miércoles, 25 de diciembre de 2013

Desamor en segunda persona

Un cuento -Desamor en segunda persona-.
Por Juan Pablo Plata. http://www.kienyke.com/kien-bloguea/desamor-en-segunda-persona/

Nadia: respóndete y olvida.
Esperabas que todo fuera bien contigo (entre tú y él).
Estás encantadora, como casi siempre, con un poco de rojo en tu ropa y con el cabello suelto, pero con un tocado de flores en el lado derecho de tu cabeza, justo arriba de la oreja. Antes escribías correos cada mañana a Carlos, el puertorriqueño, para consultarle cómo andaban tus cosas con él, con el rollito aquél que tenían cuando no te habías despegado del todo, hace ya un mes largo, cuando podías haber hecho algo por la causa de esa relación. No sabes si podrás dejarlo. Es algo que de alguna manera te quieres preguntar y responder de manera positiva, en algún momento, pero todavía no has podido. No te gustaría encontrártelo, sentirte la cara sonrojada o darle la cara maldadosa con que le dirías que ya tienes a alguien nuevo rondando tu corazón, así sea una mentira a medias. Hoy vas a salir a la calle, tienes una cita y una esperanza chica a la que te agarras con fervor.
No subestimas tu inteligencia, antes la temes, y por eso quisieras preguntarte esto anterior y respondértelo de manera positiva. Decirte a viva voz, dentro de tu cabeza, que ya no lo quieres, que no lo necesitas. Sabes que difícilmente puedes olvidar con rapidez en el tiempo sin beber. Estás devastada por no haber obtenido un concurso de poesía en el que alcanzaste a estar de finalista. Ahora solo te queda uno de cuento, uno que vas ganar, te dices. Te cuentas esto, inicias un susurro sin palabras coherentes, como para arrullarte, para justificarte la debilidad emocional frente a las secuelas del desamor. Te tocas la cabeza, te consientes. Te condueles. Eres tu propio lastre. Pobrecita. Nadia la dolorida, la muchacha entusada.

No sabes qué demonios es lo que quieres decirte. A lo mejor sí lo sabes pero no te salen los pensamientos claros como deseas. Pasa que esto que te preguntas suena muy comprometedor, igual que puede ser contestártelo, pero quieres explicarte, antes de acabar por ahora, que no te lo preguntas con la intención de establecer una distancia frente al pasado, ni con la intención de olvidar de verdad. Te gustaría, no tan en el fondo, que todo volviera a ser como antes entre tú y él. Cómo te gustaría. No sabes qué demonios es lo que quieres decirte pero así te sale. Te repites en la cabeza un poema de Velarde sobre el desamor, parece que también lo susurras, quieres dar brisa a tu cara, templar tus nervios para poder mirar un nuevo día, otro de la penitencia del olvido, de la soledad. Sales de casa, miras a los transeúntes y deseas que les rompan el corazón tan duro como a ti y que no puedan olvidar jamás. Hace más de un mes que no sales de tu barrio y sientes que tu malestar amoroso se ha eclipsado porque vas a verte con otro hombre. Llevas una falda roja, un tocado nuevo en la sien y el entusiasmo necesario que llama a las cosas buenas de la vida. Eso te dices. Debes ir a cobrar un cheque por tus derechos de autor, pagar unos recibos y llegar a las diez al museo para ver las fotografías de David Nebrada y encontrarte ahí con Roque, tu levante de hace dos meses en una fiesta de lanzamiento de un libro XTR de la editorial que publica tus libros. Todavía no sabes si podrás dejar al puertorriqueño. Te vas.

Carlos: Todo lo conviertes en canciones. 

