOMINGO, 22 DE AGOSTO DE 2010
HORA: TRES DE LA TARDE.

ÍNDICE DE ESCRITORES PARTICIPANTES:

- JORGE FRANCO “Besos bruscos” (1962)
- SANTIAGO GAMBOA “Urnas” (1965)
- CARLOS CASTILLO QUINTERO “Reunión familiar”(1966)
- JOHN J. JUNIELES “El amor también es una ciencia”(1970)
- MARTA ORRANTIA “Ella y él” (1970)
- JUAN CARLOS RODRÍGUEZ “Funciones” (1971)
- RODOLFO LARA “Sentada en su interior” (1972)
- CAROLINA ALONSO “Silverstone” (1972)
- PILAR QUINTANA “Una segunda oportunidad” (1972)
- ANDRÉS BURGOS “Viernes” (1973)
- IGNACIO PIEDRAHÍTA “Terapia” (1973)
- CAROLINA SANÍN “Una hoja”(1973)
- JUAN GABRIEL VÁSQUEZ “Lugares para esconderse”(1973)
- ANTONIO UNGAR “Darse un paseo”(1974)
- ANDRÉS MAURICIO MUÑOZ “Carolina ya no aguanta más”(1974)
- DIANA OSPINA OBANDO “Compras de domingo” (1974).
- RICARDO SILVA ROMERO “Diagonal”(1975)
- MARGARITA POSADA “Malvados rojos”(1977)
- JUAN SEBASTIÁN CÁRDENAS “Agentes secretos” (1978)
- JUAN ÁLVAREZ “Idioma” (1978)
- GERARDO FERRO “Huevos revueltos” (1979)
- CARLOS FERNÁNDEZ “Aura o nunca” (1979)
- FEDERICO ESCOBAR “Un accidente” (1979)
- JUAN PABLO PLATA “Círculo menor” (1982)
- SEBASTIÁN PINEDA “El pub” (1982)
- VÍCTOR MENCO “¿Quién pagará mi cuenta?” (1986)

El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia.
Selección y prólogo de José Manuel García Gil.
Editorial Algaida. Colección Calambé. Grupo Anaya.
España.
416 Páginas
I.S.B.N.: 978-84-9877-459-7


(Epígrafe)
Después de aquello, se hizo bastante tarde, y ambos nos teníamos que marchar, pero fue genial ver a Annie de nuevo. Me di cuenta de la maravillosa persona que era y… y de cuanta diversión me había aportado conocerla. Y entonces pensé en aquel viejo chiste, ¿sabes? Este tipo que va al psiquiatra y le dice «doctor, mi hermano está loco; ¡cree que es una gallina!» Y el doctor le dice «¿y por qué no le interna?» y el tipo le dice «Lo haría, ¡pero necesito los huevos!». Bueno, creo que eso expresa justo cómo me siento con respecto a las relaciones: ¿sabes? Son totalmente irracionales, excéntricas y absurdas y… pero bueno, supongo que seguimos en ellas porque la mayoría de nosotros necesitamos los huevos.

Woody Allen. Annie Hall

Prólogo

Por José Manuel García Gil.

I

El amor da mucho que escribir. Que una fuerza tan elemental llene tantas páginas de la literatura occidental se debe, seguramente, a que condensa todo lo que nos preocupa: lleva en sí el deseo y la felicidad de estar vivos, la angustia del tiempo y el sueño de escapar a la muerte, el anhelo de la libertad, la necesidad de no estar solos y comunicarnos con el otro y la necesidad de compartir emociones, pensamientos y experiencias.

Cuando en 1936, Walter Benjamin constataba la crisis del arte de contar, añadía que la misma provenía precisamente de la privación de la facultad de intercambiar experiencias. Verdaderas experiencias. Y sugería volver a los sabios para recuperarlas: a los que han viajado mucho y a su vuelta traen en su relato peripecias de los espacios lejanos a los que han ido y, en segundo lugar, a los que han oído numerosas his torias de su lugar de origen y las transmiten. Ambos contagian, según el escritor alemán, experiencias y radian indicaciones prácticas sobre la vida.

Treinta años después, Frank O’Connor le corrige y sostiene que los cuentos proceden de las voces solitarias de la sociedad. Es decir, el cuento contemporáneo prescinde de esos héroes que habían partido, sufrido y triunfado en los renglones de la literatura anterior, y presenta a figuras necesitadas, humilladas o perplejas —lo que Simone Weil llamó los «seres de desgracia»— cuyas peripecias serán las que construyan una nueva morfología del relato.

