martes, 20 de diciembre de 2016

Reseña

Rebelión de los oficios inútiles
Daniel Ferreira
Alfaguara, 2015.
Premio Clarín de Novela de 2014.

Por Juan Pablo Plata.

En el fondo y en la superficie del conflicto armado colombiano siempre han estado: 

1. La falta de participación y representación política de muchos sectores sociales.
2. La censura, es decir, la falta de la libertad de expresión en varias gradaciones entre la población civil y en los medios de comunicación tradicionales y alternativos. 
3. La desposesión de la tierra por el Estado, entes privados y grupos armados de sus dueños originarios e históricos.
4. Las necesidades básicas no cubiertas en una democracia en las clases menos favorecidas en el campo y en la ciudad, esto es, lo que muchos llaman una grave falta de justicia social. 
5. La aún no consolidada separación entre el Estado y las organizaciones religiosas.
6. La violencia promovida por la defensa de ideologías locales y foráneas que se adaptan a la idiosincrasia local.
7. La impunidad ante crímenes de Estado y en crímenes cometidos por ciudadanos de múltiples extracciones sociales.

Porque si un ciudadano vive en una república democrática y capitalista, lo mínimo que espera es que la propiedad privada y la vida sean sagradas, protegidas y preservadas por todos, además del Estado.

Rebelión de los oficios inútiles de Daniel Ferreira trata, entre otras cosas, del padecimiento de los sietes puntos anteriores en un pueblo donde circula el periódico La Gallina Política. Medio impreso en que se denuncian abusos, asesinatos y robos a la propiedad de la tierra por parte del Estado -representado en la fuerza pública y en las tres ramas del poder de una democracia demasiado imperfecta- y personas y organizaciones privadas contra los ciudadanos colombianos durante la cruenta época del marco especial del Estado de Sitio (1969), además de antes y después de éste. 

Como si su irritación ante la iniquidad y el pulso narrativo fueran en ascenso, el autor ha escrito la tercera novela de una proyecto narrativo de pentalogía (infame) sobre la violencia en Colombia después de las laureadas y también bien logradas La balada de los bandoleros baladíes y Viaje al interior de una gota de sangre

Ahora bien, no es la novela de Ferreira un panfleto. En ella se da cuenta muy bien de los efectos que tiene la Historia en las individualidades de un pueblo en que algunos querían defender la propiedad, la familia y la tradición (Pero sin respetar la ley y tener reciprocidad con los demás) y otros querían sentir de verdad que vivían en una democracia y que por esto la propiedad de la tierra, las ideas y sus vidas, me repito, iban a ser atesoradas como dicta la letra muerta de la legislación. 

Entre los personajes más significativos de la novela tenemos a Ana Dolores Larrota. Ella es una líder social  que acaba como muchos han acabado en Colombia: condenados sin juicio en una cárcel o asesinados por luchar por los derechos de terceros. Todo porque Ana a pesar de su desconexión con bandos e ideologías políticas luchaba en vida por las reivindicaciones sociales y la futura eliminación de los adversos asuntos de los siete puntos enunciados arriba.

Quedo atento, junto a otros lectores, a las dos futuras entregas de la pentalogía. Sin embargo, uno desearía que estas ficciones no tuvieran un reflejo real en el pasado de ningún país. Como quien dice que uno anhelaría que las novelas de Ferreira no fueran más que la cosecha de una portentosa imaginación antes que el resultado de una juiciosa investigación del pasado siniestro y ruinoso de una nación desigual, plagada de desplazados, viudas, huérfanos, entre otras víctimas, donde los beneficios de la democracia y el capitalismo aún no se despliegan para todos.

Rebelión de los oficio inútiles es una novela necesaria para ahondar en las raíces del conflicto armado colombiano; un libro útil para los tiempos que corren en que parece que Colombia se acerca a la paz.

(También sería muy provechoso que toda la pentalogía se editara en bloque o completa en Colombia)

viernes, 21 de octubre de 2016

jueves, 13 de octubre de 2016

Sobre el asunto de Bob Dylan. Premio Nobel de Literatura de 2016.