Ya no haces literatura. La quieres de vuelta. No has vuelto a recibir correos de Nadia desde hace un buen rato. No puedes desdecirte. Ya está hecho. La cagaste. Todas las repuestas groseras y descaradas que le diste a sus mensajes por correo electrónico te revuelven el seso ahora, te hacen sentir un miserable arrepentimiento. Te debiste haber medido con las palabras. Carlos, maldita sea, has hecho de tu vida amorosa un desastre. Has vuelto por tus pasos para ser un desgraciado contumaz. Todo tu dolor lo vuelves baladas, rancheras, rock, para intentar olvidar, pero a ciencia cierta lo que más quieres es agarrar fuerza para ir a pedir canoa. Decirle: Nadia, mi amor, volvamos a estar como antes, pero mejor. No bebes para olvidar. Oyes, en cambio, canciones sobre el desamor y haces duplas y mientras oyes los discos te dices: mi vida amorosa, mi vida sexual necesitan más Motorhead y menos Rocío Durcal; más Depeche Mode y menos Daniel Santos; más Carpathian Forest y menos Camilo Sexto. Eres un escritor puertorriqueño. Qué esperas para valerte de las palabras. Ya comienzas a escribir una carta. 
Marzo 15 de 2003 
Nadia, mi amor. Voy al lugar interno de mi escritura en que todo se produce en grandes cantidades cuando el amor y la tristeza lo piden. Sin embargo, siempre he perseguido lo concreto como otros, lo breve y sustancioso en prosa y en acción. Y puedo decir que mientras tenga tiempo libre en mis labores voy a seguir escribiéndote cosas, porque desde que te conozco así esté hablando y escribiendo de otras cosas ajenas a ti, lo he hecho para ti. Cuando no escribo para ti, escribo para ti de todas formas. Cuando le hablo a los demás es para que me oigas, así no estés presente. Voy detrás de ti con la esperanza ida. Es lamentable querer y no ser querido. No espero muchas cosas después de esta vida, espero no siga nada. Me importa esta vida más que la que dicen que sigue, pues en la de ahora estás tú. Se me antojan días digeribles, sin importancia, los de ahora sin ti. Y uno puede hablar del amor, del dolor, de gotas saladas, de penas por años, pero sabe en palabras y acción que la historia de un amor no es la historia del fornicio entre una pareja, sino de la ternura que dos se dieron o negaron con intermitencias. No quiero que nos dejemos ya más. Hay que seguir siempre juntos. Te puedo decir mentiras bellas ahora mismo: te voy echar de menos las tres próximas vidas. Falso. Nadie sabe cómo es la vida futura, o si son varias o qué. Falso porque nadie sabe, pero haría eso por ti. Eres el móvil de mis más dolorosas pasiones porque te quiero tener en vida. Lo has conseguido: has escrito la carta. 

Es un texto hermoso, cursi y sincero frente a tus ojos y tu corazón roto. Esperas que sea efectivo para poderte deshacer del bloqueo de escritura que la falta de Nadia te ha causado. La carta es la prueba de lo mucho que la necesitas en tu vida, pero también es la prueba reina de tu sequía creativa. Es el único texto que has hecho desde que la dejaste. Carlos, maldita sea, te estás volviendo loco sin ella. Te va tocar como a Ray Loriga quien escribió Ya solo habla de amor cuando lo dejó Christina Rosenvinge, la mismita rubia bomba de la banda Christina y los subterráneos: escribir una novela sobre el desamor para curártelo y no echar a perder tu carrera literaria. Te quedas. 

@jppescribe

Del barco al orco

Sobre Travesías (novela) de Jonathan Alexander España Eraso.

 Por Juan Pablo Plata.

 Al inicio Travesías parece una ficción dispuesta para tratar sobre el mundo de los pescadores y mercantes. El lenguaje inaugural discurre preciso y elástico sobre las partes, direcciones, lugares e instrumentos conocidos por quienes navegan en la barcaza El Haroldo frente al océano Pacífico, yendo y viniendo desde y para el agua dulce. Con todo, los sucesos resultan ser el desalmamiento ejecutado sobre las fisonomías de los vivos y los terrenos entre los que transcurre la historia. 

Si ``travesía´´ es ir de un lugar a otro, también lo es el aire recto disparado contra un litoral y también nombra un área desértica. Esta travesía son todas las travesías referidas antes que connota la lengua española. El viaje aquí es de lo habitual a lo aparente, de lo acuoso a lo adusto, de la muerte a lo raro e inescrutable, porque un muchacho y un perro malogrado han ido de la vigilia laboriosa hacia un mundo donde las figuras monstruosas y el múltiple Simurg depuran el mundo de todo aquello que es ajeno a su virulento mundo. Varias mitologías y sortilegios occidentales y orientales marchan recreados por la imaginación del autor de Travesías, quien compone párrafos y frases al abrigo de la necesidad expresiva y la ligazón inusual del idioma, causando en el lector la impresión estar inmerso en una historia originada por la diestra marginalia, nada secundaria, hecha a un grimorio que enrarece todo cuanto explica. Jonathan Alexander España Eraso, alias Juan Páramo, ha escrito un laberinto donde las transmigración de los seres y las cosas nos llevan desde un barco raso a un orco elaborado. En Travesías todo va tan claro por ir cifrado.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Mis lecturas preferidas de 2013

Por Juan Pablo Plata.

1 El ángel esmeralda. Don Delillo. Un libro de cuentos “imprescindible” e “imperdible” como dicen todos los periodistas colombianos. Todos. El cuento Medianoche en Dostoievski (Para mí el mejor) trata sobre el extrañamiento de dos jóvenes norteamericanos frente a un supuesto anciano expatriado que se pasea por su vecindario con un extraño abrigo mientras el invierno arrecia.