Estos cuentos colombianos que se disponen a leer responden, de algún modo, a estas dos cuestiones: recuperan lo sugerido por Benjamín, es decir, la experiencia de contar, en este caso, esos usos amorosos en una época que refuta la solidez y la durabilidad de las emociones y sentimientos y muestra, a la vez, su preferencia hacia las voces solitarias, pues en el amor uno se siente paradójicamente solo, indefenso, en esa vivencia convulsa, en ese impulso que nos lleva a buscarnos fuera de nosotros mismos.

El héroe principal de estas historias son las relaciones humanas, protagonizadas por hombres y mu- jeres, contemporáneos nuestros, que al sentirse fácilmente descartables y abandonados a sus propios recursos, andan siempre ávidos de la seguridad de la unión, desesperados por relacionarse, por conectarse. Y que, sin embargo, desconfían de estar relacionados porque temen que ese estado, impenetrable y enigmático, pueda de un dulce sueño transformarse en una atroz pesadilla. Todas son secuencias de lo cotidiano, carne de la celebración impecable de unos pecadores en la atmósfera intemporal que rodea la paradoja de unas emociones a las que estos escritores aportan su mirada escéptica y solitaria, irónica y lúcida.

El amor, lo que normalmente se entiende por amor, recordaba Rosa Montero, es, de entrada, como toda la literatura, una mentira, una sustancia imaginaria, un espejismo que se beneficia de varios milenios de celebración teatral y novelesca. Y de la apuesta exagerada de toda una civilización por su sostenimien to. Ahora bien, la pasión, esa inmadurez eterna que lo engendra, es un espejismo sustancial, una ficción de altura, a menudo la mejor fantasía que puede llegar a inventar una persona en toda su vida, aquella que eventualmente puede llevarnos a un cambio en el mundo.

En El espejo de las ideas Tournier viene a decir algo como que, en aras de ese posible maravilloso, todo lo que no toleraríamos jamás a un amigo, un acto de vileza, por ejemplo, lo toleramos y lo aceptamos en el amor, pues el amor, en ocasiones, y al contrario que la amistad, también se alimenta de la vileza, de la co bardía, de la bajeza. Ahí está la necesidad de amar a quien nos daña; o el deseo del daño y del dolor. Y el peligro como acicate del deseo. El sexo como venganza y como combate. O la necesidad de destruir aquello que quieres. El amor y la historia, están llenos, como estos cuentos, de ejemplos que certifican ese aspecto dual que nos tiene desde tiempo inmemorial bastante confundidos.

II

Aunque no todos sepan situar Colombia en el mapa de América, sí que saben de su existencia por el grueso de frases hechas e hiperbólicas con las que ha sido descrita por el resto del mundo. Un tobogán de citas que la sitúan durante un minuto en el paraíso y un minuto después en el infierno. Un país que emerge con todas sus lacras, pero también con todos sus brillos. Un país donde en un acto se habla el mejor español, con la mejor tradición de poetas o lingüistas, y en el acto siguiente narcotraficantes estrafalarios o sicarios verbalizan el más incongruente de los códigos de honor.

O nos imaginamos el país envuelto en el aroma del café más suave del mundo o como la tierra donde la violencia se respira como un elemento más del aire; la patria del Nobel de literatura más popular y global, pero también la de la guerrilla, los paramilitares o de capos de la droga; el mágico lugar donde la gente llena durante días cualquier recinto donde hablen escritores o el trágico donde proliferan los secuestros, las desapariciones, los desplazamientos masivos y las matanzas cometidas con la mayor sevicia.

Una suerte de enigma, de sorpresas, de rupturas y zonas intransitadas, esta Colombia de brumosa rea lidad en la que se abren paso las voces aquí recogidas para abordar sus emociones y sentimientos en medio de un escenario cuya intensidad les desborda a la vez que les enfrenta de un modo acelerado y abreviado con su vorágine de tiempo, felicidad y penas.

III

Durante décadas la literatura en Colombia dio la impresión de estar sometida a la férrea etiqueta del
«realismo mágico», cuya hegemonía pareció intocable bajo la sombra de un García Márquez transformado en gurú de sus letras. Sin embargo, empiezas a des- granar la lista de autores y muchos y muy buenos se han ido despegando del «modelo napoleónico del escritor latinoamericano». Nuevos escritores —podrían citarse, entre otros, a Jorge Franco, Mario Men- doza, Santiago Gamboa, Laura Restrepo, Efraim Me- dina, Octavio Escobar, Ricardo Silva, Antonio García, Juan Gabriel Vásquez— que oponen una nueva épica, o una huida al desierto, con evidente resonancia, des- pués de tantos años de selva portentosa.


