jueves, 19 de diciembre de 2019

Entrevista a Charles King. El rey y champetero fino. (Exclusivo para Corónica) (Podcasting)

Por Juan Pablo Plata @jppescribe 

 Haga clic en el triángulo de play para escuchar la entrevista.

(Entrevista hecha bajo el auspicio de la Beca Gabo de Periodismo de la Fundación Gabo. www.fundaciongabo.org )











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martes, 4 de junio de 2019

Lecturas sugeridas. 2019

Por Juan Pablo Plata



Por estar de vacaciones he podido leer algunas publicaciones fuera de los catálogos de arte y de subastas, lecturas obligatorias académicas y laborales. A continuación, unas cuantas lecturas sugeridas y algunas impresiones antes que reseñas. Bienvenidos.





303. Iventan el Cristianismo del autor español Fernando Conde Torrens. 


Parece una suerte de La puta de Babilonia de Fernando Vallejo, pero adecentada y con más datos y precisiones. La novela sostiene la tesis de la invención del personaje histórico de Cristo y ahonda en el asunto del testimonio sobre la existencia de Jesús en las Antiguedades Judías de Flavio Josefo. El estudio de Conde da cuenta también del tiempo de Diocleciano y Constantino como césares y atribuye a Lactancio la invención del cristianismo por medio de la escritura de los evangelios y otros embustes.



Memorias de un hijueputa de Fernando Vallejo.



Con el mismo portento imaginativo y de prosa al que tiene acostumbrados a sus lectores, Vallejo hace una ficción narrativa sobre cómo sería él, Colombia y el mundo entero en caso de llegar a ser presidente de Colombia. Ya en Mi hermano el alcalde había hecho una novela sobre política en una ciudad chica de Antioquia donde en la vida real uno de sus hermanos fungió como gobernante. Ahora se despacha sobre esferas más altas del poder. Se puede decir que Fernando engrosa como los grandes la tradición de novelas sobre los dictadores latinoamericanos como hicieron Augusto Roa Bastos, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Tomás Eloy Martínez.




La fiesta en el cañaveral de Orlando Echeverri Benedetti.



Hace años que leo los cuentos de Orlando con la misma fruición de saber que siempre me encuentro con las mejores historias de ficción puestas en la mejor prosa de este cartagenero de indias. Podría hacer una glosa injusta de cada uno de los cuentos, pero mejor digo que Orlando hizo parte de la camada de autores y cuentos que escogí y prologué para la vilipendiada antología Señales de ruta, junto a Juan Cárdenas, Carolina Alonso, Liliana Carbone, Andrés Burgos, Diana Ospina Obando, Gabriela Arciniegas, María Castilla, Javier Moreno, David Roa, Juan Álvarez, Gerardo Ferro Rojas, Johann Rodríguez-Bravo, Rubén Varona, Sebastián Pineda Buitrago y Las filigranas de perder. 

La selección, parece, fue acertada, pues hoy estos autores destacan, publican, son traducidos, premiados y leídos. 


Nuestra criatura de Daniel Villabón.



Es el libro de cuentos más interesante, inquietante y valioso, para mi humilde gusto, que tiene publicado en toda hispanoamérica el Grupo Planeta bajo su sello Seix Barral. La vida me dio la fortuna de tomar un taller distrital de narrativa en Bogotá dirigido por Nahum Montt en compañía de Villabón y desde entonces pude leer los anticipos de algunas de las ficciones que en este volumen se aglutinan. Este libro no es aberrante y ya, es despampanante. Así como títular o reseña norteamericana muy adjetivada de película o de cualquier otro objeto cultural (Wonderful! Exhilarating! Master piece!). MUY RECOMENDADO.



Los muiscas de Carl Henrik Langbaek y Historias no tan raras de Amara son los dos libros que leo en la actualidad. El primero me sirve para arriagarme como mestizo colombiano y descendiente de los muiscas. El de Amara lo he leído para dejar atrás los prejuicios sobre los libros de los Youtubers. Ha resultado ser un libro ameno que recomendaría a los jovenes para descansar también de las lecturas obligatorias del Plan Lector de las escuelas en Colombia.  

Hasta pronto.