 2 Ya solo habla de amor. Ray Loriga. Ficción lenitiva para hombres pasando el trance del desamor. No quiero decir que sea autoayuda. Eso nunca. Loriga la escribió cuando se separó de Christina Rosenvinge.

3 Aire de Dylan. Enrique Vila-Matas. El más reciente libro del gran autor barcelonés. Una novela sobra la imposibilidad de dejar de escribir, sobre el trabajo y el ocio y el dulce arte de ver pasar la nubes y no buscarles parecido.

 4 Ximénez. Andrés Ospina. La mejor novela publicada en Colombia en 2013 basada en la vida del periodista José Joaquín Jiménez, quien sabía más palabras que imprescindible e imperdible.

5 Life. Keith Richards. Autobiografía poco condescendiente del guitarrista de The Rolling Stones.

6 Razones para destruir una ciudad. Humberto Ballesteros. Ver esta reseña http://www.kienyke.com/kien-bloguea/resena-razones-para-destruir-una-ciudad/

7 Fiesta. Ernest Hemingway. Novela sobre viajes, toreo y juerga. Deja un sabor agrio sobre el periodo de entreguerras. Brett, el personaje, es una desgraciada adorable.

8 Los estratos. Juan Cárdenas. La nueva novela del escritor colombiano que se comerá a todos los demás en el futuro. Busque usted lector los libros pasados cuando firmaba como Juan Sebastián Cárdenas.

9 Barrio hereje. Gabriel Pabón Villamizar. Un inventario de las sectas religiosas y los fementidos mesías en los barrios de Bogotá.

10 Poesía vertical. Roberto Juarroz. Una antología con más y hermosos versos que los cacareados “A veces me parece que estamos en el centro de la fiesta … ”

sábado, 5 de octubre de 2013

Reseña: El olvido que seremos.


El olvido que seremos
Héctor Abad Faciolince
Bogota: Planeta, 2009, 274 p. 20ª edición.

Por Juan Pablo Plata

Elogiado por grandes figuras como el peruano Mario Vargas Llosa y los españoles Rosa Montero, Fernando Savater y Enrique Vila-Matas, este libro híbrido entre ficción y no ficción, entre novela y memorias, no cae en la hagiografía ni en la mejora de la historia del padre, antes bien, con llaneza en el lenguaje, sin dejar de ser poético, la voz narrativa y el autor nos cuentan su historia mínima con pequeños brotes emotivos que permiten ver los defectos y virtudes de los otros, esto es, del médico y profesor universitario Héctor Abad Gómez (autor de Manual de tolerancia), caído de manera violenta por manos de los paramilitares el 25 de agosto de 1987.

Es una historia que ha probado ser a su antojo la historia colombiana condensada en una familia y en la vida del progenitor del columnista y asesor editorial del diario El Espectador, el señor Héctor Abad Faciolince. La historia también ha llegado a ser universal como lo prueba su edición en muchas lenguas y la acogida crítica, además de la premiación por sus méritos artísticos y contenido humanista, como ocurrió recientemente con el Premio Casa de América Latina en Portugal de 2010. Así pues, la consigna de León Tolstoi de “pinta tu aldea y pintarás el mundo” es efectiva. Hermanos del libro son La flor de la esperanza (remembranza de una madre, Gloria Lara, secuestrada y asesinada por un incipiente y oscuro grupo de izquierda) de Luz Echeverri y Lara (sobre el asesinato del combativo Ministro de Justicia huilense, Rodrigo Lara Bonilla, asesinado por grupos del narcotráfico) de Nahum Montt (Alfaguara).

Habría que decir sin afectaciones: El olvido que seremos es el repaso por la vida de una familia de clase media, pero sobre todo, de la vida de un hombre que fue asesinando, como muchos más, por vivir por nobles ideales como la realización práctica de los Derechos Humanos, la masificación de buenas condiciones sanitarias y por ende la salud y la igualdad y por desvivirse por terceros; por hablar por los que no tienen voz y pedir mejores condiciones de salubridad y justicia social, en vez de perseguir una vida llana, voluptuosa, sin protestas ni tomas de partido por nada. Es la vida de un hombre contradictorio, de ideas de izquierda que vivía, tal vez, sin saberlo, bajo un accionar utilitarista en el mejor sentido la palabra otorgado por Jeremy Bentham: repartiendo la mayor cantidad de felicidad entre la mayor cantidad de personas posibles. Pasan por la historia: un arzobispo, una monja, el expresiente Álvaro Uribe Vélez, la Medellín de las décadas comprendidas entre 1960 y 1980; una hija y hermana, Marta Cecilia Abad, quien murió de cáncer y es también rescatada de la preterición causada por el tiempo, junto a unos poemas hasta ahora inéditos de Jorges Luis Borges, de donde sale el título del libro que nos atañe.

