miércoles, 12 de julio de 2017

Breve panorama de la literatura Colombiana reciente. (Corte de 2017)

(Texto aparecido en revista Antares. Letras e Humanidades de Brasil)


Por Juan Pablo Plata @jppescribe


Antes de comenzar el panorama actual, quiero referir cinco novelas clave de la literatura Colombiana del siglo XX.

La vorágine (Caucho) de José Eustasio Rivera (De los tres, el único que todavía no sale en un billete en Colombia), María (Azúcar) de Jorge Isaacs y Cien años de soledad (Banano) de Gabriel García Márquez. Tres novelas que como dice Erna von der Walde (En ensayo Cien años de soledad, historia en fábula) citando a Fernando Coronil dan cuenta del monocultivo, la extracción industrial de materias primas y la historia de Colombia más allá de las aparentes tramas o interpretaciones más llanas de las tres novelas canónicas. Cito a Erna: 

``Quiero comenzar esta breve reflexión sobre Cien años de soledad (1967), la obra cumbre de Gabriel García Márquez, haciendo referencia a una observación de Fernando Coronil acerca de “la representación cultural de las identidades colectivas” en los países que conforman la “periferia del sistema capitalista, las así llamadas repúblicas bananeras, naciones petroleras, islas azucareras”: “La historia de estas antiguas colonias suele ser narrada como la historia de sus principales productos de exportación. [...] Este tipo de identificación entre nación y mercancía parece obvio, pues la producción para los mercados externos ha afectado profundamente la organización de estas sociedades desde los tiempos de la Colonia” (61).´´

La tejedora de coronas (Oro y plata) de Germán Espinosa. Una ficción que pasados sus treinta y cinco años de salir a la luz, sigue hablando con solvencia y pertinencia de la Ilustración, la masonería y la importancia del Caribe y el continente americano en la historia mundial. Además de un sinnúmero de asuntos políticos, científicos, esotéricos, entre otros, con basto y especial tratamiento.

35 muertos (Marihuana, coca y amapola) de Sergio Álvarez. Novela para entender el conflicto armado y la idiosincrasia de Colombia de los siglos XX y XXI.

Anticipo exclusión; ninguneos en un ejercicio de tomar una fotografía panorámica de la literatura colombiana en pleno 2017. Casi todos los trabajos y las ambiciones humanas fracasan ante la imposibilidad de la totalidad y este texto no es la excepción.

La literatura electrónica, mortara o digital ha tenido un destacado desarrollo en Colombia desde el siglo XX y en las casi dos décadas que van del XXI con El Capitán butron, cuentos para niños con barba de David Ríos. Una obra de literatura expandida apta para grandes y chicos, con versión textual, disco musical, video e hipermedia.

Retratos vivos de mamá de Carolina López Jiménez y Mandala de Alejandra Jaramillo Morales son dos trabajos hipertextuales de mujeres muy bien logrados. Retratos vivos de mamá (www.retratosvivosdemama.co) es según palabras de su propia creadora: ´´Es un proyecto de literatura web inspirado en el duelo: un duelo ocasionado por la muerte de la madre, así como la posibilidad de superarlo a partir de la creación. El proyecto ha ido creciendo desde su publicación online en 2015 y espera continuar haciéndolo. Se trata de un proyecto con potencial transmedia que, desde su gestación, se propuso explorar el entrecruce entre géneros literarios a partir de la inclusión de diversos lenguajes (escritura, dibujo, video, audio, fotografía). La versión hoy disponible es apenas un piloto, pero un piloto que ofrece una experiencia de lectura completa desde ya. ´´

Enrique Rodríguez Araujo hizo con su trabajo de maestría de literatura la creación de una obra de mortara y un personaje que recuerdan en parte las transgresiones sobre la autoría y lo establecido en el mundillo de arte hechas por los que estuvieron detrás del apócrifo Pedro Juan Figueroa. Sin embargo, su proyecto Lucrecia Daphne Ruhz Anarkista Visual es autónomo y ya cuenta con presencia virtual en Google maps, una ciudad animada, perfiles en redes sociales, blogs, etc. (www.facebook.com/daphne.front.7 www.daphneruhz.blogspot.com.co www.rodriguezadp.wordpress.com www.instagram.com/daph_ne_r/  www.thepress.daphnecity.com/ http://www.daphnecity.com

Otras obras de literatura electrónica recientes son Angustia capital(www.angustiacapital.com) y Paperman (http://t.co/Dj1O0rl9Lv), que es el resultado de un trabajo colaborativo de un equipo de grabación de video, diseño, animación y de investigación de las artes en nuevos medios de la Universidad Jorge Tadeo Lozano dirigido por Silvia Buitrago y Alejandro Guzmán Ramírez.