Colombia no tiene un autor que, como Borges, Cortázar o Julio Ramón Ribeyro, deba su fama a este género tan mal comprendido que es el cuento. Las ficciones breves que allí se escriben hasta 1950 perte- necen más a las formas antiguas del relato: la tradición oral, el folclor medianamente estilizado, el cuadro de costumbres. Y, aunque las que se escriben después de esa fecha no nos permiten hablar con exactitud de una nueva generación de cuentistas colombianos, sí que evidencian un cambio de actitud hacia un género considerado siempre como la cenicienta de las letras. El camino del cuento ya no es, por tanto, para esta épo-ca, excepcional, sino que es apreciado cada vez más como un horizonte estético en sí mismo, como una posibilidad a la que los autores se entregan con devoción y que les sirve, sobre todo a los más jóvenes, de carta de presentación en el mundo literario. Todo esto ha generado una desigual eclosión del género a través de antologías realizadas con los pretextos más diversos (temático, y surgen cuentos eróticos, de mujeres, urbanos, caníbales, de ciencia ficción o de la calle y geográfico y entonces el cuento puede ser bogotano, barranquillero, vallecaucano, antioqueño, caldense…).

Lo cierto es que la lista de cuentistas es amplia y sigue creciendo. Un hecho importante es que muchos de estos narradores surgen alrededor de revistas alternativas, de blogs, lo que evidencia no sólo la existencia del género, sino su novedad y exploración temática y formal y la presencia por estas vías de algunos autores que merecen mencionarse y salir del silencio editorial o crítico.

En el origen de este giro literario se encuentra un saludable eclecticismo y los logros más notables en el terreno de la intertextualidad. Estamos de regre- so de lo que hicieron los autores del boom y es la in- fluencia de los medios, del cine, de la música, de la red, la que marca el rumbo de buena parte de la lite- ratura colombiana más joven.

Así, en el prólogo de la antología Señales de ruta, Juan Pablo Plata advierte: «Maduros en su proceso vital y literario, los autores parecen desleír las teorías sobre el cuento de los maestros del género narrativo —Poe, Quiroga, Cortázar, Anderson Imbert, etc.— con el olvido de ensayos y decálogos que antes eran pre- ceptivas y guías fijas, para ser hoy pequeñas sugeren- cias. La libertad en voces, tonos y referencias mass media o transculturales permiten cuentos con enrique- cedoras menciones televisivas, cinéfilas y librescas, entre otras; cuentos infractores de las señas dadas por los maestros, por intimistas, por usar lenguajes de otras artes, diálogos rápidos y un humor negro en su mayoría, apto para lenitivo de lectores escapistas o bien para aterrizar a estos mismos y hacerlos volver a la realidad.»

La narrativa colombiana actual es prolífica y diversa. En un país donde la literatura está viva es lógico que tenga que haber registros muy variados. Esta antología lo pone de manifiesto y ofrece una heterogeneidad tan amplia como sugerente. Formas, recursos, procedimientos y, sobre todo, dominio del lenguaje, caracterizan esta nómina de autores que tratan de afianzar el papel del relato dentro de una narrativa que, como la colombiana, sigue teniendo en la novela su género más preciado.

IV
Los escritores no son importantes por el lugar donde nacieron sino por lo que hacen en tanto tales, por lo que nos dicen en el momento y el lugar oportunos, de la manera que mejor les sale. Lo colombiano en este colectivo se define, por tanto, como lugar de procedencia o lugar de trabajo. El abandono de las esencias nacionales –la idea de patria y exilio— y políticas –el compromiso—, no erradicadas del imaginario creativo sino reformuladas, hacen que esta literatura aspire a ser de todas partes, a simbolizar cualquier espacio, al desprejuicio territorial, en definitiva. Juan Gabriel Vásquez en su propuesta Al filo de la navaja: diez cuentos colombianos ya señalaba cómo algunos de estos autores habían pasado la mayor parte de su vida adulta fuera de Colombia (Santiago Gamboa ha vivi- do en tres países, Antonio Ungar en cuatro, Juan Álvarez y Carolina Sanín viven en Nueva York o Juan Sebastián Cárdenas y Juan Gabriel Vásquez en España). Otros tantos han viajado a lo largo y ancho de este mundo, lo que les ha curado el apego. Muchos son periodistas o están relacionados con la comunicación. Son autores que miran hacia fuera: por la razón que sea, su proceso creativo se ha visto irremediablemente expuesto a las influencias más diversas. Como señala Orlando Mejía Rivera, estos escritores «reflejan códigos y situaciones de la Colombia de hoy a pesar de que están, simultáneamente, en la dimensión del arquetipo universal». Y se nota: una poética que, al contrario de lo que le sucedió a Borges o a Cortázar, «ya no tiene que explicar sus querencias extraterritoriales, ya no tiene que entonar un complicado mea culpa cada vez que decide ubicar un relato en otro lugar del mundo o usar un texto clásico como metáfora o como pretexto.» Cuando la realidad colombiana asoma, lo hace distraídamente, casi pidiendo disculpas por entrometerse en los complejos destinos individuales: en los del amor, en nuestro caso.