Un libro con una clara invitación a ganarle las múltiples batallas al olvido de nuestra historia local para así ganarle la guerra a la guerra y de verdad tener paz y mucha tolerancia. Hace rato no decían tanto las palabras

viernes, 30 de agosto de 2013

Apostillas sobre el CD interactivo Diez años de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea (RLMC). 1995 – 2005. Revistas 1-25.


(RLMC es publicada y edita por el Departamento de Lengua y Lingüística de The University of Texas at El Paso (E.U.), y Ediciones y Gráficos Eón S.A. de C.V. (México)

Por Juan Pablo Plata.


La recepción de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea (RLCM de ahora en adelante en este texto y No. frente al número respectivo sobre el que se alude) por parte la comunidad literaria y un poco de su espectro de influencia e historia son los temas que se tratarán  a continuación. Nuestro punto de referencia es la antología digital en CD hecha con motivo de los diez años de existencia de la revista.  Formato adecuado con el ritmo de los tiempos y los avances tecnológicos para hacer un sucinto pero merecido reconocimiento del uso práctico del magazine impreso durante los dos lustros que abarca la recopilación.

Para comenzar, hay que mencionar que la publicación está ligada de manera invariable con el Congreso de Literatura Mexicana Contemporánea celebrado desde 1996 en el campus de la Universidad de Texas en El Paso, del cual ya se han llevado a cabo dieciocho versiones.  En el segundo número de la revista está disponible la presentación por parte de Richard Ford del primer congreso como la derivación y complemento necesario que debía tener la publicación.  Los pioneros en la gestación de la revista y el congreso fueron Alberto Blanco, Samuel Schmidt, Saúl Ibargoyen y los directores vigentes.
En la actualidad el congreso y la revista han comenzado a presentar un fenómeno- Según palabras de Luis Arturo Ramos, uno de sus directores- en que los estudiantes de los primeros asistentes y autores publicados en la revista, es decir, sus nietos académicos, publican en RLMC y asisten ahora a oír y a leer ponencias en un evento que ensancha cada vez más su espectro temático y de autores dentro de las letras mexicanas y entre los interesados que atienden de diversas academias provenientes de los diferentes continentes.

La revista comenzó a ser editada en el otoño 1995 y continúa hasta la fecha en que esto se escribe, en el segundo semestre de 2013.  Ahora, esta primera revista, hecha en 1995 no se puede considerar como un número de prueba, pues ya desde entonces se desplegaba su línea editorial recia y abarcadora entre sus páginas con ensayos como El nuevo cuento mexicano: señas de identidad, por Alfredo Pavón, en  él se hace arqueo de la producción de ficciones cortas entre 1960-1995 y un inventario de autores y cuentos, comentando la variedad de registros disponibles que encuentran el denominador común en lo tradicional, que no costumbrista, (Alfonso Reyes, José Martínez Sotomayor, Rosario Castellanos y Elena Garro) como un ejemplo a secundar, pero también  la innovación en el relato como un incentivo (Como lo hicieron los miembros del Movimiento de la Onda y María Luisa Puga, Margo Glantz, José Agustín y otros más.) Pavón señala también la prolongación y la quiebra con temas y estructuras narrativas de los más coetáneos, en cuentos cuyos temas pasan por la parodia, la crítica social, además de variantes regionales e idiomáticas  dentro del país.