Sobre el asunto de Bob Dylan. Premio Nobel de Literatura de 2016.

Por Juan Pablo Plata.
Según muchos comentaristas desinformados, la literatura no viene de, ni tiene nada que ver con los primeros aullidos y articulaciones del lenguaje por parte del homo sapiens y sus antecesores en la línea evolutiva de la especie. 
¿No tienen idea de la tradición oral por la que va cantada y hablada la literatura desde hace mucho?
¿Qué son los versos del cante jondo andaluz, la cumbia o el vallenato? 
¿Solo lo escrito es literatura?
Ve. Piensan rarísimo o están desinformados.
No sean marcianos. La literatura está en todo. Cuando tengan tiempo lean a Alfonso Reyes: La experiencia literaria. 
Dylan ha cantado, escrito y pintado. ¿Y por esto no podía ser premiado?, ¿debía ser un especialista?

Felicidades, señor Dylan.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Paradero (Cuento)

Por Juan Pablo Plata

(Aparecido en Revista Cuadrivio de México)

Señor, ¿cuánto lleva el embotellamiento del tráfico? Sí, yo también creo que debe haber allá adelante un accidente o un carro averiado. ¿Lleva mucho esperando el bus? Sí, si así sigue, mejor vamos caminando a otra parada o a la estación central.  Allá pasa el 34. Una vez, cuando yo tenía seis años, en un  viaje en carro con mis abuelos Marcelos –así les dicen en el barrio porque se llaman Marcela y Marcelo– nos accidentamos y se hizo un embotellamiento igualito por nuestra culpa. Mi abuelo tiene desde entonces una R en su frente como de leche condensada derramada por el golpe y los puntos de ese día. Nada más. Mi abuela, pobrecita, no pudo volver a coser ni a cocinar, pues le amputaron el brazo derecho y el izquierdo lo tiene tieso, casi como esta silla, pero no tan frío. A mí no me pasó nada. Uy, qué carrazo. Una ambulancia roja con amarillo. Seguro que sí es un accidente. A mis abuelos y a mí nos llevaron en una ambulancia estrecha, pero blanca, y al carro lo dejaron a un lado de la carreta, junto al muro destrozado, después de tomar unas medidas a toda carrera. No, señor, muchas gracias, ya almorcé. Que le aproveche. Yo nací aquí, en Puntera. Nunca he ido a otras ciudades. Bueno, sí, a la hacienda de mis abuelos en Daseda, pero no es tan lejos y es un pueblito. Yendo para allá fue que nos estrellamos. La última vez que fui, el año pasado, una niña me dio de Reyes la mitad de una medalla de luna para que me acordara de ella y me dijo unas cosas todas raras sobre los hombres y la mujeres que nadie me había dicho. Un beso me dio también. En la boca. Nunca había dado uno. No sé si me gustó. Ella se quedó la otra mitad de la luna. «Incógnito» se llama la hacienda. Ellos, mis abuelos, se criaron ahí. La niña Tania, la del regalo de la mitad de la luna, es la nieta del capataz. Es mayor que yo y ya va a la secundaria. A mí me faltan dos años para eso. Ah, que si siempre voy por ahí solo. Sí. De día siempre. Mi abuelos dicen que de noche las personas son lo que son en realidad. ¿Usted va para los Samanes? No he ido. ¿Esa plaza en Samanes es la de la ciudad de hierro y adonde llegan los circos y hay conciertos? No he ido tampoco. La he visto en revistas. Me prometieron en mi casa llevarme si me va bien con las calificaciones de final de año. Vea. Ya comienza a moverse el tráfico.  ¿Cómo se llama usted? Yo me llamo Carlos Mauricio Fonseca. Doce años. Cuando grande, pues como mi abuelo, un ganadero con un sombrero bien grande. Ah, en la cajita llevo un regalo para la niña de Deseda. Véalo. Lindo, ¿no? Es la primera vez que viajo para verla. Me escapé de mi casa.  No dije a nadie para dónde iba. No me hubieran dejado venir. No vayan a estar preocupados. Cuando llegue llamo del pueblo. No he dejado de acordarme de ella, así mi abuela me diga que bote esta latica que me cuelga del cuello y que no me junte con la nietecita del capataz, «que no ande por ahí aprendiendo mañas con esa piojosa». Yo no obedezco porque no le he visto nada malo a la niña. Bueno, esa vez me dio un beso en el silo y en otra quería que le mostrara el pipí. Yo no lo hice, pero ella sí me mostro su cosa levantándose la falda y acuclillándose después enfrente a orinar. Sin pena de nada como los animales. Ella sabe matar pájaros con cauchera y se ríe muy bonito, pero tiene los dientes picados y unas pecas rojitas. Mi abuelo sí me deja ir con ella. Me dice «picarón». Mi abuela antes me decía «El Canelo», pero después del accidente ya no más.  Se amargó mucho. Con Tania, antes de morirnos, vamos a ir a conocer el mar. De eso voy a hablarle. ¿Cómo es Deseda? Es  bien verde y hundida entre unas montañas como estas de Puntera. Tiene cafetos en todas las haciendas y árboles para que duerman los pájaros. Los balcones son de colores muy bonitos y las puertas son puertaventana, se mueve la puerta en dos mitades, la tabla de arriba y la de abajo, para dentro y para afuera. ¿Me entiende? La plaza del pueblo tiene unas tortugas grandes enjauladas,  morrocoyes; unos peces rojos buchones en una pileta puerca y dos ceibas que siempre están florecidas y me dan miedo cuando paso cerca, porque de pronto se me cae una rama  grandota encima. Tania dice que se sube de noche a mirar las cosas de arriba y a espantar borrachos, pero yo nunca la he visto. Debe ser mentira. Señor,  llegó mi bus. Hasta pronto, que le vaya bien. Ay, ay, la cajita, casi se me queda. Gracias por recordarme y por la charla, Don Pablo Emilio. Que le vaya bien en su viaje.