V

Como el mundo cambia tan aceleradamente en los últimos decenios, expresar las sensibilidades del presente requiere una constante renovación generacional. En El amor en los tiempos del cólera del omnipresente García Márquez las relaciones amorosas avanzaban a través de mensajes enviados por medio del telégrafo. Un amor de hoy va por mails, por teléfono, chat, sms, mensajes de móvil a móvil… Todo cambia. Los sentimientos quedan, hasta las palabras para expresarlos se repiten, pero el medio y la sensibilidad se renuevan.

En el curso de sus nueve siglos de historia, la cultura amorosa ha conocido diversos deslizamientos del centro de gravedad, rupturas de la gramática y de prácticas, modas, pero también prolongadas continuidades, umbrales y mutaciones repartidos a lo largo de su dilatada peripecia.

Ahora bien, por profundas que sean, dichas mutaciones no deben hacernos perder de vista que el invento occidental del amor ha legado a la sensibilidad humana un estilo, un ideal en cierto modo imperecedero que ha conservado rasgos casi permanentes. La transformación de la intimidad, la división social de los sexos, se ve recompuesta, reactualizada bajo nuevos rasgos.

No vivimos hoy igual que hace cien años, tampoco nos relacionamos de la misma manera. El afecto ahora se adecua a cualquier entorno, tal como el agua a cualquier recipiente —de ahí que se hable de amor líquido—, de manera efímera, empírica. Pero, a pesar de todos los males y todas las desgracias, el nuevo desorden amoroso sigue declinándose en la pareja. Se ha diluido la idea de duración y la gente gestiona su biografía sin la idea de un proyecto a largo plazo, pero permaneciendo la pareja como un residuo de vida sólida en la vida líquida. Sería fácil decir que «nadie se casa hoy con nadie», pero así es. No hay pactos políticos, ni acuerdos internacionales, ni conciertos contra el cambio climático, ni vida conyugal.

La nueva pareja abandona, en todo caso, su formato asimétrico tradicional y se convierte en una –son palabras de Vicente Verdú— open source, cuyas partes pueden llegar de cualquier parte y con orientaciones sexuales de todo tipo. Ni faltará la sexualidad, ni la amistad, ni la ternura ni la mapaternidad puesto que su diseño no responderá a un patrón preestablecido. Las relaciones se han ido transformando o reorganizando a lo largo de un combate continuo y en medio de un sistema capitalista que las complementa. Hombres y mujeres se acostaron con la ideología de la fidelidad y se despertaron con las páginas web que organizan adulterios. En un entorno nuevo y sobrecargado de referencias subjetivas al mundo amoroso y afectivo, ambos se muestran paradójicamente cada vez más fríos. Y en todo este desconcierto de experiencias humanas hunden su pluma estos escritores colombianos para contarnos fragmentos de una realidad que, por literaria, nunca ha sucedido.

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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Desamor en segunda persona

Un cuento -Desamor en segunda persona-.
Por Juan Pablo Plata. http://www.kienyke.com/kien-bloguea/desamor-en-segunda-persona/