En Son vacas, somos puercos, contenido también del primer número, Mario Muñoz comenta la bibliografía existente para entonces de Carme Boullosa y expone la eclosión masiva y decisiva de la escritura por parte de las mujeres en la década de 1980, sin dejar de decir que antes hubo ya literatura de esta extracción, pero rubrica que la consolidación se dio en esa década (Con Ana Clavel, Guadalupe Loaeza, Ángeles Mastretta, entre otras, además de Laura Esquivel, autora de la emblemática novela Como agua para chocolate y la particular recreación histórica en Malinche, en su más reciente obra de ficción que data de 2006). Así las cosas, vemos que en un ensayo orientado hacia fines precisos, el lector de entonces y de ahora puede inferir y rebatir incertidumbres o crear nuevas sobre la escritura mexicana femenina u otros temas secundarios dentro de los textos entre los que sea ha hecho un análisis imparcial de las letras mexicanas desde una postura e intervención exclusiva, porque esa mínima distancia geográfica desde la que RLMC tiene su centro de operaciones en El Paso, Texas, es una de sus virtudes, pues le ha permitido ver la literatura de la nación al sur de los Estados Unidos sin mengua con la busca de la verdad, el compromiso intelectual y humanista, sin tener por esto mismo sesgos o privilegios con cenáculos, regiones, ideologías, movimientos literarios, cuerdas editoriales o institucionales como banderas para entender y leer una sociedad como la mexicana y latinoamericana por extensión. Decíamos arriba que se da un análisis crítico de las publicaciones literarias en los diversos géneros que estudia la RLMC entre lapsos bimestrales como lo es la periodicidad regular de la revista,  además de otros lapsos según la conveniencia y la necesidad de cada estudio por parte de los académicos. Este examen de textos pasa con el tiempo a ser el insumo de una análisis sintético y diacrónico de lo ya dicho antes, es decir, de revaluación y resumen de lo antes consignado en las páginas de RLMC. Así pues, la revista dialoga con sí misma, pues los autores que aparecen en sus páginas reflexionan sobre textos pasados y algunos regresan a publicar en sus páginas con cierta asiduidad como el caso de Federico Patán, Tita Valencia, Concepción Bados Ciria o Miguel G. Rodríguez Lozano, por citar tres ejemplos entre los más asiduos y prolíficos colaboradores. Es RLMC una revista con la que libros, académicos y otros magazines seriados departen en pos de una meta común, esto es, ejerciendo universitas, siempre con sed de conocimiento.

En un texto de la Revista de Literatura Mexicana (Vol. 7. No. 1. 1996. p. 258 - 260) Jesús Gómez Morán -Filólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, a la que pertenece la revista- celebraba el surgimiento de la RLCM en los siguientes términos: Como el hoyo del remolino o el ojo del huracán, las actitudes centralistas generan un movimiento que se reproduce inexorable, dirección obsesiva que dentro de la idiosincrasia mexicana da la impresión de estar indagando, o más bien revolviendo el perímetro del ombligo en busca de la luz del origen, el punto donde se perdió la unidad primigenia. Querer sesgar su dinámica representa una tarea harto difícil y delicada. Por ello, cuando encontramos una tentativa o incluso un logro concreto que la desvirtúe, más que de alegría, la actitud que debiésemos asumir es la de respaldar y difundir tal empresa.
A manera de glosa de las frases de bienvenida de Morán a RLMC que ya rondan diecisiete años, decimos ahora que la RLMC ha contribuido a un apertura de  la atención de la crítica y la lectura que se hace de la literatura mexicana, pues ha exhibido sucesos, obras y personajes fuera del centro del poder y la cultura dictada desde la capital: México D.F.

Difícilmente en otra publicación alguien podrá encontrar iluminados tantos autores, libros y académicos incluso de otros idiomas y latitudes como en RLMC.  Una revista que ha dado voz a temas y voces deslindadas del centralismo y de lo predecible que se cubre en los medios de comunicación. Porque la literatura mexicana es Rulfo, Paz, Sabines, Arreola, Fuentes, Bellatin, pero es también mucho más.
Aquí van un par de menciones sobre este saludable fenómeno: Ricardo Aguilar Melantzón maestro y amigo (No. 24), quien es autor de la novela Madreselvas en flor, además de un académico muy querido y forjado entre El Paso y Ciudad Juárez; el veracruzano Rafael Antuñez (La isla de madera o la reescritura del diluvio No. 7), quien no se debe confundir con su homónimo, el poeta Rafael Antuñez Arce de Córdoba, España; Memoria de las estaciones: José Carlos Becerra, en la revista No. 8 es un texto reivindicador del escritor colombiano Armando Romero sobre el poeta tabasqueño; Enrique Mijares Verdín (No. 12), sobre quien María Rosa Fiscal reflexiona acerca de las cualidades ensayísticas presentes en sus obras de teatro. Mijares, cabe recordarlo, fue el conferencista estrella del  XVII Congreso de Literatura de 2012, con El teatro posdramático y las estructuras hipertextuales en la dramaturgia de la frontera norte de México.
En fin, son una lista inmensa de personas y publicaciones a las que la revista ha dado y dará cabida en el futuro: a todos los que traten con su tema –las letras mexicanas- sin exclusiones.