Jaime Alejandro Rodríguez ha puesto al aire hace poco Memorias y caminos, la plataforma (https://t.co/odRhHToyY0) y su blog (https://t.co/ZqR0dRmJmD). Obra que cabe en los términos temáticos dentro de lo que se ha conocido como autoficción (Serge Dubrovsky) a la vez que no ficción. 

A quien esté interesado en ahondar más sobre literatura digital le sugiero visitar al grupo de investigación de la Universidad Jorge Tadeo Lozano Semilla Lab, dirigido por Silvia Buitrago y la constante producción teórica, crítica y creativa de Jaime Alejandro Rodríguez(Autor de Gabriella infinita y Golpe de gracia), además de la recién constituida Red de Humanidades Digitales de la Biblioteca Nacional y la Redhd de la Maestría en Humanidades Digitales de la Universidad de los Andes.

De regreso al formato impreso, tenemos que el conflicto colombiano contemporáneo y del pasado con la Guerra de los Mil Días, la guerra bipartidista de las primeras décadas del siglo XX, la guerra entre Perú y Colombia, la pérdida de Panamá, la ilegalidad general y particular del narcotráfico, el neocolonialismo y la violencia siguen teniendo cabida entre los tópicos de poetas y narradores (Los ejércitos de Evelio Rosero, toda la obra de Rafael Baena y Fernando Vallejo, de Pablo Montoya, Daniel Ferreira (Quien adelanta una pentalogía de novelas sobre la violencia en Colombia), Juan Álvarez, William Ospina, Enrique Santos Molano y Juan Gabriel Vásquez), pero esto se da cada vez en menor medida o con menor énfasis o aparición o foco, por una suerte de saturación temática entre los editores, escritores y lectores. La literatura colombiana ha salido de un mosto de reiteración temática y formal anquilosada por seguir con maneras de los XIX y XX. Ahora, autores como Jaime Espinal, Germán Bula y Juan Cárdenas tratan la emigración, las creencias religiosas, la estratificación social y económica de Colombia que produce brechas en el tejido social, la vida en la diáspora de los colombianos y otro tipo de realidades que se llevan a la ficción.

Sin necesitar una licencia para incluirlos por ser solo colombianos de sangre, crianza, descendencia y hasta por sus temas centrales y/o tangenciales en sus obras, quiero referir a Sergio de la Pava (Una singularidad desnuda Personae), Patricia Engel (Vida y No es amor, es solo Paris), Julianne Pachico (The lucky ones ), Jaime Manrique (Luna latina en Manhattan) y James Canon (Cañón) (La aldea de las viudas), quienes cuentan historias que pasan dentro de Colombia y/o de personajes colombianos desbandados haciendo vida fuera de la república; quienes en su mayoría han adelantado una carrera literaria en Estados Unidos y/o en Europa y por esta razón sus obras primero han salido en inglés y otros idiomas para después ser difundidas en español y llegado a Colombia.

Ahora bien, hay cinco canteras regionales descentralizadas de Bogotá, de los departamentos de Cauca, Huila, Antioquia, Valle del Cauca y la ciudad Cartagena de Indias (Y el resto del departamento de Bolívar), de donde por una inexplicable razón- hasta ahora- ha aflorado la más clave y virtuosa narrativa de la literatura colombiana última, lejos del provincianismo y las obras sobre la sicaresca, lo costumbrista y narco, con las obras de Juan Esteban Constaín (El hombre que no fue viernes y El naufragio del imperio), Iós Fernández (El siguiente por favor), Diego Calle (Cadavid),  Margarita García Robayo (Lo que no aprendí y Hasta que pase un huracán ), Rubén Varona (La hora del cheescakeEl sastre de las sombras y La secta de los asesinos, escrita a cuatro manos con Carlos Mauricio Muñoz), Manolo Gómez Mosquera (El Bariz Naranza), Orlando Echeverri Benedetti (Sin freno por la senda equivocada y Críacuervo), Efraim Medina Reyes, Jacobo Cardona Echeverri (Las vidas posibles y Historia natural de los objetos insignificantes), Gerardo Ferro Rojas (Cuadernos para hombres invisibles), Benhur Sánchez Suarez (Buen viaje, general), Armando Romero (Cajambre, novela que recuerda los mejores relatos sobre la costa pacífica al estilo de Arnoldo Palacios) y Fernando Gómez (Microbio, La soledad del cuarto oscuro y ¡Salta cachorro!).