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lunes, 16 de abril de 2018

Recital en Poemartes

jueves, 7 de diciembre de 2017

Hay Circo para Todos


Por Juan Pablo Plata.


(Derechos Reservados. Copyright)



Hay Circo para Todos en Bogotá y Cali (Parque del Amor - Calle 69 Av. 4N # 88), Colombia. En una carpa blanca en la Estación de la Sabana de Bogotá (Calle 13 # 18-90) presencié el 2 de noviembre de 2017 un espectáculo divertido y mágico por partida doble. Ya verán: me hicieron llorar y pasar una de las mejores tardes de 2017 y de mi vida (Sin exagerar). Recuerdo que comencé a llorar y reír cuando desde la gradería un imitador de Jaime Garzón me imprecaba sobre la forma propia que tiene el pueblo Wayú de pedir el respeto a la vida y los demás derechos de los seres humanos según lo consignado en la Constitución de Colombia en su Artículo 12 ("Nadie será sometido a desaparición forzada, a torturas ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.") y a su vez traducido y entendido por esta comunidad indígena con la ayuda de Garzón como: "Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente".

Evoco también a los disfrazados de soldados colombianos saltando en catapultas, los bailarines folclóricos, Remedios, la bella, ascendiendo al cielo, payasos, volatineros de varios tipos, etc., y la ausencia de animales. Si un animal hay es Burro Loco: un cuadrúpedo rescatado del maltrato de su anterior dueño por los del circo en Bogotá y por funcionarios de la estación del tren. El animal hoy pace tranquilo alrededor del circo y no hace parte de las funciones. ¿Ya vieron?

¿Dónde está lo mágico por partida doble? Pues en que la Fundación Circo para Todos (La misma de la Escuela Nacional Circo para Todos) da oportunidades vocacionales a jóvenes en estado de vulnerabilidad social desde 1995. Así, los hombres y mujeres que vi en su función de graduación eran antes estudiantes de las varias disciplinas del arte circense que bien podrían estar ahora en la calle, pasando hambre y abandono; en la delincuencia común, en un barrio jodido o sin ningún rumbo para sus vidas o sus aspiraciones profesionales díscolas y artísticas. Esta organización en alianza con el Estado Colombiano, el ICBF y los aportes privados, ampara a jóvenes para que se formen bajo el gran toldo y después hagan parte de los espectáculos (Limbo, Soy Colombia, entre otros) o bien se vayan a otro circo o fuera del país y finalmente acaben en el futuro como profesores y líderes sociales de otros jóvenes que quieran saltar a la arena central a divertir y conmover.

Estimado lector: esté atento a las próximas funciones y si puede apoyar con recursos o lo que sea a esta fundación, tenga en la cuenta que la diosa Alegría y las existencias de estos muchachos se lo agradecerán. Quiero aquí dar gracias y felicitaciones a los miembros de la fundación (A Marisol, Gloria, los profesores cubanos ...) y a los jóvenes graduados en noviembre y a los que los antecedieron como Xiomara. Gracias por devolvernos a los asistentes de hoy y ayer la fe en la especie humana y en la capacidad de nuestros corazones para reír y llorar al mismo tiempo ante ustedes. No vayan a cerrar ese circo ni la fundación por nada. Los queremos mucho y los necesitamos con su loable y hermoso trabajo social. 
Paz para todos y para Colombia.💓

El próximo show de graduación Soy Colombia de los alumnos de 4to año tendrá entrada libre: 3:00 P.M. 16 de Diciembre de 2017. En la carpa de La Escuela Nacional Circo para Todos de Bogotá. Estación de la Sabana de Bogotá (Calle 13 # 18-90).  🎪

















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lunes, 6 de noviembre de 2017

Bariz Naranza


BARIZ NARANZA

Disponible en www.amazon.com/dp/B0776JPMJJ  Amazon en todo el  mundo con el programa de lectura Kindle o el dispositivo homónimo. 

CUENTOS

MANOLO GÓMEZ MOSQUERA


SILVER EDITIONS 2017


Libro enriquecido con audio e imágenes.

El Bariz Naranza es un cocktail de indiferencias, es un caos cotidiano tomado en copas de ternura. Es la metáfora de un barco cargado de dieciséis cuentos donde el ritmo y la palabra preparan un motín. Es el vértigo leído, calma si se siente y angustia si se piensa.