Ahora bien, la inconmensurable producción editorial y académica de una país bien merece ser leída e inquirida por una revista fuera de los lindes de lo que en términos territoriales se conoce como los Estados Unidos Mexicanos. Pero si preguntamos dónde acaba uno u otro país, tenemos que una nación ni su cultura se agota en la historia nacional ni en las tradiciones culinarias o en los colores de un pabellón nacional  y un escudo, sino que todo ello y la idiosincrasia del ser mexicano se extienden a una forma de la condición humana que es plural y semejante a otros caracteres, pero que no se puede reducir en estereotipos ni en cuestiones étnicas o limitar por marcas en mapas, sino  que hay que buscar el combate inteligente contra esto, pues el ser mexicano y el ser literario mexicano ha sido rastreado por la RLMC en la vastedad del tiempo de su existencia con el ánimo de no dar por sentadas las certezas más antiguas ni las más recientes. Por ejemplo, la revista ha tratado sin merma de interés la literatura y los autores chicanos, por encontrarlos como parte de México, así no suene esto del todo bien en ciertos círculos de estudios socioculturales y que no decir ya de los literarios. Sirvan de muestra los ensayos: `Mechicanos´ al borde del camino en el valiente nuevo mundo de Carlos Monsiváis, de la distinguida Linda Egan (No. 3);  Cuando 'tan lejos de Dios' se dice en inglés de Tita Valencia (No. 4), manifiesta sin empacho alguno una elaboración discursiva sobre la novela So far from god de Ana Castillo,  escrita además en inglés, pero que trata de manera diametral y nada tangencial lo mexicano por medio de la saga de una viuda y sus dos hijas chicanas, en medio de una trama con tintes o raíces indigenistas y personajes un tanto predecibles como una curandera y una activista radical universitaria.

Ahora, hay mucho más en el perfil editorial de RLMC además del pensamiento crítico y el juicio de autores y obras, como dice uno de sus lemas: ´´Su objetivo esencial es coadyuvar en la promoción, la difusión y estudió analítico de la literatura mexicana producida a partir de 1968´´.
Ese mucho más ha estado en la incorporación en la sección Tianguis de juiciosas entrevistas a Sergio Pitol, Daniel Sada, Ángeles Mastretta, Elena Poniatowska, Alberto Chimal, David Huerta, Rosamaría Roffiel, Alberto Forcada, Cristina Rivera Garza, Eduardo Lizalde  y textos de narrativa de ficción y poesía en veinticuatro de sus veinticinco números hasta 2005 en la representativa sección La Tribu de la Casa. En la sección Tianguis también se encuentran, de vez en cuando, ensayos o textos de  no ficción sobre el arte literario u otros asuntos culturales, pero de mayor extensión a los que se condensan en la primera sección de la revista denominada Hecho en México, en que también se revisa el acontecer editorial con algunas subsecciones dedicadas, con profusión, a veces, a estudios monográficos de autor o temáticos como con Juan José Arreola en Vol. 9 No. 18. Enero – Marzo de 2003. En otros volúmenes y números se forman por azar o arreglo de los editores, varias páginas contiguas alrededor de un solo tema como la política, la literatura del norte o la novela histórica, pero todo esto depende de las colaboraciones que hayan recibido los editores y lo que estos hayan escogido con su buen juicio y el apoyo del consejo editorial.
La fecha de 1968 no es una camisa de fuerza, sino una guía del énfasis que no la totalidad del contenido de la revista. En 1968 ocurrió a la par el germen del movimiento de contracultura en el hemisferio occidental y la desafortunada Masacre de Tlatelolco. La fecha y el nombre de la revista son unas señales sobre el contenido de la revista pero no quiere decir esto que no se encuentren en textos alusiones sobre un periodo previo (Sea este muy posterior como el prehispánico, decimonónico, la insoslayable Revolución Mexicana, o etapas tan inmediatas a una o varias décadas atrás) o que la palabra mexicana evite que haya prosa y ensayos sobre los diversos intercambios e influencias recibidas y generadas por la literatura mexicana en su época moderna, para seguir con el desglose y justa interpretación del título de la publicación. Textos de este talante son Confesiones de Álvaro Mutis a Elena Poniatowska, por Eduardo Guizar (No. 22) ; Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes, por Amelia Barili (No. 24) ; El pensamiento de Carl Gustav Jung en algunas obras de Ignacio Solares,  por Rosa María Farfán (No. 19); y Juan García Ponce y Robert Musil: las afinidades de elección, por Gerardo Álvarez (No. 24), un texto en que se traza una conexión inédita entre uno de los amanuense más leídos y célebres  de la denominada Generación de la Ruptura y el autor de la novela Un hombre si atributos.