Merecen especial mención Samuel Jaramillo con Dime si en la cordillera sopla el viento, libro sobre el departamento del Huila y el mamotreto Los hijos de la fiesta de Andrés Hoyos porque en una novela de mil páginas da cuenta de la brecha social y la desconexión entre el tejido social entre los adinerados; la clase alta de Bogotá y su clase media frente a la inequidad y los padecimientos del resto de los colombianos.

Roberto Rubiano, Hugo Chaparro Valderrama, Pedro Badrán y Naum Montt son, tal vez, los mejores representantes de la novela histórica, policiaca y de terror. Aunque también se encuentra en ellos creaciones en otros géneros formales y temáticos.

Caviativá  de Mauricio Loza, Mañana cuando encuentren mi cadáver (Premio Juan Rulfo de 2009) de Adolfo Antonio Ariza Navarro, Coprófago paradise de Juan Nicolás Donoso, Memoria de correspondencia de Emma Reyes, Diario de la mujer invisible de Liliana Guzmán, Las diez y nueve enaguas de César Mackenzie, El museo de la calle Donceles deRigoberto Gil Montoya y El inquilino de Guido Tamayo componen un conjunto de novelas long seller, premiadas y de muchas reediciones, pero con una gran valía literaria.

Alfonso Carvajal (Hábitos nocturnos Ruega por nosotros) y Gabriel Pabón Villamizar (Barrio hereje) han escrito contra la iglesia católica en ficción y no ficción y se relacionan mucho en tema, pero no en tono con la saga del Río del tiempo de Fernando Vallejo y sus obras consecutivas llenas de reiteraciones pero magistrales.

Antonio García Ángel, Andrés Burgos, Andrés Felipe Solano (Salario mínimo: vivir con nada y Cementerios de neón), Juan Fernando Hincapié y Ricardo Silva Romero (Historia oficial del amor) son prosistas y periodistas que discurren sobre la vida del colombiano en la ciudad con humor, mientras abordan la gramática y la ortografía en burla a la ciudad letrada de Ángel Rama, la vida de un obrero con el salario mínimo de Colombia; la vida fuera del país y dentro de las circunstancias de los oficinistas más domesticados por una democracia y un capitalismo imperfectos en las ciudades más grandes de una república bananera, esto es, si seguimos con la idea de Erna von der Walde a la que nos acogimos al inicio.

Entre las mujeres que escriben sobre mujeres y casi siempre desde la voz narrativa de mujeres, están: Laura Restrepo (Hot sur es una novela decepcionante de inmigrantes en Estados Unidos, pero su obra anterior es superior. Sobre todo Leopardo al sol y La novia oscura), Pilar Quintana (Coleccionista de polvos raros y Perra), Melba Escobar de Nogales (Duermevela y La casa de la belleza), Ángela Becerra (Ella, que lo tuvo todo), Gloria Susana Esquivel (Animales del fin del mundo), Virginia Mayer (Polaroid) y Carolina Sanín (Todo en otra parte y Los niños).

Gonzalo Mallarino ha hecho ficción sobre las mujeres colombianas y occidentales con gran éxito y precisión y hace unos meses volvió por su senda con la novela Canción de dos mujeres.

En novela gráfica tenemos la obra colectiva  Caminos condenadoscoordinada por Diana Ojeda, Tanta sangre vista de Rafael Baena y Virus tropical de Powerpaola. Anticipos de un género que va cobrando fuerza y del que ya hay ya toda una industria en desarrollo en la que ilustradores y escritores hacen obras fusionadas.

Cuentistas valiosos recientes son Jesús Antonio Álvarez Flores, Fabián Martínez, Edson Velandia, Ricardo Abdahllah, Luis Noriega y Manuel José Rincón (Cuentos y pasiones del cielo). 