Manolo Gómez Mosquera.


¡Manolo Gómez Mosquera! El autor de ese libro-Bariz Naranza-órfico y maravilloso.

Giovanni Quessep.


Tercera edición del legendario libro Bariz Naranza, pero la primera digital. Lleva los 13 cuentos de las ediciones pasadas y dos nuevos, además de un enriquecimiento multimedia. Hay juegos de palabras, iteraciones, hipérbatos y muchos juegos posibles con la palabra en Bariz Naranza. Es un libro que fue adaptado muchas veces para ser contado por juglares en universidades y ágoras públicas; para ser dicho cuento a cuento en voz alta a otros. Esas palabras inventadas y saltos de volatinero con el lenguaje, marca distintiva de Manolo, van acompañados de historias de hombres y mujeres soslayados por el mundo y sus privilegios. La sinestesia, las parafilias, las compulsiones, los vicios, la alegría y la universidad de la calle componen historias de un conjunto de cuentos únicos y raros en el panorama hispano. Únicos y raros como virtud, no como otra cosa. Podríamos señalar influencias, similitudes y guiños a autores y libros de cuentos, pero preferimos dejar que la voz de Manolo haga estas declaraciones.
Sabemos por Manolo que de un bar naranja, una casa, una comuna artística (Sobre todo de video realizadores) que hubo en Popayán, Cauca, Colombia, a comienzos del siglo XXI (Donde mucho sonó Manu Chao) quedó este libro de cuentos que Silver Editions se place en presentar en su tercera edición.


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miércoles, 12 de julio de 2017

Breve panorama de la literatura Colombiana reciente. (Corte de 2017)

(Texto aparecido en revista Antares. Letras e Humanidades de Brasil)


Por Juan Pablo Plata @jppescribe


Antes de comenzar el panorama actual, quiero referir cinco novelas clave de la literatura Colombiana del siglo XX.

La vorágine (Caucho) de José Eustasio Rivera (De los tres, el único que todavía no sale en un billete en Colombia), María (Azúcar) de Jorge Isaacs y Cien años de soledad (Banano) de Gabriel García Márquez. Tres novelas que como dice Erna von der Walde (En ensayo Cien años de soledad, historia en fábula) citando a Fernando Coronil dan cuenta del monocultivo, la extracción industrial de materias primas y la historia de Colombia más allá de las aparentes tramas o interpretaciones más llanas de las tres novelas canónicas. Cito a Erna: 

``Quiero comenzar esta breve reflexión sobre Cien años de soledad (1967), la obra cumbre de Gabriel García Márquez, haciendo referencia a una observación de Fernando Coronil acerca de “la representación cultural de las identidades colectivas” en los países que conforman la “periferia del sistema capitalista, las así llamadas repúblicas bananeras, naciones petroleras, islas azucareras”: “La historia de estas antiguas colonias suele ser narrada como la historia de sus principales productos de exportación. [...] Este tipo de identificación entre nación y mercancía parece obvio, pues la producción para los mercados externos ha afectado profundamente la organización de estas sociedades desde los tiempos de la Colonia” (61).´´

La tejedora de coronas (Oro y plata) de Germán Espinosa. Una ficción que pasados sus treinta y cinco años de salir a la luz, sigue hablando con solvencia y pertinencia de la Ilustración, la masonería y la importancia del Caribe y el continente americano en la historia mundial. Además de un sinnúmero de asuntos políticos, científicos, esotéricos, entre otros, con basto y especial tratamiento.

35 muertos (Marihuana, coca y amapola) de Sergio Álvarez. Novela para entender el conflicto armado y la idiosincrasia de Colombia de los siglos XX y XXI.

Anticipo exclusión; ninguneos en un ejercicio de tomar una fotografía panorámica de la literatura colombiana en pleno 2017. Casi todos los trabajos y las ambiciones humanas fracasan ante la imposibilidad de la totalidad y este texto no es la excepción.

La literatura electrónica, mortara o digital ha tenido un destacado desarrollo en Colombia desde el siglo XX y en las casi dos décadas que van del XXI con El Capitán butron, cuentos para niños con barba de David Ríos. Una obra de literatura expandida apta para grandes y chicos, con versión textual, disco musical, video e hipermedia.