La revista  también ha tenido la sección de Bibliografía Anotada, elaborada a veces por los dos reconocidos directores de la revista Fernando García Nuñez y Luis Arturo Ramos y por otros académicos como Jacobo Sefaní, Ana Lucia Trevisani, Gabriela de Beer, Miguel Ángel Zapata, Concepción Bardo Ciria, Silvia Aguilar, Minerva Margarita Villareal, entre otros. Esta coda de la revista es una más concisa reseña de varias publicaciones literarias y teórico-críticas, sin menoscabo de la calidad, pero en este caso en manos de un solo autor.
Finalmente, un rasgo más de la faz de esta compilación de diez años de RLMC ha estado en la inclusión en el disco de los dossiers de textos críticos elaborados con exclusividad por profesores y estudiantes de cinco universidades: RLMC Vol. 9. No. 19. Abril – Junio 2003, por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; Vol. 9. No. 21. Octubre – diciembre 2003, por la Universidad Michoacana San Nicolás de Hidalgo; Vol. 10. No. 22. Enero – Abril 2004, por la Universidad Autónoma del Estado de México; Vol. 10. No. 23. Mayo – Agosto 2004, por la Universidad Autónoma de Chihuahua y Vol. 10. No. 24. Septiembre – Diciembre 2004, por el Tecnológico de Monterrey.

Entre los fines de agrupar este esfuerzo de 10 años en un disco compacto estuvo el de poner a mano de estudiosos e interesados de a pie el acervo crítico y creativo de RLMC, porque si en muchas ocasiones se dice que la crítica literaria permanece adocenada y perdida entre anaqueles, esta no ha sido la suerte de la publicación hecha por el departamento de lingüística  y español de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) y editorial EON, con el oficio de los diversos miembros de un consejo editorial adjunto y otro temporal que es integrado por alumnos del programa de Español y Lingüística y por estudiantes del programa de Creación Literaria de UTEP.


RLMC es una revista indexada, es decir, puesta en los catálogos y disponible para su consulta en The Modern Humanities Research Association(MLA), DIALNET  y Hispanic American Periodicals Index (HAPI), entre otros.

Antes de pasar a revisar la influencia y algunos casos de textos emblemáticos que vieron su luz en RLMC, convine que hagamos una somera descripción de este disco compilatorio en cuanto a sus cualidades tecnológicas y la disposición en su interface del contenido que hemos venido describiendo. Para comenzar, hay que celebrar su usabilidad abierta a la compatibilidad con computadores y sistemas operativos de las marcas Windows y Apple. Una vez insertado el CD en un computador, este solo requiere la instalación del programa Shockwave Flash por el que corre su plataforma. Este programa viene integrado en el CD y es fácil de activar para poder acceder al menú principal, por medio de la carpeta y los íconos llamados Install Flash y menu.swf, respectivamente. Una vez en la plataforma el menú principal ofrece, con botones y enlaces, las muchas formas de acceder e indagar el contenido. La revista puede ser vista en su totalidad en sus números completos con todo el índice de cada edición, tal cual salió en el numero impreso. Se puede buscar por autores de los textos críticos o bien por los autores sobre los que estos textos tratan, además de una subdivisión en menús por temas, generos literarios y secciones de las revistas. Cada texto va escaneado con ORC (Optical Reconigtion Character)  lo que permite búsquedas internas dentro de los documentos. Lo único que se echa de menos en el disco es que se puedan hacer búsquedas masivas con palabras clave entre todos los números de la revista. En la actualidad ya se prepara un proyecto para recopilar los números hechos con posteridad a 2005.

Ahora sí, para entrar en materia en cuanto a la repercusión y lecturabilidad de la revista, hay que reconocer que RLMC es y ha sido leída y muchos de sus textos han tomado el porte de canónicos y  que son reiteradas veces citados en otras revistas y libros. La RLMC es un recurso que todos los investigadores e interesados en la literatura mexicana no pueden evadir para formarse una imagen más o menos completa de su infatigable figura proteica.

En el ensayo de Alberto Julián Pérez, José Emilio Pacheco: una poética para el fin de siglo, No. 7,  el poeta tratado es equiparado con el peruano Germán Belli y el chileno Nicanor Parra, en la media en que él y ellos regeneraron los temas y las formas acartonadas de la poesía, al introducir el humor, lo metaliterario y lo cotidiano como temas que permiten profundidad metafísica y humana. Este ensayo se ha convertido con el paso del tiempo en un texto inevitable a la hora de hablar y estudiar a Pacheco por su perspectiva original. El texto sale en muchas páginas como en José Emilio Pacheco: Perspectivas, editado por Pol Popovic Karic y Fidel Chávez Pérez (Ed. XXI); en La poesía en la literatura española y latinoamericana de Garcilaso de la Vega a José Emilio Pacheco, en Pliegos de Ensayo, Volumen 198, escrito por Daniel Torres, desde la Universidad de California; en Contraelegía, del Volumen 42  de la Biblioteca de América, editado por la Universidad de Salamanca, en que se recopila la obra del chilango hasta 2009.