El escritor Rafael Gutiérrez quien reside ahora en Brasil va convirtiéndose en un exquisito y raro autor de culto junto a Aliester Ramírez: autor de Mi vestido verde esmeralda: una suerte de crónica novelada de la sobrevivencia y la pujanza paisa de una mujer en el Eje Cafetero.

Daniel Samper Pizano en Impávido coloso trató la larga dictadura brasilera y en Jota, caballo y rey la corta dictadura de Rojas Pinilla en Colombia y las vicisitudes de un caballo de carreras exitosísimo llamado Triguero. 

John Better, Alonso Sánchez Baute y Guiseppe Caputo hacen literatura sobre personajes LGBTI que trascienden en sus obras la temática de la orientación sexual para reflexionar como cualquier humano sobre los temas reiterados de la literatura: el amor, la muerte, el cambio social, el campo y la ciudad; la condición humana a la colombiana, pues.

En poesía hay que reparar en las emergentes voces de Dufay Bustamante, Lucia Estrada, Winston Morales Chavarro, Mónica Suárez, William Ospina, Margarita Mejía, Santiago Espinosa, Fernando Denis, Tania Ganitsky, Larry Mejía, Santiago Cepeda, Andrés Torres, Fadir Delgado, Andrea Cote, Pablo Estrada, Cindy León, Juan David Ochoa, Camila Charry, Zeuxis Vargas, Henry Alexander Gómez, Hellman Pardo, Camilo Ángel, Jorge Valbuena, Fátima Vélez y Saúl Gómez Mantilla.

Los interesados en seguir el rastro de aquí en adelante de la literatura colombiana pueden consultar para poesía y narrativa las revistas y medios Raíz invertidaTras la cola de la rataOtro páramoCorónicaArcadiaEl malpensante y el Boletín Bibliográfico y Cultural del Banco de la República de Colombia.

Como se ve, se narran, se poetizan y se leen otras realidades colombianas además de las arquetípicas violentas o narcotizadas. Otras experiencias que también ocurren o se imagina y sienten en el país o fuera de este son llevadas a la literatura en varios géneros tradicionales y en los nuevos medios de la literatura electrónica.


Colombia es descifrable por medio de su literatura, pero no se puede resumir ya únicamente en una república en guerra, bananera y coquera violenta.

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domingo, 14 de mayo de 2017

Crítica sobre la crítica




Por Juan Pablo Plata @jppescribe

La crítica casi siempre es inferior a la obra, pero no por esto debe sumisión.

La crítica literaria en Colombia –juicio e interpretación de las obras– ha estado marcada por la benevolencia. Porque las cuentas que muchos hacen pasan por juzgar que si el cubrimiento de asuntos culturales en medios es poco y la producción cultural nacional es también mínima y recibe también un apoyo privado y estatal pequeño, con booms o auges de poca duración, entonces no se debe hacer crítica, ni señalar errores porque es lo único que informamos y lo poco que hay en el país: «¿Cómo vamos a hacer crítica? Ensalcemos mejor, así sea de mala factura y resultado», dicen. No vaya a ser que dañemos con esto también nuestra imagen en el exterior y disminuyamos los bajos índices de lectura local.

Hacer lo contrario – hacer verdadera crítica (Sociocrítica, comparativa, amplia, breve, entre otras) – con la literatura y demás manifestaciones artísticas, nos permitiría no creernos los mejores ni los peores, como ocurre con las gestas deportivas en que elevamos hacia alturas de símbolos patrios a un conjunto de jugadores. Pero si pierden son nuestra mayor vergüenza e incluso asesinamos porque un jugador ha anotado en su propia portería en un mundial de fútbol. 
La benevolencia en la crítica no educa el gusto, al contrario, deja a los lectores indefensos ante la seducción publicitaria o ante una información sin estimaciones acerca de la más o menos justa valía de las obras. La crítica literaria se hace cuando se crea un programa de estudios literarios, cuando alguien organiza una biblioteca pública o privada como bien lo decía Jorge Luis Borges; cuando llenamos con apuntes una libreta que acompaña nuestras lecturas o respondemos a una entrevista. Al pasar el voz a voz de un libro con nuestra subjetiva opinión y experiencia también hacemos crítica. No sólo cuando se escribe para un medio periodístico o para la academia se hace crítica. El registro escrito más temprano de crítica en la civilización occidental a obras literarias está en la Poética de Aristóteles. La crítica del momento en Colombia sabemos quiénes la hacen(ían) y cómo: con benevolencia y lambisconería o mera glosa; paráfrasis. Contadas algunas excepciones: Luis Fernando Afanador, crítico del Grupo Semana, a ratos ajusticia o encumbra con clarividencia a libros y autores, junto a otros pocos comentaristas aguerridos en Revista Arcadia y en otras publicaciones del mismo grupo periodístico. Igual hacía Juan David Correa en su columna de opinión en El Espectador y lo secundaba, cuando no habla de otras cosas, el escritor Juan Gabriel Vásquez. En revista Número y en El Malpensante se daban dos fenómenos con la crítica de libros: en la primera se reseñaban libros editados en español en cualquier lugar con una responsabilidad azarosa, por escritores, lectores y críticos externos al cuerpo editorial de la publicación. Muy parecido el asunto a como es la crítica hecha todavía en el Boletín Bibliográfico y Cultural del Banco de la República de Colombia. En El Malpensante casi siempre se reseñaba para dar palo y de ciertos años a esta parte sólo reseñaban novedades colombianas. Esto hay que celebrarlo viniendo de una revista marcianísima, hecha para lectores de Marte como la definió Harold Alvarado Tenorio. (Hellor(d))