Retratos vivos de mamá de Carolina López Jiménez y Mandala de Alejandra Jaramillo Morales son dos trabajos hipertextuales de mujeres muy bien logrados. Retratos vivos de mamá (www.retratosvivosdemama.co) es según palabras de su propia creadora: ´´Es un proyecto de literatura web inspirado en el duelo: un duelo ocasionado por la muerte de la madre, así como la posibilidad de superarlo a partir de la creación. El proyecto ha ido creciendo desde su publicación online en 2015 y espera continuar haciéndolo. Se trata de un proyecto con potencial transmedia que, desde su gestación, se propuso explorar el entrecruce entre géneros literarios a partir de la inclusión de diversos lenguajes (escritura, dibujo, video, audio, fotografía). La versión hoy disponible es apenas un piloto, pero un piloto que ofrece una experiencia de lectura completa desde ya. ´´

Enrique Rodríguez Araujo hizo con su trabajo de maestría de literatura la creación de una obra de mortara y un personaje que recuerdan en parte las transgresiones sobre la autoría y lo establecido en el mundillo de arte hechas por los que estuvieron detrás del apócrifo Pedro Juan Figueroa. Sin embargo, su proyecto Lucrecia Daphne Ruhz Anarkista Visual es autónomo y ya cuenta con presencia virtual en Google maps, una ciudad animada, perfiles en redes sociales, blogs, etc. (www.facebook.com/daphne.front.7 www.daphneruhz.blogspot.com.co www.rodriguezadp.wordpress.com www.instagram.com/daph_ne_r/  www.thepress.daphnecity.com/ http://www.daphnecity.com

Otras obras de literatura electrónica recientes son Angustia capital(www.angustiacapital.com) y Paperman (http://t.co/Dj1O0rl9Lv), que es el resultado de un trabajo colaborativo de un equipo de grabación de video, diseño, animación y de investigación de las artes en nuevos medios de la Universidad Jorge Tadeo Lozano dirigido por Silvia Buitrago y Alejandro Guzmán Ramírez.

Jaime Alejandro Rodríguez ha puesto al aire hace poco Memorias y caminos, la plataforma (https://t.co/odRhHToyY0) y su blog (https://t.co/ZqR0dRmJmD). Obra que cabe en los términos temáticos dentro de lo que se ha conocido como autoficción (Serge Dubrovsky) a la vez que no ficción. 

A quien esté interesado en ahondar más sobre literatura digital le sugiero visitar al grupo de investigación de la Universidad Jorge Tadeo Lozano Semilla Lab, dirigido por Silvia Buitrago y la constante producción teórica, crítica y creativa de Jaime Alejandro Rodríguez(Autor de Gabriella infinita y Golpe de gracia), además de la recién constituida Red de Humanidades Digitales de la Biblioteca Nacional y la Redhd de la Maestría en Humanidades Digitales de la Universidad de los Andes.

De regreso al formato impreso, tenemos que el conflicto colombiano contemporáneo y del pasado con la Guerra de los Mil Días, la guerra bipartidista de las primeras décadas del siglo XX, la guerra entre Perú y Colombia, la pérdida de Panamá, la ilegalidad general y particular del narcotráfico, el neocolonialismo y la violencia siguen teniendo cabida entre los tópicos de poetas y narradores (Los ejércitos de Evelio Rosero, toda la obra de Rafael Baena y Fernando Vallejo, de Pablo Montoya, Daniel Ferreira (Quien adelanta una pentalogía de novelas sobre la violencia en Colombia), Juan Álvarez, William Ospina, Enrique Santos Molano y Juan Gabriel Vásquez), pero esto se da cada vez en menor medida o con menor énfasis o aparición o foco, por una suerte de saturación temática entre los editores, escritores y lectores. La literatura colombiana ha salido de un mosto de reiteración temática y formal anquilosada por seguir con maneras de los XIX y XX. Ahora, autores como Jaime Espinal, Germán Bula y Juan Cárdenas tratan la emigración, las creencias religiosas, la estratificación social y económica de Colombia que produce brechas en el tejido social, la vida en la diáspora de los colombianos y otro tipo de realidades que se llevan a la ficción.