Nadia: respóndete y olvida.
Esperabas que todo fuera bien contigo (entre tú y él).
Estás encantadora, como casi siempre, con un poco de rojo en tu ropa y con el cabello suelto, pero con un tocado de flores en el lado derecho de tu cabeza, justo arriba de la oreja. Antes escribías correos cada mañana a Carlos, el puertorriqueño, para consultarle cómo andaban tus cosas con él, con el rollito aquél que tenían cuando no te habías despegado del todo, hace ya un mes largo, cuando podías haber hecho algo por la causa de esa relación. No sabes si podrás dejarlo. Es algo que de alguna manera te quieres preguntar y responder de manera positiva, en algún momento, pero todavía no has podido. No te gustaría encontrártelo, sentirte la cara sonrojada o darle la cara maldadosa con que le dirías que ya tienes a alguien nuevo rondando tu corazón, así sea una mentira a medias. Hoy vas a salir a la calle, tienes una cita y una esperanza chica a la que te agarras con fervor.
No subestimas tu inteligencia, antes la temes, y por eso quisieras preguntarte esto anterior y respondértelo de manera positiva. Decirte a viva voz, dentro de tu cabeza, que ya no lo quieres, que no lo necesitas. Sabes que difícilmente puedes olvidar con rapidez en el tiempo sin beber. Estás devastada por no haber obtenido un concurso de poesía en el que alcanzaste a estar de finalista. Ahora solo te queda uno de cuento, uno que vas ganar, te dices. Te cuentas esto, inicias un susurro sin palabras coherentes, como para arrullarte, para justificarte la debilidad emocional frente a las secuelas del desamor. Te tocas la cabeza, te consientes. Te condueles. Eres tu propio lastre. Pobrecita. Nadia la dolorida, la muchacha entusada.

No sabes qué demonios es lo que quieres decirte. A lo mejor sí lo sabes pero no te salen los pensamientos claros como deseas. Pasa que esto que te preguntas suena muy comprometedor, igual que puede ser contestártelo, pero quieres explicarte, antes de acabar por ahora, que no te lo preguntas con la intención de establecer una distancia frente al pasado, ni con la intención de olvidar de verdad. Te gustaría, no tan en el fondo, que todo volviera a ser como antes entre tú y él. Cómo te gustaría. No sabes qué demonios es lo que quieres decirte pero así te sale. Te repites en la cabeza un poema de Velarde sobre el desamor, parece que también lo susurras, quieres dar brisa a tu cara, templar tus nervios para poder mirar un nuevo día, otro de la penitencia del olvido, de la soledad. Sales de casa, miras a los transeúntes y deseas que les rompan el corazón tan duro como a ti y que no puedan olvidar jamás. Hace más de un mes que no sales de tu barrio y sientes que tu malestar amoroso se ha eclipsado porque vas a verte con otro hombre. Llevas una falda roja, un tocado nuevo en la sien y el entusiasmo necesario que llama a las cosas buenas de la vida. Eso te dices. Debes ir a cobrar un cheque por tus derechos de autor, pagar unos recibos y llegar a las diez al museo para ver las fotografías de David Nebrada y encontrarte ahí con Roque, tu levante de hace dos meses en una fiesta de lanzamiento de un libro XTR de la editorial que publica tus libros. Todavía no sabes si podrás dejar al puertorriqueño. Te vas.

Carlos: Todo lo conviertes en canciones. 

Ya no haces literatura. La quieres de vuelta. No has vuelto a recibir correos de Nadia desde hace un buen rato. No puedes desdecirte. Ya está hecho. La cagaste. Todas las repuestas groseras y descaradas que le diste a sus mensajes por correo electrónico te revuelven el seso ahora, te hacen sentir un miserable arrepentimiento. Te debiste haber medido con las palabras. Carlos, maldita sea, has hecho de tu vida amorosa un desastre. Has vuelto por tus pasos para ser un desgraciado contumaz. Todo tu dolor lo vuelves baladas, rancheras, rock, para intentar olvidar, pero a ciencia cierta lo que más quieres es agarrar fuerza para ir a pedir canoa. Decirle: Nadia, mi amor, volvamos a estar como antes, pero mejor. No bebes para olvidar. Oyes, en cambio, canciones sobre el desamor y haces duplas y mientras oyes los discos te dices: mi vida amorosa, mi vida sexual necesitan más Motorhead y menos Rocío Durcal; más Depeche Mode y menos Daniel Santos; más Carpathian Forest y menos Camilo Sexto. Eres un escritor puertorriqueño. Qué esperas para valerte de las palabras. Ya comienzas a escribir una carta. 
Marzo 15 de 2003 
Nadia, mi amor. Voy al lugar interno de mi escritura en que todo se produce en grandes cantidades cuando el amor y la tristeza lo piden. Sin embargo, siempre he perseguido lo concreto como otros, lo breve y sustancioso en prosa y en acción. Y puedo decir que mientras tenga tiempo libre en mis labores voy a seguir escribiéndote cosas, porque desde que te conozco así esté hablando y escribiendo de otras cosas ajenas a ti, lo he hecho para ti. Cuando no escribo para ti, escribo para ti de todas formas. Cuando le hablo a los demás es para que me oigas, así no estés presente. Voy detrás de ti con la esperanza ida. Es lamentable querer y no ser querido. No espero muchas cosas después de esta vida, espero no siga nada. Me importa esta vida más que la que dicen que sigue, pues en la de ahora estás tú. Se me antojan días digeribles, sin importancia, los de ahora sin ti. Y uno puede hablar del amor, del dolor, de gotas saladas, de penas por años, pero sabe en palabras y acción que la historia de un amor no es la historia del fornicio entre una pareja, sino de la ternura que dos se dieron o negaron con intermitencias. No quiero que nos dejemos ya más. Hay que seguir siempre juntos. Te puedo decir mentiras bellas ahora mismo: te voy echar de menos las tres próximas vidas. Falso. Nadie sabe cómo es la vida futura, o si son varias o qué. Falso porque nadie sabe, pero haría eso por ti. Eres el móvil de mis más dolorosas pasiones porque te quiero tener en vida. Lo has conseguido: has escrito la carta. 