Me gusta mucho el trabajo de crítica literaria de: Ángel Castaño Guzmán, Alfonso Carvajal (En diario El Tiempo), Jaime Alejandro Rodríguez (Autor literario. El que más sabe en Colombia de literatura digital, electrónica o Mortara. Como usted prefiera decirle), Rigoberto Gil Montoya (Autor literario fino, crítico y profesor de la Universidad Tecnológica de Pereira), Julio César Londoño, Luz Mary Giraldo (Con todo y su plagio en el pasado), Alejandro Torres Ocampo (El mejor librero de Colombia. Dueño de la librería Árbol de Tinta. Carrera 8a # 15-94. Bogotá. Ver blog www.arboldetintalibros.wordpress.com) y Diana Paola Guzmán (Colombianista insigne). 
Mención aparte merecen las profesoras de la Facultad de Artes y Humanidades - Estudios Literarios de la Universidad de los Andes de Bogotá. Usted debe leerlas para conocer textos especializados en la mujer: en el feminismo teórico y crítico.

Ahora bien, hay muchas revistas como Léase a plena noche, la querida Corónica, Sombra larga, Revista Artificios, Tras la cola de la rata y las publicaciones académicas (Cuadernos de Literatura de la Javeriana Revista Universidad de Antioquia Perífrasis) donde el que busque encontrará crítica y no precisamente benevolente o predecible. 

Coda.

Por José Castellanos. (Para mi gusto, un texto clave contra el feble Notas sobre la hospitalidad y la crítica de la tallerista Carolina Sanín Paz del libro La crítica. Artes, medios y tendencias. Universidad de los Andes. Bogotá)

(Foto arriba de Juan Pablo Plata. Copyright. 2017)

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domingo, 6 de noviembre de 2011

Libros para los tiempos que corren y correrán.

Love? What is it? Most natural painkiller what there is.
William S. Burroughs.

Por Juan Pablo Plata

En los anaqueles de las librerías y de las bibliotecas abundan las historias contadas por el hombre antes y después de la existencia de la escritura.
Ahora en formato virtual se ha hecho disponible casi todo el saber de esta especie racional (sí, ya sé que no lo somos tanto y que tenemos un hálito de otros planos y una demencia extendida con diagnóstico reservado) y casi todas las historias. Esa abundancia libresca, esa avalancha de historias (en lo impreso y en lo digital), a pesar de todo, no parecen hacerle justicia a las necesidades de los tiempos que corren y correrán. Ni tampoco hacen justicia al daño a la naturaleza causado en el proceso industrial editorial. Me refiero con esto a que las historias sobre adulterio y otro tipo de intrigas familiares, épicas y relatos amorosos, libros de no ficción, de autoayuda y una colección de ensayos sobre En busca del tiempo perdido, entre otros, para abreviar, no tienen mucho que ofrecer en ideas o de consuelo a un mundo y a una especie que no frenan su propio deterioro. No se puede celebrar la inimaginable cifra de siete mil millones de personas habitando el planeta. No se puede esperar lo mejor.

Para seguir leyendo vaya a http://www.kienyke.com/komunidad/2011/11/05/libros-para-los-tiempos-que-corren-y-correran/

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