Sin necesitar una licencia para incluirlos por ser solo colombianos de sangre, crianza, descendencia y hasta por sus temas centrales y/o tangenciales en sus obras, quiero referir a Sergio de la Pava (Una singularidad desnuda y Personae), Patricia Engel (Vida y No es amor, es solo Paris), Julianne Pachico (The lucky ones ), Jaime Manrique (Luna latina en Manhattan) y James Canon (Cañón) (La aldea de las viudas), quienes cuentan historias que pasan dentro de Colombia y/o de personajes colombianos desbandados haciendo vida fuera de la república; quienes en su mayoría han adelantado una carrera literaria en Estados Unidos y/o en Europa y por esta razón sus obras primero han salido en inglés y otros idiomas para después ser difundidas en español y llegado a Colombia.

Ahora bien, hay cinco canteras regionales descentralizadas de Bogotá, de los departamentos de Cauca, Huila, Antioquia, Valle del Cauca y la ciudad Cartagena de Indias (Y el resto del departamento de Bolívar), de donde por una inexplicable razón- hasta ahora- ha aflorado la más clave y virtuosa narrativa de la literatura colombiana última, lejos del provincianismo y las obras sobre la sicaresca, lo costumbrista y narco, con las obras de Juan Esteban Constaín (El hombre que no fue viernes y El naufragio del imperio), Iós Fernández (El siguiente por favor), Diego Calle (Cadavid),  Margarita García Robayo (Lo que no aprendí y Hasta que pase un huracán ), Rubén Varona (La hora del cheescake, El sastre de las sombras y La secta de los asesinos, escrita a cuatro manos con Carlos Mauricio Muñoz), Manolo Gómez Mosquera (El Bariz Naranza), Orlando Echeverri Benedetti (Sin freno por la senda equivocada y Críacuervo), Efraim Medina Reyes, Jacobo Cardona Echeverri (Las vidas posibles y Historia natural de los objetos insignificantes), Gerardo Ferro Rojas (Cuadernos para hombres invisibles), Benhur Sánchez Suarez (Buen viaje, general), Armando Romero (Cajambre, novela que recuerda los mejores relatos sobre la costa pacífica al estilo de Arnoldo Palacios) y Fernando Gómez (Microbio, La soledad del cuarto oscuro y ¡Salta cachorro!).

Merecen especial mención Samuel Jaramillo con Dime si en la cordillera sopla el viento, libro sobre el departamento del Huila y el mamotreto Los hijos de la fiesta de Andrés Hoyos porque en una novela de mil páginas da cuenta de la brecha social y la desconexión entre el tejido social entre los adinerados; la clase alta de Bogotá y su clase media frente a la inequidad y los padecimientos del resto de los colombianos.

Roberto Rubiano, Hugo Chaparro Valderrama, Pedro Badrán y Naum Montt son, tal vez, los mejores representantes de la novela histórica, policiaca y de terror. Aunque también se encuentra en ellos creaciones en otros géneros formales y temáticos.

Caviativá  de Mauricio Loza, Mañana cuando encuentren mi cadáver (Premio Juan Rulfo de 2009) de Adolfo Antonio Ariza Navarro, Coprófago paradise de Juan Nicolás Donoso, Memoria de correspondencia de Emma Reyes, Diario de la mujer invisible de Liliana Guzmán, Las diez y nueve enaguas de César Mackenzie, El museo de la calle Donceles deRigoberto Gil Montoya y El inquilino de Guido Tamayo componen un conjunto de novelas long seller, premiadas y de muchas reediciones, pero con una gran valía literaria.

Alfonso Carvajal (Hábitos nocturnos y Ruega por nosotros) y Gabriel Pabón Villamizar (Barrio hereje) han escrito contra la iglesia católica en ficción y no ficción y se relacionan mucho en tema, pero no en tono con la saga del Río del tiempo de Fernando Vallejo y sus obras consecutivas llenas de reiteraciones pero magistrales.