Es un texto hermoso, cursi y sincero frente a tus ojos y tu corazón roto. Esperas que sea efectivo para poderte deshacer del bloqueo de escritura que la falta de Nadia te ha causado. La carta es la prueba de lo mucho que la necesitas en tu vida, pero también es la prueba reina de tu sequía creativa. Es el único texto que has hecho desde que la dejaste. Carlos, maldita sea, te estás volviendo loco sin ella. Te va tocar como a Ray Loriga quien escribió Ya solo habla de amor cuando lo dejó Christina Rosenvinge, la mismita rubia bomba de la banda Christina y los subterráneos: escribir una novela sobre el desamor para curártelo y no echar a perder tu carrera literaria. Te quedas. 

@jppescribe

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domingo, 24 de abril de 2011

Reseña: Cuentan. Relatos de escritoras colombianas contemporáneas.

Cuentan. Relatos de escritoras colombianas contemporáneas.
Luz Mary Giraldo.

Sílaba Editores, Colección Madremonte, 2010, 218 págs.


Por Juan Pablo Plata.

¿Se puede reseñar una antología de relatos de mujeres sin hablar de la opresión femenina en el pasado? Se puede y se debe: son otros tiempos los que corren y las mujeres ya tienen abiertos muchos espacios que antes les estaban vedados en diversas actividades humanas; entre ellas el cultivo de las artes. Por retórica que suene la pregunta, la intención al hacerla es evitar el sesgo paternalista a la hora de tratar con ficciones hechas por damas en la crítica literaria.

La antóloga Luz Mary Giraldo quien ha hecho varias compilaciones de cuento colombiano, cae en el prólogo del presente libro en el viejo tópico de la opresión femenina para soslayar cualquier comentario directo sobre la antología presente, que por lo demás deja mucho que desear en cuanto a calidad literaria frente a la previa antología de relatos de mujeres hecha por ella misma: Ellas cuentan. Relatos de escritoras colombianas de la colonia a nuestros días (Seix Barral, 1998). El prólogo presente en el libro que atañe a esta reseña parece más un prólogo para el excelente libro de 1998, puesto que no se cita en él a ninguna de las veintidós escritoras ni sus relatos. Giraldo hace un breve recorrido por la crítica literaria y la producción de literatura de mujeres en Latinoamérica y habla de su anterior antología ya citada, pero de Cuentan. Relatos de escritoras colombianas contemporáneas no nos dice nada.

En la contraportada del libro van dos comentarios elogiosos de parte de los novelistas Rodrigo Parra Sandoval y Roberto Burgos Cantor. Hay que decir que los aplausos de los dos escritores son inmerecidos por casi la mayoría de los relatos. En casi todos los relatos no prima ni el estilo sobra la trama, ni la trama sobre el estilo. No hay sustancia, no hay riesgo, no hay nada divertido ni bello o esforzado en narraciones que están bien escritas, pero que no pasan de ser una suerte de ejercicios de escritura muy mediana. De aquí en adelante, para variar el tono, sólo vamos a hablar de los mejores relatos de la antología.