Un autor como Oscar de la Borbolla aparece registrado en el No. 3 de Septiembre de 1996 en un reseña que le hace a  su libro El amor es de clases el escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño. Ese libro lleva el cuento El paraguas de Wittgenstein, un clásico latinoamericano, siempre presente en antologías. Pero lo significativo de la reseña es que reclama la atención para un autor que recién hacía su aparición en la comunidad literaria y que hoy tiene ya un nicho y lectores fieles. Todo gracias al potente parlante que son las publicaciones críticas como RLMC y las mismas obras que por su calidad llegan al voz a voz que es el mejor de los medios.

La RLMC aparece un centenar de veces citada en el Diccionario de escritores mexicanos, siglo XX. Desde las generaciones del Ateneo y novelistas de la Revolución hasta nuestros días. Volumen editado por Aurora M. Ocampo para la Universidad Nacional Autónoma de México en 2007. Otras tantas menciones ha tenido John Kirius y su ensayo Enrique Krauze: Textos heréticos en el número (No.2).  Editor por lo demás de la selección El ensayo hispanoamericano del siglo XX , para el Fondo de Cultura Económica en 1981.

En resumen, tenemos una revista generosa y de puertas abiertas a académicos principiantes o consagrados, pero siempre rigurosos, que quieran probar su suerte enviando sus colaboraciones.
Como se ve en estas breves apostillas, la revista ha servido para la elaboración de otro tipo de textos académicos descentralizados del D. F. y sobre otros ámbitos editoriales. Muchos son los que usan la RLMC como una publicación vigorosa, proba, que presenta la variedad de opiniones disponibles entre las colaboraciones que recibe, sin tomar partido por el juicio favorable o contrario que haya recibido un libro en estos mismos textos. Lo que cuenta en últimas es la valía propia del texto que revisa otros textos literarios o que en muchas ocasiones hace crítica sobre la crítica. La RLMC ha sido hasta ahora una apuesta por la descongestión intelectual y el desconcierto en pos de un nuevo orden en el estudio de la literatura mexicana. ¡Adelante!


miércoles, 29 de mayo de 2013

Rio Grande Review

 



Digital Edition – Online supplement of the Double Fall 2012- Spring 2013 Issues.


DOSSIER

Edited by Scott Rettberg, Leonardo Flores and Juan Pablo Plata.

 
(Bilingual)
By Juan Pablo Plata



By Scott Rettberg


By Leonardo Flores


Doc
By Leonardo Flores







miércoles, 15 de mayo de 2013

Reseña del libro ‘Razones para destruir una ciudad’, de Humberto Ballesteros. Editorial Alfaguara.


Por Juan Pablo Plata
De un viaje real de Humberto brotó la novela. Sirva el apunte para explicar que la recreación de Venecia, la ciudad real y la imaginaria de Natalia, la protagonista, fue ayudada por la presencia física en la ciudad y el conocimiento de la lengua italiana, además del afecto especial por la cultura de ese país, porque los antepasados del autor provienen de allá. Con todo, no la tuvo fácil con una obra en una segunda persona esquizoide, femenina, tierna y peligrosamente imaginativa. El peligro corre por cuenta de la lectura y  creación de literatura; dos de las formas más perversas y fáciles de evasión. La literatura, ya lo dijeron otros, es una droga durísima.
Es así que Natalia coincide con Humberto en la creación de un mundo alterno por medio de la ficción, pero ella le supera pues construye una maqueta de Venecia y muchos cuentos sobre sus habitantes. Ella ida acaba por figurarse reales sus invenciones. Hace todo aquello para guarecerse del mundo mientras destruye o ve desaparecer las posibilidades de conectarse con otros, amar y vivir de verdad tal vez.
¿Aleja la literatura de la vida? ¿No está insertada acaso la literatura en la vida misma y viceversa? ¿No son la muerte y dormir –posible práctica de lo que será la primera– las únicas evasiones posibles de la realidad y lo demás son cuentos?
Esta novela se puede leer en clave autorreflexiva sobre el oficio de escribir, dibujar, etc., pero también sobre la sorpresa de estar vivos y tener el poder de hacer y destruir en libertad. Llevando a la cima el aserto, hay que decir que Razones para destruir una ciudad es entre otras cosas epistemología sobre la creación de realidades y ficciones – ¿No se convierten las segundas en las primeras? ¿Se cumplen a ratos nuestros sueños y pesadillas? ¿Habita la realidad nuestras mentes o es al revés? ¿Cuál genera la otra?
Todo es muy sugerente hacia grandes pensamientos en una novela que desde la superficie parece vérselas solo con una saga familiar centrada sobre todo en las mujeres. La cubierta e ilustraciones monocromas interiores hechas por José Antonio Suárez Londoño acompañan muy bien la novela. Es un libro con una estructura y un uso del lenguaje de filigrana demasiado entretenido y enganchador. Gracias Humberto por mentir la realidad.