Antonio García Ángel, Andrés Burgos, Andrés Felipe Solano (Salario mínimo: vivir con nada y Cementerios de neón), Juan Fernando Hincapié y Ricardo Silva Romero (Historia oficial del amor) son prosistas y periodistas que discurren sobre la vida del colombiano en la ciudad con humor, mientras abordan la gramática y la ortografía en burla a la ciudad letrada de Ángel Rama, la vida de un obrero con el salario mínimo de Colombia; la vida fuera del país y dentro de las circunstancias de los oficinistas más domesticados por una democracia y un capitalismo imperfectos en las ciudades más grandes de una república bananera, esto es, si seguimos con la idea de Erna von der Walde a la que nos acogimos al inicio.

Entre las mujeres que escriben sobre mujeres y casi siempre desde la voz narrativa de mujeres, están: Laura Restrepo (Hot sur es una novela decepcionante de inmigrantes en Estados Unidos, pero su obra anterior es superior. Sobre todo Leopardo al sol y La novia oscura), Pilar Quintana (Coleccionista de polvos raros y Perra), Melba Escobar de Nogales (Duermevela y La casa de la belleza), Ángela Becerra (Ella, que lo tuvo todo), Gloria Susana Esquivel (Animales del fin del mundo), Virginia Mayer (Polaroid) y Carolina Sanín (Todo en otra parte y Los niños).

Gonzalo Mallarino ha hecho ficción sobre las mujeres colombianas y occidentales con gran éxito y precisión y hace unos meses volvió por su senda con la novela Canción de dos mujeres.

En novela gráfica tenemos la obra colectiva  Caminos condenadoscoordinada por Diana Ojeda, Tanta sangre vista de Rafael Baena y Virus tropical de Powerpaola. Anticipos de un género que va cobrando fuerza y del que ya hay ya toda una industria en desarrollo en la que ilustradores y escritores hacen obras fusionadas.

Cuentistas valiosos recientes son Jesús Antonio Álvarez Flores, Fabián Martínez, Edson Velandia, Ricardo Abdahllah, Luis Noriega y Manuel José Rincón (Cuentos y pasiones del cielo). 

El escritor Rafael Gutiérrez quien reside ahora en Brasil va convirtiéndose en un exquisito y raro autor de culto junto a Aliester Ramírez: autor de Mi vestido verde esmeralda: una suerte de crónica novelada de la sobrevivencia y la pujanza paisa de una mujer en el Eje Cafetero.

Daniel Samper Pizano en Impávido coloso trató la larga dictadura brasilera y en Jota, caballo y rey la corta dictadura de Rojas Pinilla en Colombia y las vicisitudes de un caballo de carreras exitosísimo llamado Triguero. 

John Better, Alonso Sánchez Baute y Guiseppe Caputo hacen literatura sobre personajes LGBTI que trascienden en sus obras la temática de la orientación sexual para reflexionar como cualquier humano sobre los temas reiterados de la literatura: el amor, la muerte, el cambio social, el campo y la ciudad; la condición humana a la colombiana, pues.

En poesía hay que reparar en las emergentes voces de Dufay Bustamante, Lucia Estrada, Winston Morales Chavarro, Mónica Suárez, William Ospina, Margarita Mejía, Santiago Espinosa, Fernando Denis, Tania Ganitsky, Larry Mejía, Santiago Cepeda, Andrés Torres, Fadir Delgado, Andrea Cote, Pablo Estrada, Cindy León, Juan David Ochoa, Camila Charry, Zeuxis Vargas, Henry Alexander Gómez, Hellman Pardo, Camilo Ángel, Jorge Valbuena, Fátima Vélez y Saúl Gómez Mantilla.

Los interesados en seguir el rastro de aquí en adelante de la literatura colombiana pueden consultar para poesía y narrativa las revistas y medios Raíz invertida, Tras la cola de la rata, Otro páramo, Corónica, Arcadia, El malpensante y el Boletín Bibliográfico y Cultural del Banco de la República de Colombia.

Como se ve, se narran, se poetizan y se leen otras realidades colombianas además de las arquetípicas violentas o narcotizadas. Otras experiencias que también ocurren o se imagina y sienten en el país o fuera de este son llevadas a la literatura en varios géneros tradicionales y en los nuevos medios de la literatura electrónica.


Colombia es descifrable por medio de su literatura, pero no se puede resumir ya únicamente en una república en guerra, bananera y coquera violenta.