Antes pasar revista a algunos de los cuentos, comencemos por decir que Lucía Donadío, editora de Silaba Editores, a pesar de autoeditarse, salva con su propio relato un libro con narraciones de autoras más cercanas al diletantismo literario que al verdadero arte de la palabra que acusan las notas biográficas que se encuentran al final del volumen, donde las escritoras aparecen con múltiples publicaciones y un palmarés jugoso. No es la escritura descuidada el problema, lo es la falta de capacidad para narrar con mínima solvencia y sin tantos lugares comunes. El relato de Lucía Donadío, Esa señora tan buena, en primera persona, describe con genio la astucia de una empleada del servicio doméstico cleptómana. El cuento Carolina en mi funeral de Carolina Sanín Paz es una muestra más de la destreza literaria de esta autora, que se vale en esta ocasión del humor y la autoficción, es decir, de la mezcla entre ficción y biografía personal, para contar la vida de una estudiante latina en Nueva York, que vive constantemente acechada por el lastre del pasado vivido en su país de origen. Helena Araujo, con El tratamiento, nos lleva por la vida y la mente de una mujer que es convertida en un despojo humano por su esposo y familiares, quienes la someten a una innecesaria estancia en un hospital para locos. Amalia Lú Posso Figueroa, en Divina Barceló Mecino, usa un lenguaje caribe útil para narrar una historia de amor tejida entre un sordomudo y una mujer con unos ojos que hechizan las cosas animadas e inanimadas de la realidad. Soad Louis Lakah, en El peso de una corona, refiere el ascenso y caída de una reina de belleza que termina presa de la megalomanía y el narcotráfico, y muerta de manera violenta.
Los pocos relatos enumerados hasta aquí son aquellos que poseen alguna valía literaria, por no estar plagados de lugares comunes, tramas costumbristas y parroquiales y porque superan la correcta ortografía y la regular sintaxis de los demás relatos y permiten un verdadero goce con su lectura. Los otros relatos tienen, entre muchas otras cosas que rebajan la calidad de la antología: la repetición excesiva de las palabras nostalgia y amor, el uso maltrecho de refranes populares y del parlache sin conciencia semántica, además de la también repetida narración de la ingesta de vino en encuentros amorosos. Esto por citar los menos graves de los lugares comunes que empobrecen los relatos.

A quien esté interesado en leer relatos escritos por mujeres con valía literaria, porque tal vez la reseña haya suscitado la curiosidad o el deseo de tener un punto de comparación, le sugerimos que vaya en busca de los siguientes títulos y escritoras: Ardores y furores. Relatos eróticos de escritoras colombianas; La vida te despeina. Relatos de escritoras latinoamericanas; Amores malditos de Susana Castellanos de Zubiría, o cualquier libro de Laura Restrepo.

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domingo, 5 de diciembre de 2010

Lo mejor está por venir en revista Cuadrivio



Por Juan Pablo Plata

Texto de presentación de la antología El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia (Cádiz, Algaida, 2010) en la XXIII Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Para continuar leyendo en Cuadrivio haga click en esta frase.