miércoles, 13 de julio de 2016

¿Gaga? ¡Dadá! (1916 - 2016)

En revista CORONICA
¿Gaga? ¡Dadá! (1916 - 2016)
POR GRETTA BOTT
(Traducción. Por Juan Pablo Plata)
Traducido para revista CORONICA con permiso exclusivo de Zurich Tourism y el autor. Todos los derechos están reservados para el texto y las fotos.©

En:


lunes, 23 de mayo de 2016

Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.


Por Juan Pablo Plata.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis de todas las dimensiones espacio temporales conocidas y por conocer.
Van por ahí echando de menos esa mitad de isla donde sí pegan los huracanes.
Van por ahí echando de menos esa mitad de isla donde sí pegan los terremotos.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.
Van por ahí con sus vistosos y ruidosos vestidos alumbrando la vida.
Van por ahí alegres oyendo canciones en patua y francés.
Parece que los haitianos manejan todos los taxis del mundo.
La poesía no está o no sólo está consignada en libros.
Está en todo, así no la veamos siempre.
Está dentro de un taxi que ves pasar al lado de tu auto
donde tienes pensamientos racistas,
pero te pones a pensar en la belleza
que compone un hombre haitiano manejando un carro a toda mierda escuchando música, sin un pasajero en las sillas de atrás, mientras los textiles que cubren su vida, que es su cuerpo, no pueden ser ya más iridiscentes y coloridos: porque no volvería a haber arcoiris ni vudú macumba efectivo.
Parece que los haitianos manejan todas las naves del mundo.

lunes, 2 de mayo de 2016

Los breviarios.

Breviario fatalista. En Tras la Cola de la Rata.

Por Juan Pablo Plata.

Breviario de la Feria del Libro de Bogotá 2016. En Revista CORONICA.

Por Juan Pablo Plata.