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sábado, 27 de mayo de 2017

Rafael Baena sobre el periodismo colombiano en su libro póstumo Memoria de derrotas.

Fragmento de Rafael Baena sobre el periodismo colombiano en su libro póstumo Memoria de derrotas.(Pgs 138-140)

Basado en informaciones de Clara y otros amigos reporteros, continuó su discurso antimedios y habló del reclutamiento de pasantes en trance de grado. A la postre contratados como reporteros unos pocos, luego son desechados con pasmosa rapidez, convertidos en bagazo por los dientes del trapiche. Los que sobreviven al tratamiento se convierten en bestias de carga en las redacciones y llevan vidas opacas, apenas iluminadas por tubos de neón, encerrados en cubículos, alejados de las calles y los campos donde vibra la vida, traidores de una profesión cuya esencia consiste en la constatación de primera mano, la indagación in situ, la investigación. (…)

Con Liliana de vuelta en su casa y ya a solas, Marcelo no pudo dejar de pensar en la forma en que opera la prensa: una vez ocupadas las salas de redacción con personas que al depender de un salario tienen anulada la voluntad, o que no se dan cuenta de la realidad, o que simplemente sufren de pereza mental, sólo resta poner al frente de esa masa adocenada a individuos dispuestos a defender el statu quo, convencidos de sus bondades porque desde la cuna han heredado privilegios o porque se los han ganado al ponerse a su servicio yendo más allá del deber ser, esto es, por ser lambones hasta los tuétanos, lameculos integrales cuya prioridad en la vida es recibir aceptación por parte de la élite. Obsecuente con el patrón, el director típico de medio es un tirano con sus subalternos, en el sentido de que, a las buenas o a las malas, hace respetar las reglas del juego impuestas desde arriba, desde la junta de administración que traza metas económicas y diseña políticas editoriales, dejando para las discusiones académicas temas como objetividad, equilibrio informativo y contexto noticioso. Por lo general a estos individuos se les asignan sueldos estratosféricos que garantizan su fidelidad a la empresa, aunque cuando ofician de capataces dan lecciones de ética periodística, cofunden la libertad de expresión con libertad de empresa y al mismo tiempo macartizan a quienes osan atravesarse en el camino de lo que ellos y sus patronos consideran el bien común, el progreso, el desarrollo económico del país. Esnobs recién llegados a integrarse a la clase dominante, les permiten codearse con la flor y nata en los clubes de la alta sociedad y les venden lotes en condominios vacacionales para que sientan que ha llegado a la cúspide. Les sonríen, les dan órdenes disfrazadas de sugerencias, y aunque en secreto los desprecian por serviles y arribistas, los toleran porque son lacayos supremamente fieles y útiles, porque al abordar los problemas del país agarran el rábano por las hojas, buscan el muerto aguas arriba, ignoran las lecciones de la historia y se limpian el culo con las ciencias sociales al convertir en noticia lo que no es noticia para distraer y confundir a los ciudadanos, de modo que estos no vean por dónde le entra el agua al coco. No le extrañaría si un día de estos alguna investigación seria revelara que el mayor problema de Colombia está en sus medios de comunicación.

A estas alturas de su diatriba interior pensó que quizás estaba afectado por el síndrome renegón de Fernando Vallejo, y probablemente así era, pero se dijo, que en ocasiones, cuando se busca aclarar las ideas, es necesario un cierto grado de arbitrariedad que permita plantear las cosas en alto contraste. Por eso creyó obligatorio matizar y reconocer que si bien los medios de comunicación, especialmente los electrónicos, han tenido atontado y distraído al público a fuerza de golpearlo con noticias que en realidad son cortinas de humo, buena parte de los horrores de todo tipo que los colombianos saben fueron dados a conocer por los periodistas. Podrían rescatarse trabajos muy valiosos del montón de morralla con que bombardean a la gente, pero si se elabora una lista de los reporteros e investigadores que han destapado iniquidades de escándalo, o una con los que nunca se han dejado pervertir por los relativos privilegios que acarrea la profesión, sería muy larga e injusta debido a las inevitables omisiones.


Trailer del libro Memoria de derrotas.




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