A Johann Rodríguez-Bravo y a la desaparecida revista La Movida Literaria.
Juan Pablo Plata
«Cualquier librería latinoamericana está desbordada de publicaciones españolas. En cambio, son poquísimas las librerías españolas con libros editados en Latinoamérica. Según datos del Centro Regional para el Fomento del libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), Europa es el mayor exportador de libros con el 54,8% del mercado mundial; Latinoamérica lo hace solo con el 2,9%, e importa de un solo país, España, libros por un valor parecido al que este país importa de todo el mundo, incluida Latinoamérica. Los editores latinoamericanos saben de la falta de apoyo de sus gobiernos. Los editores españoles, por el contrario, cuentan con fondos y recursos gubernamentales para promover ediciones privadas. Quizá la solución empieza entre los mismos actores del libro: lectores y escritores. Pero uno de los problemas es que el lector latinoamericano, a veces, menosprecia a las ediciones locales frente a las españolas, no solo por la calidad de impresión, sino porque supone que el autor latinoamericano publicado en España es superior a uno publicado en su país, más todavía si ese autor recibió un premio español.»
Lo anterior es tomado de la columna Lector ciego, escritor dormido, del escritor Leonardo Valencia (autor de Bogotá 39) en  mayo de 2010 en el diario El Universo de Ecuador.
1) La cita sirve para celebrar con todavía mayor entusiasmo la antología que hoy se presenta, por las oportunidades de comunicación  y reciprocidad que abre para escritores y lectores a ambos lados del Atlántico y también sirve para poner de manifiesto una vez más el desigual intercambio cultural y comercial en lo editorial en el mercado hispanoamericano y las altas posibilidades de éste para ser remediado con antologías, mejores políticas de distribución y edición, ebooks y dispositivos, y movidas más agresivas e innovadoras en gestión cultural.
2) Una anécdota escondida para ustedes puede explicar en gran medida la escogencia hecha en la antología: en algún momento entre 2009 y 2010 el escritor colombiano John J. Junieles, incluido en la antología, sugirió al antólogo José Manuel García Gil hacer la selección con un criterio adicional: excluir en lo posible ficciones con asuntos como el narcotráfico y la violencia e incluir en cambio narraciones acerca de las relaciones humanas y el amor. La sugerencia penetró el proyecto del libro hasta llegar al título y hoy tenemos un compilación temática de veintiséis autores, con un barrido de las generaciones nacidas entre 1962-1982.  Con ese mismo criterio de exclusión de la sicaresca y lo narco hice en 2008Señales de ruta, una antología de cuento colombiano, publicada por Arango Editores.
3) Si algo pueden delatar la antología y los autores seleccionados, es la sombra desdibujada de un patriarca querido, llamado por todos con excesiva familiaridad como Gabo. Por otra parte, me adhiero a unas declaraciones de prensa del antólogo, quien anuncia al lector del «rigor del cuento bien escrito por autores que abordan el género con la suficiencia necesaria y  con un proceso creativo expuesto a las influencias más diversas.» A esto yo le agregaría la condición sana de los autores y las creaciones seleccionadas frente a una suerte de provincianismo o ansias de llevar en la literatura el sabor  nacional a toda costa. Por ejemplo, muchas narraciones no ocurren en Colombia y sus temas son ajenos a cualquier realidad política o geográfica totalizante o precisa. No sufren pues los autores del síndrome de Falcón definido por el ecuatoriano Leonardo Valencia, es decir, que por más colombianas que sean, las narraciones no llevan por obligación realismo mágico, El Poporo Quimbaya y Juan Valdez desintegrados en letras de molde; violencia, narcotráfico, un sombrero vueltiao o aguadeño o la esencia nacional y/o latinoamericana, requeridas y esperadas en nosotros en décadas pasadas por lectores, agentes y editores en otras latitudes. Aplaudo la inclusión de autores cercanos en el trato como Andrés Mauricio Muñoz, Sebastián Pineda y Carlos Fernández y de otros desconocidos del todo para mí  como Marta Orrantia, Federico Escobar y los cartageneros Víctor Menco y Rodolfo Lara, a quienes me dispongo a seguirles la pista.
4) El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia es un libro compuesto por las ficciones de los ciudadanos nacidos en un país con un conflicto armado activo que ha desplazado a más de tres millones de personas según un último balance de la agencia ACNUR; un país narco y violento, pero irreducible a esas categorías, donde muchas otras cosas ocurren y pueden ser contadas. Doy gracias al señor José Manuel García Gil y señores del Ayuntamiento de Cádiz y Editorial Algaida, Grupo Anaya por permitir a los lectores de español en el mundo conocer otras realidades e invenciones nacidas de un país estigmatizado como violento a la vez que encubierto bajo la sentencia  mentirosa de:Colombia, el riesgo que te quieras quedar. Nada es como lo pintan.
5) Coda. El listado sabatino de cada ocho días de los libros más vendidos en Colombia del diario El Tiempo no corresponde con la verdad. El listado es amañado, porque no corresponde con las ventas reales, ni con el sentido del título o la frase «Los más vendidos», que corona un cuadro con un escalafón de diez casillas. Podría ser cierto, si dijera «Los libros más vendidos en la cadena de Librería nacional», en letra grande, es decir, en puntaje alto de procesador de palabras. El listado dicho, lleva abajo, en letra diminuta, el crédito de la fuente: la cadena de librerías. Lo peor, o parte del daño del listado, son las réplicas hechas de él en otros medios, en instituciones promotoras de lectura o del negocio de los libros y en agencias de prensa internacionales. En casi todos aparece sin la explicación de la fuente y entonces el listado es tomado como los libros más vendidos en Colombia en vez de los libros más vendidos en la cadena.
Refiero esto como una mínima prueba (porque habría otras) de cómo el canon de la literatura colombiana está dictado por las mafias editoriales, revistas, conglomerados y agentes literarios, entre otros, pero a veces aparecen esperanzas como una antología de cuento colombiano editada en España o una editorial independiente ajena a los traficantes de la nada, como Icono Editorial y Babel Libros, por citar dos ejemplos. El corazón habitadoincordia y alegra ya a excluidos, escritores y lectores y a la mafia dicha.  Con todo, podemos estar seguros de cómo lo mejor está por venir en la literatura colombiana, si no, lean la antología.
[*] Texto leído en la XXIII Feria Internacional del Libro de Bogotá en la presentación de la antología El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia.

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